Que quede claro…


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Me sacaron de unas amorosas entrañas y me depositaron sobre una tierra dorada por el sol. Gentes del color de la aceituna se acercaban a mi cuna, y la saliva que su boca segregaba al ver a un niño pequeño, apaciguaba la sequía eterna de aquella tierra.

Ahora pretenden desgajar lo que nos unía porque la bulería, el fandango, el quejío y el cante jondo no tienen cabida en el ritmo monótomo de una sardana. El cordón umbilical que me unía a mi madre fue cortado para que yo fuera otro ser, otra creatura, otra imágen y otra vida; pero los lazos que me unían a ella, y los que me unen, no hay idioma ni cultura que pueda romperlos. El amor es tan fuerte como la muerte. Después se abrieron las mismas entrañas para seguir dando vida, más vida, otras cuatro vidas. Unidas por una misma procedencia, un mismo beso, un mismo gesto de entrega en el amor.

¿Y tú quién eres para poner barreras a esta unidad?

Te odio, sí te odio; porque pretendes romper mi España. Porque maldices el lugar donde mi madre abrió para mí y mis hermanos sus entrañas.

(Antonio Delgado Chamorro, un amigo)

Eso, ¿quién eres tú para poner barreras?

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Teaser (otro más)


Máel Muire ayudó al viejo a sentarse en el camastro y le lavó las manos sucias con el agua de su cantimplora. Pocos ermitaños vivían tan alejados de alguna iglesia que no pudieran recibir socorro espiritual o físico de sus hermanos, les recordó mientras lo hacía. ¿Dónde se encontraba la iglesia de la que dependía el eremita? ¿O es que no era más que un lunático extraviado?

El viejo sacudió la cabeza casi desprovista de pelo y balbució que sus hermanos vivían en Cill Faddán, al otro lado de las montañas. Mientras que el nombre del sitio despertaba una brizna de cordura en el anciano, a ellos les avivó el interés.

—¿Tan cerca nos encontramos de Cill Faddán? Pero, ¿qué lago es este? ¿No es el Bófin, padre? —preguntó Máel Muire.

Aedh y Baethán comprendieron que, de ser verdad lo que decía el viejo, estaban más cerca de lo que creían del monasterio de Tegh Lachtín, habían dado vueltas y caminado en círculo, ¡los extraviados eran ellos!

Máel Muire insistió en sus preguntas acerca del sitio donde estaban, pero lo que obtenía del viejecillo era lo que le parecieron delirios.

—La iglesia de Faddán pertenecía a los Hijos de Nathí. Está en la esquina de los Uí Cremthainn con el Síl Gabhra, unos al sur, otros al norte. Este se llama lago Punta, Loch Rinn, por la punta de la lanza que tiró Balor Mal-Ojo contra Lug, que no acertó en el blanco y cayó al agua…

A Aedh le llamó la atención la soltura del viejo con los nombres y las leyendas de las tribus. ¿No habría sido filid antes de abrazar la vida eremítica? Preguntó en voz alta.

El viejecillo meneó el cuerpo, como si bailara.

—Sí, sí… yo era poeta doméstico al servicio del señor de Luaine. ¡Nadie conoce mejor que yo las tradiciones de los que habitan este Quinto! De los nuevos y de los antiguos, ¡las historias de los dioses y de los no dioses!

En sus ojos se encendió una chispa instantánea de alegría que enseguida se apagó en la demencia.

El muchacho bufó. Su padre, contaba que el ollamh del señor de Luaine, uno de los tres poetas más grandes y sabios de Connacht, enloqueció a causa de un golpe que recibió durante una asamblea y perdió la capacidad de componer poemas. Sus colegas, apenados por su desgracia, acordaron intentar que se recuperara dándole un bebedizo y haciéndole dormir en un lecho de piedra. Pero cuando volvieron a buscarle a la mañana siguiente, no encontraron en el lecho nada más que su capa. Uno de aquellos tres sabios, propagó el rumor de que se le había visto correr como un corzo en dirección a los bosques del territorio de los Meic Nathí.

—¡Pero de eso debe hacer lo menos cincuenta años, pues mi padre lo contaba como algo sucedido mucho antes de que él naciera! ¿Se trataría del mismo viejo?

Novela fuera del horno (enfriando)


Bueno, amiguitos: mi novela, definitivamente terminada, corregida y cocida, ha salido del horno para dirigirse a encima de la mesa (de un editor y de los lectores de un concurso) y aguardar el momento de servir e hincar el diente.

Es un proceso en el que el autor tiene poco control, salvo cruzar los dedos. Los concursos parecen “seguros” es decir: seguro que no ganas, pero quizá algún “ojeador” del equipo le echa la visual y… suena la flauta.

Las editoriales son otra cosa. Hay que esperar unas semanas, normalmente para recibir una carta educadísima rechazando el trabajo. Al menos esa es la experiencia de una… y de muchos otros, como todos sabemos.

Lo que sí que no resulta es andar llorando por las esquinas y mantener lo escrito en el frigorífico, o en el cajón del escritorio, o en un USB. Hay que sacarlo de la jaula, o morirse. Y si no funciona, pues qué le vamos a hacer y a escribir otra mejor.

En último término, está la auto/co/edición, que es como el seguro que no se rompe cuando el escalador da un traspiés y “vuela”. Darse de morros contra la pared sigue siendo una

posibilidad… Pero esa es la esperable, porque el público, es el público. El juicio final.

Creo que mi novela tiene muchos valores: yo soy su agüela (sí do mhamó í, sí do mhamó í) ¿qué voy a decir?

Mucho esfuerzo, buena documentación, ninguna fantasía bienintencionada que no esté en los Anales, ni en la Arqueología, ternura, romanticismo y aventura, pocas palabras difíciles de pronunciar, explicaciones contextuales y ninguna nota al pie de página. No hay un prólogo erudito ni un diccionario; habrá un mapa, cuando se edite y donde decidamos entre editor y yo… Y sí que hay mucha ilusión y trabajo por mi parte. Y dinero, por cierto, dinero excesivo para una jubilada… (pronunciar con tonillo Homer Simpson).

Bueno, y aquí lo dejo: mañana saldrá un último “teaser”, porque no quiero comprometerme a que digan que ha sido editada por medios electrónicos, aunque otros opinan que no pasa nada por servir aperitivos En enero saldrá el fallo del jurado del concurso. Y si hay que descorchar el champán, se descorcha.

Si no se descorcha, a lo largo del primer tercio del 2018 habrá noticias del cuervo volando por los aires. Porque lo que es EDITAR, se hará, por otro o por quien suscribe. 😄

¡Vaya que sí!

Antonio Rivero Taravillo: “En literatura, Irlanda no tiene parangón”


¡Menuda menuda entrevista y menuda foto! Ole, ole.

Entrevista al poeta, ensayista y traductor Antonio Rivero Taravillo que acaba de publicar por vez primera en español el primer diccionario (sentimental, agrega Mujerárbol) sobre Irlanda.

Origen: Antonio Rivero Taravillo: “En literatura, Irlanda no tiene parangón” | Cultura | Cuartopoder

Invenciones y realidad II


Algunos han preguntado si el mapa de Tethba que aparecía en la anterior entrada era el que iba a ir en el prólogo de la novela.

La respuesta es no, por eso agregué la fuente de donde está tomado (uno de esos olvidos míos). Solo es una ilustración del blog, y ha sido una de mis fuentes consultadas.

Reconstrucción del puente sobre el Shannon cerca de Clonmacnois. S. IX-X

Además, la geografía de la historia de “Un cuervo en la nieve” es casi inventada. Casi, porque lo narrado es ficción (aunque no imposible) ni es una guía de viajes, obviamente. Había que inventarse caminos, canales y puertos.

Lo que no se puede inventar es el hecho de que en la Irlanda de 1100 no existía ls misma concepción acerca de “territorios” y “fronteras” (éstas siempre deudoras de accidentes geográficos) que la que estamos acotumbrados en nuestra propia Historia. Los territorios llevaban nombres de gentes, como si dijéramos hoy que “ir a Granada” fuese “ir a los Nazaríes”, o que Asturias es “Los Vadinienses de arriba”. Seguir leyendo “Invenciones y realidad II”

Finguine y Donngus: iniciales decorativas en un manuscrito irlandés del s. IX


Un agradable paseo por las “sencillas” iniciales decoradas de un bonito manuscrito irlandés de la Biblioteca de San Gall, en Suiza.

Según el artículo, los autores tenían nombre (llevo hoy un día muy malo con los “monjes copistas” que al parecer eran memos y anónimos, en el imaginario popular). Se llamaban Finguin y Donngus, y trabajaron en Irlanda, no en Suiza. A mi me encanta la calidad picuda de parte del escrito (ej. primera ilustración de la serie), mientras que otras páginas son mas cuadradas.

¿A que sí os gusta? Leer el artículo entero en Irish Archaeology.

Origen: Decorated Initials from a 9th century Irish Manuscript | Irish Archaeology