Historia de amor y cuernos (2)


«Tejerina», una novilla «odar» de raza tudanca. (Foto: https://www.valledebedoya.com/Bedoya/vacas2/pages/Tejerina.htm).

Pulpos y más cuernos

Con este capítulo, llegamos a la segunda entrega de la serie de amor y cuernos que empezó en Junio.

El Táin Bó Cuailnge es la pieza literaria más famosa y extensa de las que se conservan, que son unas pocas… La redacción más antigua del Táin se encuentra en el Lebar na hUidre, el Libro de la Vaca Parda, datado a principios del s. XII.

El nombre del Lebar na hUidre hace referencia al color marrón grisáceo de una novilla como la de la foto, que es un ejemplar de vaca tudanca del Valle de Bedoya, en Cantabria. Los novillos tudancos suelen tener esa capa gris amarronada tan bonita, que pierden al alcanzar la madurez. Según la leyenda irlandesa, una maravillosa novilla de ese mismo color facilitó el vellum con el que se escribió todo el libro; según otros, solo se utilizó para las cubiertas del volumen. La res era propiedad del fundador del monasterio de Clonmacnois, San Ciarán, así que era milagrosa. La leche producida por el animal habría alimentado a toda la comunidad monástica primero y luego, su piel tuvo tan importante papel en la lengua, la narrativa y la literatura irlandesa…

Aunque en la Edad Media se usaba también piel de cabra o cordero (siempre que estuviese bien refinada y preparada para la escritura), el vellum es piel de ternero menor de cuatro años. Al contrario que la vitela, que se obtenía de animales nacidos muertos, el vellum era más áspero, pero mucho más barato y duradero para los escritos «de trabajo», vamos: los que no eran para ser exhibidos, como los maravillosos evangeliarios cuyo ejemplo es el Libro de Kells.

El Libro de la Vaca Parda (LU para abreviar) es una compilación, es decir un repertorio o agrupación de textos distintos en un solo volumen. Era el formato favorito de los escritorios monásticos irlandeses, pues ahorraban material, ya que muchos relatos eran largos, como es el caso del Táin. El otro «gran libro» de la Irlanda medieval, el Libro de Léinster, es también una compilación (2ª mitad del s. XII) y contiene, entre otros textos la segunda versión del Táin, aún más extensa que la primera.

Fragmento de «Dinda na Tána» o «Los lugares del Táin» (Cortesía RIA ms. 23 E 25).

LU se escribió a doble columna, lo cual indica el objetivo de ahorrar; además, asombra la planificación del escrito y el interés en que fuera un libro para consulta y salvaguarda en una biblioteca. Contiene textos de diversos temas: cuentos épicos de los Ciclos tradicionales (Ulster y Reyes); textos seudohistóricos y algún material religioso. Todo en lengua irlandesa, aunque existen palabras o frases en latín.

EL LU muestra la asombrosa la variedad de recursos que los escribas empleaban para que sus textos fueran legibles a la vez que «inventaban» cómo escribir en una lengua que no se había escrito en extenso hasta un par de siglos antes.

Ahí tenéis una imagen de parte de las dos columnas de uno de los episodios de apertura del Táin, una lista de nombres de lugar. Quizá os resultará reconocible la consonante «F» que encabeza cada línea: es la abreviatura de for (la preposición locativa «por/para» en irlandés, con sentido de dirección hacia) seguida del nombre del sitio por el que avanza la tropa.

Han pasado bastantes años desde que en 1912 el erudito R. I. Best publicase Notes on the script of Lebor na hUidre, donde identificó las manos o autores del manuscrito, aparte de la que se creía del escriba principal, Máel Muire mac Célechar, magister scriptorium de Clonmacnois. Tradicionalmente se les nombra A (Anónimo) y H (interpolador, porque escribió unas Homilías en el volumen) y M que es Máel Muire mac Célechar.

Un «interpolador» es quien escribe comentarios secundarios, o repasa, eliminándolo con una cuchilla, lo que ha escrito otro autor. En la 3ª línea del fragmento que veis hay una interpolación, que se aprecia por el color de la tinta y por la letra, que es diferente.

El problema es que ese H era… un pulpo. Y es que, gracias al desarrollo de la (micro)fotografía y de la investigación paleográfica sobre el texto, actualmente se cree que H puede ser la mano de seis personas diferentes, en distintos momentos históricos.

Una de ellas pudo ser la de Siagráid Ó Cuirnín, un erudito historiador del s. XIV que retocó partes del Táin y atribuyó el volumen entero a Mac Célechar en una famosa jaculatoria, incluida en un margen del libro. La parte buena es que H intervino poco en el Táin: algún comentario o palabra al margen o encima de los renglones de otros, poco más. Pero en otros textos de LU, el pulpo truhán llegó a raspar lo escrito anteriormente y a escribir encima sus propios comentarios. Esto se llama escribir in rasura, una clase de apaño demasiado obvio, que se hizo en todos los escritorios de Europa hasta la invención de la imprenta.

De todos modos, como el ejemplar de LU que poseemos está incompleto, pudiera ser que el original tuviera más autores todavía.

Otro de los misterios intrigantes del LU, aparte de «quiénes» lo escribieron y de cuáles fueron las fuentes de su contenido, es «quiénes» lo poseyeron a lo largo de su historia… ¡desde mediados del XII a finales del s. XIX! que fue cuando se entregó a la Real Academia Irlandesa, donde hoy se conserva.

Cuando llegó a la Academia, habia pasado no se sabe cuanto tiempo en una librería de viejo de Dublín, muerto de risa, incompleto (solo 67 hojas de vellum, de las alrededor de 100 que debía de tener) y con la paginación alterada.

Un recuerdo agridulce

Conste que las librerías de viejo de Dublín son toda una tradición decimonónica (actualmente atracción turística) que ha proporcionado varias sorpresas a la cultura irlandesa. El hecho de que la RIA recibiera el volumen incompleto y alterado espolea la investigación, que todavía sigue en curso (ver bibliografía final).

Gracias a la existencia de Anales, de noticias escritas directas y escritos indirectos, es posible seguir parte de la peripecia del Libro de la Vaca Parda, aunque queda mucho por saber. Lo que empieza a saberse, parece una novela de aventuras.

Por ejemplo, se sabe que antes de 1359 el volumen estaba en Donegal, en posesión del «doctor poeta» (ollamh) de los Ó Donnell. El volumen debió de dar unos cuantos tropezones por territorio de Connacht después del desmantelamiento de Clonmacnois y de la desaparición de la familia de Mac Célechar a finales del XII. Enseguida, empezó a estar asociado con los Uí Cléirigh, otra larga dinastía de doctores poetas y eruditos, laicos y monásticos.

En 1470 un Ó Donnell atacó y se llevó del castillo de Ó Conor de Sligo (Connacht) éste ejemplar y otro llamado «El Libro Corto», como rescate por el hijo de un «jefe poeta» de los Ó Donnell. Este señor, cuya familia estaba entonces en plena expansión, gracias a su potencia militar y a fructíferas relaciones comerciales con España, tenía como cronistas cortesanos a miembros de la familia Ó Cléirigh, que cambiaron su territorio de origen entre los Connachta por la casa de los señores de Donegal. Ejercieron allí como tales en los 200 años siguientes, hasta que las guerras del s. XVII empujaron a emigrar a los últimos de ellos a territorio español en Flandes.

Así que gracias a ellos, sabemos que la compilación fue entregada como rescate a cambio del hijo de un «Doctor en Poesía» de los Ó Donnell, que había sido capturado por el señor de Sligo.

No se sabe bien quién fue el rescatado, pero la tradición irlandesa dice que esta recuperación costó una cantidad exorbitante de ganado: se citan entre cien y ciento cincuenta vacas lecheras como precio del rescate.

Si esto no es una historia de cuernos, ya me diréis.


BIBLIOGRAFIA

Codices Hibernenses Eximii 1: Lebor na hUidre. AA.VV. English edition. Ed. Ruairí Ó hUiginn 2015 (e-edition: 2017).

Mono-micos


Estoy siguiendo un cursito de ilustración creativa por esos mundos virtuales de (algún) dios. Les dejo unos cuantos «monos».

Quiero probar cómo subir imágenes previamente editadas (quiero decir «aseadas») sin dar tantas vueltas como hago hasta ahora… La verdad es que gasto más tiempo subiendo las imágenes al foro del curso que haciendo los ejercicios. ¡Y eso me reconcommme!

Sin contar el tiempo que pierdes luego, borrando las pruebas de edición que no vas a necesitar. Mucha facilitación de «compartir» y luego resulta que las apps y sus dueños si no compartes como y por donde ellos te dicen que compartas, no puedes compartir, a menos que te vuelvas mico y jures en arameo (nephchomhtetharrachtae!!).

Deben existir en el mundo trillones de imágenes estúpidas (que no son sino copias hechas para editar, además de la copia definitiva) almacenadas en los telefoninos y las grrrtabletsgrrr… Y sin embargo ESA foto que quieres mostrar a todo quisque, no hay manera de compartirla si no das 14 vueltas.

¡Bueh! Va una galería pequeñita: pinchen en las afotitos.

Toros debajo del agua


Three trumpets from the Dowris hoard. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org   /w/index.php?curid=119817921

El hallazgo casual en el s. XIX de un tesoro arqueológico con una impresionante colección de instrumentos musicales, ha proporcionado bonitas sugerencias a los que nos entretenemos con la mitología «celta» de Irlanda, y a los interesados en la música antigua una honda fuente de investigación y de disfrute al probar la capacidad sonora de tales instrumentos.

El «tesoro de Dowris» procede de una turbera (¿de dónde si no?) que en su momento había sido una laguna, en la comarca más bien pantanosa de Birr (Condado de Offaly). Se supone que a lo largo del tiempo se produjo una deposición de objetos con intención ritual, pues aparecieron armas, instrumentos musicales, herramientas y recipientes, que se han datado en la Edad del Bronce final. Actualmente, el tesoro se encuentra repartido entre el Museo Nacional de Irlanda (Arqueológico, en Kildare St., Dublin 2) y en el Museo Británico. 

El tesoro constaba de hachas de bronce; cuchillos y navajas de trabajo con distintas formas; puntas de lanza y espadas; un caldero y unas sítulas o pequeños recipientes, y también nada menos que 74 instrumentos musicales de viento e idiófonos.

La mayor parte de estos instrumentos eran grandes sonajeros o cascabeles con forma de turmas de toro. En los artículos que estoy consultando en inglés los llaman «crótalos» (crotals) pero la RAE los definiría como cascabeles o sonajeros, pues se trata de idiófonos que suenan al ser sacudidos y no al ser chocados, como los crótalos, que funcionan como castañuelas.

Además de estos gruesos sonajeros había gran número de trompas o cornos metálicos, unos para soplar de lado y otros para hacerlo desde una boquilla (sin caña) al extremo.

Six crotal bells from the hoard in the British Museum. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=119817921

En el artículo de la Wiki sobre el particular se menciona a mi amada historia de amor y cuernos, el Táin Bó Cúailnge, que cada vez me parece más antiguo. No estoy tan segura que fuese una cosa de «fertilidad» lo que se celebrase arrojando a la charca turmas de toro individuales (aunque no es difícil suponer que se tañían de dos en dos… simplemente atándolos a la ropa de alguien que brincara y los hiciera sonar).

La parte final de Táin, con un combate entre los dos toros que «renueva el mundo» y le da nombre de partes del cuerpo de un toro, me sugiere que esa historia viene de muuuucho antes de que «celtas» llegaran a Irlanda, con su lengua y todo, y que monjes posteriores (con su cálamo, su latín y todo), escribieran el cuento.

Porque el Arte a veces sugiere más cosas que la Arqueología, sin decir palabra, o como si los cuentos no fueran Arte… La música espeluznante que resulta de la recreación de esos cornos y sonajeros de la Edad del Bronce es más evocadora, porque la música va directa al cerebro sin pasar por la lengua.

Mirando el famoso panel de los toros de la caverna de Lascaux, una piensa que quizá la asociación toros-caballos-agua que se ve en el Táin, y precisamente en su epílogo, viene de muy lejos:

Entonces el Pardo empujó al Cuernos Blancos durante un día y una noche, y se metieron en el lago que hay junto a Cruachan. Luego (el Pardo) salió de él con los lomos, la paletilla y el hígado de su oponente en los cuernos.

Solamente queda que podemos escuchar los cornos de Dowris en una grabación moderna, realizada con una recreación actual de los instrumentos  arqueológicos. Pincha y escucha, que dura poco, muchísimo menos que esa historia tan poderosa.

 

Alto y claro


Foto de Pok Rie en Pexels

Si hay una cosa que me gusta más que leer cosas sobre manuscritos irlandeses y sus contenidos, es leer o escuchar a gente que explica cosas básicas de Historia y Arqueología recto, en poco tiempo y sin evitar el uso de términos técnicos (o sea, considerando al oyente/lector como un adulto).

Eso lo hacen estos muchachos de la fundación PALARQ que, además de escucharlos, da gusto verlos. En particular, JJ Priego ha sido para mi un descubrimiento, por su expresividad gestual a la hora de exponer contenidos. La sonrisa constante de este hombre anima a cualquiera a seguir escuchándole «en bucle», como se dice ahora. No sé si en estos videos se trabaja con un «prompter» o algo para leer un texto, pero es impresionante como en 8 minutos se pueden decir cosas tan técnicas pero tan claramente… y con tanta fuerza. ¡Ole los dos y esa fundación por haberlos contratado!

P.S: Espero que pronto tengan también mujeres con ese desparpajo divulgador.