Una domus romana


Me ha gustado mucho la reconstrucción de esta domus colorida y rica del señor Caecilius Iucundus, de Pompeya.

A mí, una casa así me parecería agobiante. Pero entiendo que era el no va más de alguien con muchos “posibles” de la Antiguedad, aunque no fuese ni un filósofo ni un político importante. Era un banquero, un “burgués”, administrador de la riqueza que mueve el mundo, para bien y para mal. ¡Cómo han evolucionado los conceptos…! Y las casas.

La noticia es un poquito vieja (2016), ya hemos visto muchas casas romanas. Pero impresiona entrar en esa residencia virtual, la real ya es solo una sombra, y ver aquello que nos une y que nos distancia del señor Lucio Caecilius Iucundus.

 

 

 

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Pensares


Resulta que ya no voy a tener el pretexto de los artículos de Fernando Aramburu en El Mundo para poder hacer una entrada los domingos. El estupendo escritor ha dejado el diario, para poder concentrarse en lo que más nos gusta a los escritores: escribir una novela. Una cosa muy absorbente, como ya os he contado.

Esto me va a permitir poner un poco de atención a artículos o entrevistas que rodean el epígrafe “Pensares” de mis enlaces. No siempre, pero a veces, como es el caso de estos días de supuesta “reivindicación” callejera.

Hoy mismo me he encontrado esta reseña tan buena a cargo de Francisco Sosa Wagner, de un libro sobre constitucionalismo (Roberto Blanco Valdés, “Vindicación de la España constitucional” (Madrid, Alianza, 2018).

El artículo, que tiene la ironía candonga de Sosa, cuyas peripecias políticas se reseñan en otra página de la misma revista online, se puede compaginar con esta entrevista a Gregorio Luri en El Mundo, precisamente.

Hala, tres pensares por el precio de un vermut de domingo. Hummm, vermut, ¿me definirá ese trago como una conservadora cauta? (arriba al centro, otra bebida que podría definirme, pero tengo más, don’t worry…).


Dos hombres que un libro une: el que a Moisés transmite el Trismegisto, por cuya página abierta sabemos que sólo la escritura y la ley salvan. Y «la escritura» y «la Escritura», en ellos, se espejean y se funden en lo mismo. En lo mismo, religión y filosofía. Porque -tal es la lección del mosaico de Siena- toda escritura es, dígalo o no, sagrada; porque en toda escritura libra el hombre su batalla con el tiempo: contra muerte, contra olvido.

El párrafo me ha resultado cercano a una cosa que he puesto en mi novela: cuando Máel Muire se da cuenta de que él y los autores de la Sagrada Escritura comparten la misma pasión. El siguiente paso sería pensar que las dos cosas son lo mismo, pero mi personaje no quiere ser irreverente, y se postra ante el Libro Sagrado. Aun así, no abandonará su búsqueda del otro libro, no sagrado, ¿o sí…?

La gloria…

Leer entero el artículo de Gabriel Albiac aquí. Mi libro ya sabéis adonde podéis encontrarlo.