Aves y dias heladores


«Mar de Ontígola» Restos de incendio, hacia la cabeza de la presa, invisible bajo la juncia. Foto Mujerárbol.

Tiempo helador y metido en nieblas durante los censos de aves en nuestros humedales.

El año pasado me divertí mucho contando milanos, pero esta vez la cosa era más complicada porque eran muchas las especies posibles: andarríos, porrones, cucharas, fochas, gallinetas, ánades y patos de varios tipos: garzas, garcillas y martinetes, etc, etc. Sin olvidar los zampullines y los somormujos, y tampoco los martines pescadores. Entre muchos otros que se me olvidan…

Los que se cobijan en la vegetación de la orilla eran difíciles de ver con la niebla. Los valientes que salían a media laguna, grandes o pequeños, o las sombras negras de los cormoranes perchados en árboles o con las alas abiertas, podían verse casi sin echar mano a los prismáticos. Los demás, adivinarlos mediante la silueta o un color medio visto sobre el gris del agua.
Cosas positivas: ver un aguilucho lagunero revoloteando bien cerquita; ver busardo ratonero, garzas y hasta un flamenco solitario. Luego, docenas de fochas y cormoranes… Y hasta algunos amiguitos inesperados.

Circus aeruginosus, aguilucho lagunero. Foto SEO Birdlife.

Cosas negativas: la cantidad de basura que puede verse en el «Mar de Ontígola». La poca limpieza de la parte histórica monumental (¡tenga usté Monumentos para eso!). La cabecera de la presa, que una ha conocido limpia y perfectamente visible de esquina a esquina en los 80, con su camino hacia el S.O. practicable y con algún resto «arqueológico» todavía en pie… Ahora no solamente no se ve, sino que está destrozada, asaeteada por escapes caudalosos y variados destrozos… Y el sendero está cerrado con una mrda de alambrada al lado sur del puente de la ex-via férrea. La juncia ocupa más del 90% de la lámina de agua y acabará matándola. ¿Por qué el observatorio no es más que un cúmulo de basura pintarrajeada, con unos árboles chamuscados al lado? 

Ambiente frío. Foto Mujerárbol

Así que, ahí estamos: pasar un día frío en el campo, como hacía mucho tiempo (¡eh, no tanto!) que no pasaba. Cansancio del bueno, sobre todo porque el domingo no estaba en mi agenda, pero lo puse y anduvimos más de 5 km. con los prismáticos o el teleobjetivo al hombro.

 

 

Magia en el aire


Avefría. By Gouwenaar-Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=90766520

Bueno… hoy he disfrutado de una estupenda excursión mañanera para ver aves de estepa.

Aunque ha habido que madrugar más de lo que estoy acostumbrada, ha merecido la pena. Hemos ido por carreteras conocidas hacia sitios menos conocidos y, una vez a campo abierto -con ruido de cazadores y una niebla baja heladora- ha empezado el espectáculo.

Ganga ibérica. (De https://www.flickr.com/photos/francesco_veronesi/https://www.flickr.com/photos/francesco_veronesi/14554070298/, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=36449137)

Grandes bandadas de gorriones que se levantaban a cada estampido de disparo; avutardas sentadas en el suelo o sacudiéndose el frío por las lindes; avefrías, no me imaginaba sus colores ni su forma de caminar; grullas, muchas grullas rumbo al sur, y una bandada de ellas pasando por encima de nuestras cabezas, para que las disfrutáramos a todo lujo y a ojo desnudo; luego pasaron otras bandas más pequeñas, pero no con tanto lujo.

Muchas gangas (de nada) entre las pajas del sembrado; los jilgueros bebiendo en un charco ahí mismo; las alondras; el aguilucho lagunero; el milano real (¡qué me va usted a contar de los postes de alta tensión!) y no sé si alguna se me olvida.

Grullas en vuelo. De Arturo de Frias Marques. Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29506575

La verdad es que, aunque me cuesta madrugones y luego descontrol visual y térmico, cada vez disfruto más con las salidas al campo para «pajarear». No tengo (de momento) interés por la fotografía, porque también requiere equipo y buena vista, pero… bueh, luego haré dibujitos.

Lo que me gusta es estar en el campo, ver y observar, a poder ser con gente que ve mejor que yo y que me explique cosas.

Tendré que recurrir a listas informatizadas para poder repasar mis avistamientos… y sobre todo, voy a hacerme ya con unos prismáticos «como es debido». Porque cada vez me cuesta más ver lo que hay que ver. Cosas de la visión monocular.

Es importante disfrutar de la belleza de las aves y de estar en la naturaleza. Si todavía fuéramos niños que se maravillan de cualquier cosa… pero ahora, hay que comerse la belleza a mordiscos, porque sabemos que todo dura poco.

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ACTUALIZACIÓN: mis compañeros del grupo me dicen que ellos vieron más, muchas más (yo las vi de lejos, o en forma de bultos). O sea que hay que añadir una banda de buitres leonados; cernícalo vulgar, sison, escribanos, alcaudón, un zorro, varios ciclistas, un buscador de setas y varios preguntones… (Y un feísimo vertedero ilegal, no lo he contado por lo feo que era… pero bah, ya todos somos ecológicos y llevamos un pin de nosequé «agenda» en la chaqueta).

 

¿Descafeinar a Tolkien?


Foto de Michael Krahn en Unsplash

Este magnífico artículo de Yeyo Balbás (en el que por cierto se citan muy bien citados elementos de literatura antigua irlandesa) es un alegato contra la banalización de lo mejor de la «saga» del Señor de los Anillos.

El presentismo pone en la blandita vista modelna… pues eso, lo sin chicha, lo blandito, quitando lo más mollar, lo más íntimo y mejor guardado de El Señor de los Anillos, de lo que fue su origen y sobre todo, de lo que es su contenido: el tesoro. Uno al que me gusta volver de cuando en cuando, a la búsqueda de perlas y filones de oro.

Los piratas siempre han buscado el tesoro… para ventilárselo, claro. No para ofrecerlo a la humanidad en cuidadosas pepitas, como hizo JRR Tolkien.

Quitarle cafeína a Tolkien es como si los bosques fueran ya todos de hierro y plástico… reciclado, claro.

¡Que no nos quiten la obra de Tolkien, Señor… de los Anillos!

 

 

Linx pardinus


Una vez que he pasado «lo peor» (la tos agobiante y la falta de aire, el insomnio y la conjuntivitis perra) puedo afirmar que fueron unos dias divertidos en Sierra Morena, con amigos SEO de mi puebro, buscando lo que al final nos cayó de chiripa, a pesar de la caminata y el calor agobiante, y mientras los pajaritos nos acompañaban, acá y allá.

Sí, un lince. Puesto que nunca he visto esa clase de mamíferos más que en la tele, verlo cerquita y ahí, me inspiró muchas tonterías. Pero sobre todo me hizo pensar cómo nos miraba. Yo creo que nos miraba sin vernos, como muchas veces miramos nosotros: al horizonte, sin darnos cuenta de nada más que el horizonte. Y no pasa nada por eso.

En algún rinconcito de las neuronas de linx pardinus habrá un registro para seres de colorines (a lo mejor no ve los colorines de nuestras camisetas y coches, tendré que consultar la wiki…). Seguro que nos oía, seres que continuamente parlotean y cuchichean, quizá con un rumor tan inteligible como para nosotros el de los pájaros… Sé que mira sin juzgar, sin plantearse si lo que ve es bonito, feo o nada. Ve y ya está. Tiene mejor vista que yo, eso desde luego: la ruleta de la vida le dio dos ojos de proverbial agudeza y a mi uno solo y limitadito; aunque ahora hay unas cosas que se llaman telescopios…

Y eso es todo: la distancia entre ellos y los telescopios.

 

 

Avecillas del señor


Cara sur del Pico Almanzor. Foto Mujerárbol

Estupendo día el que pasé ayer observando pajarerío por las estepas y los embalses de Toledo, al sur de Gredos.

Una delicia por la cantidad de especies vistas (entre todos, más de 50)… y medio vistas por moi, porque el ojo de una es el que es y los bichos no se están quietos). Incluso por el clima, porque temía que fuera a caer una buena manta de agua y resulta que lo mas gordo nos pilló trasladando la castra desde el embalse de Navalcán hacia el del Rincón, donde hicimos las últimas observaciones con un sol poniente espectacular. ¡Y una maravilla por la compañía, claro!

«Pajareo» para todas las edades (y número de patas).

Íbamos a ver grullas, y resulta que además de en vuelo, también las pudimos ver en el suelo. Una maravilla comprobar su tamaño y elegancia, y la tipica triada: macho, hembra y pollo crecidito.

¡Y qué decir de ver nada menos que buitres leonados posados en sendos postes de alta tensión! Los buitres negros también acompañaron, además de otros pájaros grandes grandes, pero ya familiares como los cormoranes, las garzas reales o los aguiluchos laguneros. Pero la gran sorpresa fue un águila Imperial posada en una rama en una ladera. Eran claramente visibles sus principales características, forma y color. Pero las fotos eran imposibles a pesar del telescopio.

En fin, que me lo pasé como los indios. A ver si esta navidad soluciono lo de los medios.