El otro Perlman


Hoy les traigo a otro Perlman. Aquí toca con los Klezmatics, con Brave New World, con the Klezmer Conservatory Band y otros músicos de la hornada de los años 80-90. Y es la monda.

(No sé quien es el comentarista que se oye al final, supongo que el que ha hecho el mix -estupendamente bien hecho-. Tampoco me entero de lo que dice… estoy bailando al son de estos violines, clarinetes y demás, no tengo tiempo de traducir ¡Jotaaa!).

Toros debajo del agua


Three trumpets from the Dowris hoard. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Dowris_Hoard_(2).jpg

El hallazgo en el s. XIX de un tesoro arqueológico de la Edad del Bronce en una turbera irlandesa que contenía una impresionante colección de instrumentos musicales, ha proporcionado bonitas sugerencias a los que nos entretenemos con la mitología «celta» de Irlanda. Y a los interesados en la música antigua, una fuente de investigación y de disfrute, al comprobar la capacidad sonora y melódica de tales instrumentos.

Recordemos que en Arqueología, «tesoro» indica una deposición intencionada de objetos, que casi nunca son de metal precioso, aunque haya notorias excepciones.

El «tesoro de Dowris» procede de una turbera que en su momento había sido una laguna, en la comarca más bien pantanosa de Birr (Condado de Offaly). Las turberas de Irlanda no solamente proporcionan cuerpos humanos momificados, sino también tejidos, armas, naves, instrumentos musicales, carreteras y puentes de madera… En fin, el otro mundo.

Se supone que en esa laguna se produjeron a lo largo del tiempo depósitos de objetos con intención ritual. Los instrumentos musicales se han datado en la Edad del Bronce final. Actualmente, el tesoro se encuentra repartido entre el Museo Nacional de Irlanda (Sec. Arqueológica, en Kildare St., Dublín 2) y en el Museo Británico de Londres. 

El hallazgo constaba de hachas de bronce; cuchillos y navajas de trabajo con distintas formas que han ayudado a la datación; puntas de lanza y espadas; un caldero y unas sítulas o pequeños recipientes, y también nada menos que 74 instrumentos musicales de viento e idiófonos.

La mayoría de estos instrumentos eran grandes sonajeros o cascabeles con forma de turmas de toro. En los artículos que estoy consultando en inglés los llaman «crótalos» (crotals) pero la RAE los definiría como cascabeles o sonajeros, pues se trata de idiófonos que suenan al ser sacudidos y no al ser chocados, como los crótalos, que más bien funcionan como castañuelas.

Además de estos gruesos sonajeros había gran número de trompas o cornos metálicos, unos para soplar desde un agujero situado a un lado y otros para hacerlo desde el extremo, por medio de una boquilla sin caña.

Six crotal bells from the hoard in the British Museum. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=119817921

En el artículo de la Wiki sobre el particular se menciona a mi amada historia de amor y cuernos, el Táin Bó Cúailnge, que cada vez me parece más antiguo. No estoy tan segura de que fuese una cosa de fertilidad lo que se celebraba arrojando a la charca turmas de toro individuales. Pero no es difícil suponer que los sonajeros se tañían de dos en dos… simplemente atándolos a la ropa de alguien que brincara o los agitase para hacerlos sonar.

La parte final de El Táin, con un combate entre los dos toros que «renueva el mundo» y le da nombre de partes del cuerpo de un toro, me sugiere que esa historia viene de muuucho antes de que «celtas» llegaran a Irlanda, con su lengua y todo el aparejo de la Edad del Hierro (poco común en la Arqueología de Irlanda) y de que monjes posteriores (con su cálamo, su latín y lo demás), escribieran el cuento en esa lengua, entre el X y el XII DC.

Porque el Arte a veces sugiere más cosas que la Arqueología, sin decir palabra… La música espeluznante que resulta de la recreación de esos cornos y sonajeros de la Edad del Bronce es más evocadora, porque va directa al cerebro sin pasar por lengua alguna.

Mirando el famoso panel de los toros de la caverna de Lascaux, una tiene la impresión de que quizá la asociación toros-caballos-agua que se ve en el Táin, y precisamente en su epílogo, viene de muy lejos:

Entonces el Pardo empujó a Cuernos Blancos durante un día y una noche, y se metieron en el lago que hay junto a Cruachan. Luego (el Pardo) salió de allí con los lomos, la paletilla y el hígado de su oponente en los cuernos.

En los años 90 ese sonido podía escucharse en unas grabaciones que se activaban al pasar delante de la vitrina en que se exponía este hallazgo, en el Museo de Dublín. Hoy podemos escuchar los cornos de Dowris en una grabación hecha con una recreación técnica y bien estudiada de estos instrumentos arqueológicos.

Pincha y escucha, que dura poco, muchísimo menos que esa historia tan poderosa, el Táin.

 

Escuchando


Foto de Gioele Fazzeri en Pexels.

Pues verán, hace años que padezco EPOC. La tenía bien controlada hasta que llegó la pandemia, y entonces, se nos volaron las cosas de la cabeza. Todas a la vez salieron volando por la ventana.

Pero esos dos años y pico los pasé sin una sola tosecilla. Y ahora, recién llegada de una extraordinaria excursión por Sierra Morena, ¡plaf! Otra vez tos fuerte, dolor en el pecho y la garganta, mucosidad horrible, ojos irritados (solo el izquierdo, no sabe nada la alergia) y maldormir.

Hoy es el primer día desde hace una semana que puedo sentarme a construir cositas del blog.

Bueno, tengo a mano música que me gusta y que me lleva a otros momentos, o «mundos», que sugieren agua, aventura, montañas y bosques, duendes y seres mitológicos vestidos con cota de malla. O así…

No, no es que me interese jugar a… ¿como se llama, video-juegos? Creo que hay gente a la que le encanta y es una forma como otra cualquiera de desviarse un rato de este mundo plano (y bastante asqueroso) que nos devora. Por lo que me han contado, están bien hechos y tienen para mucho rato de diversión en «otros mundos». Pero, qué le voy a hacer, a mi me divierte leer, escribir historias y escuchar música… y aquí es adonde quería llegar.

Y es que algunos de esos videojuegos tienen unas bandas sonoras estupendísimas, de un vago estilo sinfónico-medievaloide-«celto»-X, sin duda influenciado por la excelente banda sonora del film «El Señor de los Anillos», entre (quizá) otras cosas.

Muy buenas como las de Skyrim, que se pueden escuchar mientras trabajas en otra cosa (que no sea fregar los cacharros) y están generalmente bien concebidas y ejecutadas… me figuro que casi todo electrónico, pero muy bien manejado.

Las escucho de vez en cuando y no me importan cuales son, porque de todos modos no me voy a enganchar a la «saga», sea la que sea. Pero el caso es que relajan, dan un punto de nostalgia, permiten trabajar en lo que sea y son buenas piezas musicales. Alguien me descubrió el otro dia a Jeremy Soule («Oblivion») y lo poquito que he oído del autor, me ha sorprendido y gustado, aunque en los cortes de YT la pieza se repite en bucle y llega a cansar.

En fin, que me sorprende que haya gente que tenga de fondo musical esas cosas tan separadas de la musiquilla chun-chun-chu (mazo de ferrería) que habitualmente se baila/oye en público.

Por mi parte, sigo con mis favoritos musicales, una vez que la guerra de Ucrania me impide escuchar mis dos emisoras rusas favoritas (Omdaru radio y Radio Caprice) con sus canales de «música clásica contemporánea». Ahora soy «fan» de Radio Art, a través de Tune-in y hasta estoy pensando en suscribirme por 6 meses para empezar a apreciarla en toda su extensión de canales y ambientes.

 

Otra vez metiéndome en Jardines…


 

Jardín del Príncipe, foto Mujerárbol (febrero 2020)

…de Dublín… ¿de la Isla…? ¿de la isla esmeralda? ¿del Príncipe? ¿de los Príncipes de Moylurg?

Pues verán: mientras escuchaba una y otra vez una pieza del disco que ya los lectores conocen (The Dublinn Gardens, de A Nocte Temporis), me preguntaba si no será un trasunto de alguna pieza española más antigua (no exactamente del XVIII sino bastante anterior, por el tono algo solemne), pero no me hagan racionalizar el porqué. Es simplemente que «me suena»; me suena haberla escuchado alguna vez en nuestra lengua: ¿acaso era una danza cortesana españolaza del s. XVI? (por el tono, no por la letra, que es chusca y en inglés roto).

La memoria musical es así: se acuerda de coincidencias poéticas, puro aire.

No puedo ir más alla que buscarla por sonido… pero desgraciadamente, las apps que ofrecen esa clase de búsquedas se limitan a las moñaditas modelnas.

Jorge Federico Haendel

Sí que voy más alla con la anécdota que estos caballeros «de la quinta de Haendel» han encontrado atribuida a su ídolo. Recuerden que su magnífico Mesías se estrenó precisamente en Dublín el año 1742. Lo que cuentan es que, al escuchar una versión de Eileen Aroon (grafía angli-pochada de Eibhlín A Rún, o sea «Eibhlín mi Amor Secreto») Haendel afirmó que «habría preferido ser el autor de aquel aire tradicional por encima de todo lo que había escrito hasta la fecha».

La anécdota se cuenta exactamente igual sobre Carolan acerca de otra canción irlandesa.

Al parecer el viejo Torlogh guardaba un especial cariño por la que ahora corre precisamente bajo el título de «Carolan’s Dream», aunque originalmente se titulaba Molly mac Alpin y parece que fue compuesta por uno de los Connellan -eran dos hermanos, arpistas ambos, que vivieron en los finales del XVII- cuyas composiciones se recogieron por Bunting a finales del XVIII.

A quien quisiera oírle, el viejo Torlogh decía que preferiría haber compuesto Mollie mac Alpin que todo lo que había compuesto hasta el momento. Carolan murió 4 años después del estreno de la inmortal obra de Haendel.

Eileen Aroon (que también se encuentra, y no mal cantada, en el disco de A Nocte Temporis) y Molly mac Alpin son dos piezas que gozan del privilegio de que sus letras son las más antiguas en lengua irlandesa que se conservan con su música correspondiente.

Por supuesto: mi fuente sobre el tema musical son los dos volúmenes de Donal O’Sullivan «Carolan. The life, times and music of an Irish harper» (1958, vol. I, p. 18).

Aquí Molly mac Alpin en una interpretación bastante maja.

¡Y que siga la música por todos los jardines!

Poquito más de Barroco


Jardines. (2003) Foto Mujerárbol

Este disco ya lo traje otra vez. Sigue pareciéndome una delicia, por eso repito.

Hecho con cuidado y cariño por un pequeño equipo y grabado en el Colegio Irlandés de Lovaina, de donde en el XVII salieron tantas cosas de un lado para el otro.

Bueno, esta pieza, Moggy Lawther, es bastante bailable. Oiganla como si se oyera en nuestros Jardines, durante los esplendores Barrocos. ¡Quién sabe si no llegó a oírse!