Historia de amor y cuernos (fin)


El aviso. Pintura digital, Mujerárbol, 2021.

Como el Táin Bó Cúailnge (TBC I) es algo de lo que me he ocupado desde 1980 por lo menos, tiempo, pues terminamos ¡ya! la serie con esta entrada.

En una publicación de una excavación arqueológica en territorio de la antigua Galia Bélgica, leía ésto (1) que me parece que pega bien con lo que quería decir en esta serie:

«¿Cuál es la celticidad de la cultura irlandesa medieval, en la cual algunos apoyan los datos mitológicos que no hallan en las fuentes de la Antigüedad (clásica)?»

A finales de los años 40 se creía que el relato del Táin (y otros de la narrativa medieval irlandesa) era probablemente histórico y que habría sucedido en torno a la Era Cristiana. Pero la proposición hoy está desechada, aunque ésto no ha evitado que… «¡siga la competición!» entre investigadores. En general, unos creen que los relatos medievales irlandeses sierven para conocer la mitología, o la religión o la sociedad del mundo celta de la Antigüedad, y otros creen que los escribas medievales (en Irlanda, desde el siglo VII/VIII en adelante) y su mundo, sus condiciones y la historia de los manuscritos existentes, tiene mayor peso que esos antiquísimos «recuerdos».

Algunos autores recientes encuentran coincidencias entre la Arqueología y el Táin, o ven elementos del relato que pudieran ser pre-históricos o, por lo menos, ser muy anteriores a la construcción literaria de esta narración. Se supone que comenzó siendo un relato oral -quizá con partes o todo ello en verso, o en canción- que circularía durante mucho tiempo de boca a orejas, hasta que a un profesional de la escritura «histórica» en un monasterio, se le ocurrió ponerlo en forma escrita.

Pero el arqueólogo J.P. Mallory y otros autores han recalcado que, en general, el atrezzo material (armamento, hábitat) del Táin concuerda más con los siglos V y VI de la Era que con algo «prehistórico» (en su acepción del Bronce tardío o de la E. del Hierro). Muchos elementos del mísmo no tienen reflejo en la arqueología irlandesa, por ejemplo, los lujosos carros de guerra o el armamento y el manejo marcial exhibido por los héroes de la epopeya. Incluso parte de este aspecto, o del hábitat, sería de época escandinava (2).

Desde luego, hay cosas en la Arqueología, que arropan (más que confirmar) elementos que se encuentran en el relato:

  • El complejo arqueológico de Navan (Irlanda del Norte, Co. Armagh) en el que existe una continuidad del lugar como centro de poder/ritual desde el Bronce final hasta la Edad del Hierro… que se prolonga en la Edad Media (episcopado medieval y actual arzobispado primado de Irlanda). En el yacimiento se encuentran espacios tales como un área de banquetes, similar a las halladas en el mundo galo, con abundantes restos de animales procedentes de toda la isla, y los restos de un edificio circular en el que se llevó a cabo una destrucción (quizá ritual) mediante fuego, que llama la atención por su minuciosidad y datación. Todo esto tiene reflejo en el Táin y en otros relatos mitológicos/épicos irlandeses. (3)
  • La insólita (y discutida) presencia de «imaginería Táin», como una versión en imágenes o primitivísima, en el afamado caldero de Gundestrup.

Precisamente, el investigador que defendió por primera vez esta interpretación de dicho objeto arqueológico, Garret Olmsted, es el mismo que señaló que se encuentra en TBC I (mss. LU, Y) un fragmento poético que podría contener un núcleo oral muy antiguo del relato, el cual junto con otros poemas que tienen huella linguística anterior al s. XII serían los verdaderos preliminares del relato. Se trata del poema Verba Scathaige («Las palabras de Scathach«) y el Conailla Medba Míchuru («Gozó Medb de Contratos Desiguales») (4).

Caldero de Gundestrup. Foto: Rosemania – https://www.flickr.com/photos/rosemania/4121249312, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9404289

Los «preliminares» tradicionales que normalmente se asocian al Táin (los rémscéala), son relatos de cosas relacionadas directamente con lo que narra el Saqueo, pero que sucedieron antes y el explican los porqués del asunto. Mayormente, aparecen editados JUNTO a la versión TBC II, y la mayoría son, como ella, muy posteriores al s. XII en sintaxis y en lenguaje literario.

 Pero ese poema, denominado entre los investigadores «rosc de la Mórrígan» (su título es el primer verso: In fitir in Dub dusaim, «¿Conoce el Toro Pardo…?»), es un texto de caracter misterioso y compleja sintaxis, en el que la diosa Gran Reina, en forma de graja, advierte al Toro Pardo de algunos de los hechos que sucederán durante el Saqueo, los cuales conducirán a su muerte en la escena final, una de las más potentes del Táin. Aunque el poema se encuentra también en TBC II (solamente en uno de sus mss), el lenguaje que posee en este caso es más oscuro aún que el del original. Se considera que es una reelaboración posterior del poema que está en TBC I.

Para que los lectores tengan un poquito del «sabor» del Táin les dejo aquí la traducción realizada por Olmsted del poemilla. Tengan en cuenta que todo lo que uno de los revisores de TBC I señaló con la palabra «rosc» es verso en la forma más antigua -y no de las más fáciles de entender- del irlandés medieval:

            «¿Conoce el Toro Pardo el conflicto sin compensación,

la hueste destructiva, un dominio que no se disputa?

Desacostumbrada es la carga que el enemigo impone

sobre las gentes de Brega. En hombres se pagará.

Tengo un secreto que El Pardo sabrá

si pasta en la llanura herbosa de turba,

lo muy verde se torna muy negro.

             Por el fuego los bueyes serán expulsados de su llano.

Las huestes seducen a uno de sus veloces héroes.

Un cruel mugido es el pago por los muertos. Triste historia será

el refugio del Cúalnge cinco días después de su muerte

tras la lucha mortal de los nobles jóvenes de su pueblo».

 Como puede verse, el poema es un resumen de la espina dorsal del Táin, en la que el protagonista no es, ni mucho menos un héroe humano/Perro, sino un Toro oscuro.

Termino ya con esta entrada y con la serie sobre el Táin, pensando que, quizá, a los aficionados a la Historia les sorprenda saber que no está escrito todo lo que hay que saber sobre esa cosa con plumas llamada «céltica»…. aparte de los usos políticos del adjetivo «celtic» y de otros usos no propios. 

Y es que, el desconocimiento de las condiciones de la Literatura Irlandesa medieval (Mujerárbol se ocupará más veces de ella) implica que no es tan fácil agarrarse a estas narraciones para conocer lo que sucedía en el mundo celta de la Antigüedad… aunque a veces saltan sorpresas.

En fin: sorprende que nunca termine la narrativa medieval irlandesa de seducir, inspirar y espolear a los curiosos, a los poetas, y hasta a los que estudian la arqueología del Bronce y el Hierro europeo; no menos a los que cacharreamos con la Edad Media…

¿Quién sabe? A lo mejor algún día la cosa con plumas resulta ser, ¡qué se yo! una grajilla o un martinete.


NOTITAS:

(1) Brunaux, Jean-Louis: Les sanctuaires celtiques de Gournay sur Aronde et de Ribemont sur Ancre, une nouvelle approche de la religion gauloise. Comptes rendues des séances de l’Academie des Inscriptions et Belles Lettres. N. 2. 1997. 

(2) Mallory, J.:  Aspects of the Táin. Belfast, 1992.

(3) Emania, Bulletin of the Navan Research Group. nr. 12, 1994. Todo el número está dedicado a lo que revela la arqueología sobre la arquitectura del sitio, que aún está siendo excavado.

(4) Tratados por Olmsted en su relación con el núcleo narrativo del Táin en Emania, nr. 10, 1992, pp. 5-17.

(5) Carmen Leal Soria (traducción) y L.M. Toribio (ilustraciones): Cuadernos de Estrata 3. El Saqueo del Ganado de Cúailnge. Fuenterrabía, 1982.

 

 

 

 

Historia de amor y cuernos (2)


«Tejerina», una novilla «odar» de raza tudanca. (Fuente foto: https://www.valledebedoya.com/Bedoya/vacas2/pages/Tejerina.htm).

Vellum, tinta y… seis manos

Con este capítulo, llegamos a la segunda entrega de la serie de amor y cuernos.

El Táin Bó Cuailnge es la pieza literaria más famosa y extensa de las literatura medieval de Irlanda, que son unas pocas… La redacción más antigua del Táin se encuentra en el Lebar na hUidre, el Libro de la Vaca Parda, datado a principios del s. XII.

El nombre del Lebar na hUidre hace referencia al color marrón grisáceo de una novilla parecida a la de la foto, que es un ejemplar de raza tudanca del Valle de Bedoya, en Cantabria. Los tudancos suelen tener esa capa gris amarronada tan bonita, que muchos pierden al alcanzar la madurez, cuando se vuelven de un pardo rojizo, aunque algunos conservan una capa más grisácea (y los llaman «tasugos», es decir, tejones). No estoy segura de que «odar» (genitivo uidre) señale solamente un matiz de color. La verdad es que me parece rara la existencia del vocablo «utrero/a», que se aplica en nuestra lengua, procedente de la jerga ganadera de bravo, a los novillos que tienen poco más de tres años, aunque no dice de qué capa sean. El Diccionario de Autoridades de 1739 recoge el vocablo de Nebrija, y le da una etimología latina, basada en «tres»… vaya… tres

Según la leyenda irlandesa, una maravillosa novilla «odar» facilitó el vellum con el que se escribió todo el libro, de ahí su nombre. Según otros, solo se utilizó para las cubiertas del volumen. Parece ser que una de novillo/a que estaba en Clonmacnois era una reliquia que se empleaba para otras cosas. El caso es que la leyenda general sobre el volumen dice que esa res era propiedad del fundador del monasterio, San Ciarán, y que la leche producida por el animal habría alimentado a toda la comunidad monástica primero y luego, su piel tuvo tan importante función en la narrativa y la lengua irlandesa…

Aunque en la Edad Media se usaba también piel de cabra o de cordero (siempre que estuviese bien refinada y preparada para la escritura), el vellum es piel de ternero menor de cuatro años, precisamente. Al contrario que la vitela, que se obtenía de animales nacidos muertos, el vellum era más áspero, pero mucho más barato y duradero para los escritos «de trabajo», o sea los que no eran para ser exhibidos, como los maravillosos evangeliarios cuyo ejemplo es el Libro de Kells.

El Libro de la Vaca Parda (LU) tiene intenciones de libro de consulta y es una compilación, es decir un repertorio o agrupación de textos distintos en un solo volumen. Era el formato favorito de los escritorios monásticos irlandeses, pues ahorraba material, ya que muchos relatos eran largos, como es el caso del Táin. El otro «gran libro» de la Irlanda medieval, el Libro de Léinster, es también una compilación (ya de la 2ª mitad del s. XII) y contiene, entre otros textos, la segunda versión del Táin, aún más extensa que la primera.

Fragmento de «Dinda na Tána» o «Los lugares del Táin» (RIA ms. 23 E 25).

LU se escribió a doble columna, lo cual indica el objetivo de ahorrar espacio. Contiene cuentos épicos de los Ciclos tradicionales (Ulster y Reyes); textos pseudohistóricos y algún material religioso. Todo en lengua irlandesa, aunque existen palabras o frases breves en latín.

LU muestra la asombrosa la variedad de recursos que los escribas empleaban para que sus textos fueran legibles, a la vez que «inventaban» cómo escribir en una lengua que solo hacía pocos siglos que se escribía en extenso. Por ejemplo, inventaron las abreviaturas que todavía hoy se usan en el gaélico. Arriba, se puede ver una imagen de las dos columnas de uno de los episodios de apertura del Táin, una lista de nombres de lugar. Cada línea empieza con la consonante «F»: es la abreviatura que inventaron para for (la preposición locativa «por/para» en irlandés, con sentido de dirección hacia) seguida del nombre del sitio por el que avanza la tropa.

Por cierto: de momento ha sido imposible recomponer sobre el paisaje irlandés actual semejante ruta, les digan lo que les digan a los turistas modernos. Los problemas de hacerlo son inabarcables, entre otros, consultar cartografía histórica, no solamente tradiciones toponímicas recogidas en la literatura medieval, desde el s. XII al XIX, además de recorrer a pinrel las cuatro o cinco posibilidades de ruta existentes y comparar con posibles cambios en el paisaje que no hayan sido recogidos en los mapas… Algo similar a la «ruta de D. Quijote», ¿cómo poner sobre el terreno una elucubración secular sobre el desplazamiento de unos personajes imaginarios?

En cuanto a lo escrito en el volumen, han pasado muchos años desde que en 1912 el erudito R. I. Best publicase Notes on the script of Lebor na hUidre, donde identificó las manos o autores del manuscrito LU, aparte de la que se creía propia del escriba principal, Máel Muire mac Célechar, magister scriptorium de Clonmacnois hasta su muerte en 1106. Tradicionalmente se les nombra A (Anónimo) y H (interpolador, porque escribió unas Homilías en el volumen) y M que es Máel Muire mac Célechar.

Un «interpolador» es quien escribe comentarios secundarios a lo que ha escrito otro. En la 3ª línea del fragmento de la imagen hay una interpolación, que se aprecia por el color diferente de la tinta y por la letra, que no es la de la mano principal, sino la de H. Lo divertido es que ese H debía de ser… un pulpo. Y es que, gracias al desarrollo de la (micro)fotografía y de la investigación paleográfica sobre el texto, actualmente se cree que H puede ser la mano de seis personas diferentes, en distintos momentos históricos.

Una de ellas pudo ser la de Siagráid Ó Cuirnín, un historiador del s. XIV que retocó partes del Táin y atribuyó el volumen entero a Mac Célechar, en una famosa jaculatoria incluida en un margen del libro. La parte buena es que H intervino poco en este relato: algún comentario o palabra al margen o encima de los renglones de otros, y poco más. Pero en otros textos del volumen, el escriba truhán llegó a raspar lo escrito anteriormente y a escribir encima sus propios comentarios o textos. Esto se llama escribir in rasura, un apaño demasiado obvio, que se hacía en todos los escritorios de Europa hasta la invención de la imprenta. Sí, para aprovechar el material.

De todos modos, como el ejemplar existente de LU está incompleto, pudiera ser que el manuscrito original tuviera más autores todavía. Porque LU estuvo perdido bastantes años, aunque existen rastros de sus escondrijos por fuentes secundarias. Y es que, aparte de «quiénes» lo escribieron y de cuáles fueron las fuentes de su contenido, otro misterio intrigante del libro es quiénes lo poseyeron… ¡desde mediados del XII hasta finales del s. XIX! que fue cuando se entregó a la Real Academia Irlandesa, donde hoy se conserva. Era un libro codiciado, precisamente porque los irlandeses medievales consideraban histórico todo lo que relata (por ejemplo, en el Táin) y su posesión era un lujo que, desde la decadencia de Clonmacnois, solo podían permitirse filidh de alto rango que trabajaran para señores de mayor rango todavía.

Gracias a la existencia de Anales, de noticias escritas directas y de otras fuentes indirectas, es posible rastrear parte de la peripecia del Libro de la Vaca Parda. Lo que empieza a saberse, tiene detalles que parecen una novela de aventuras. Por ejemplo: que el volumen debió de dar unos cuantos tropezones por el Oeste de Irlanda después del desmantelamiento de Clonmacnois y de la extinción de la familia de Mac Célechar, a finales del s. XII. Pero en el s. XIV empezó a estar asociado no con Connacht, sino con Donegal, en el Noroeste.

Antes de 1359 se sabe que el volumen ya estaba en ese territorio, en posesión de un «doctor poeta» (ollamh) de los Ó Donnell. En 1470 éstos atacaron y se llevaron del castillo de Ó Conor de Sligo (Connacht) éste ejemplar y otro llamado «El Libro Corto», como rescate por el hijo de un «jefe poeta» que «les pertenecía». Los Ó Donnell se encontraban entonces en plena expansión, gracias a su potencia militar (basada en los aguérridos gallowglass) y a fructíferas relaciones comerciales con España. Tenían como cronistas cortesanos a miembros de la familia Ó Cléirigh, que se habían mudado a Donegal y ejercieron allí como eruditos en materias históricas y poéticas, hasta que las guerras del s. XVII empujaron a emigrar a los últimos de ellos a territorio español en Flandes. Sus crónicas, intervención en Anales, compilaciones y noticias, y alguna nota escrita en el margen de otro libro, nos informan de que el volumen LU fue entregada como rescate a cambio del hijo de un «Doctor en Poesía» de los Ó Donnell, que había sido capturado por el señor de Sligo.

No se sabe bien quién fue el rescatado, pues hay varios candidatos, pero la tradición dice que esta recuperación costó una cantidad exorbitante de ganado: se citan entre cien y ciento cincuenta vacas lecheras como precio del rescate.

Si esto no es una historia de cuernos, ya me diréis.

Avicena en irlandés


Imagen de The Guardian (7/3/2019) en http://www.kavehfarrokh.com. La copia de Avicena en irlandés es la parte que que se ve a la izquierda, tal como se encontró sobre la cubierta del libro de la derecha.

Una de las noticias sorprendentes para los medievalistas en el año 2019 fue que un fragmento de manuscrito medieval, que servía de forro a la cubierta de un libro del s. XVI, no solo era una copia del principal tratado médico de Avicena, el «Canon de la Medicina», sino que la copia estaba escrita en lengua irlandesa.

El libro estaba desde el s. XVI en posesión de una familia británica, que ha permitido que el curioso «forro» sea examinado por especialistas en paleografía de la lengua irlandesa de la Universidad de Cork. Cuando la noticia se publicó, parecía entenderse que el fragmento era una copia en latín; pero un cuidadoso análisis reveló que la mayor parte del escrito estaba en irlandés, lo cual indicaba que en la Edad Media la obra de Avicena también había sido conocida en el mundo gaélico.

Imagen de Ibn Sina en una miniatura árabe (https://images.theconversation.com/)

El sabio persa Ibn Sina (980-1037), conocido como Avicena fuera del mundo islámico, fue uno de los más influyentes en la Europa medieval, sobre todo gracias a las traducciones que se llevaron a cabo de su obra mediante la «Escuela de Traductores de Toledo«, a mediados del s. XII.

Ibn Sina escribió sobre Filosofia, Astronomía, Medicina, Física y otros asuntos, recogiendo en sus fuentes a los grandes sabios grecolatinos y aunándolos, sobre todo en el campo de la Medicina, a los conocimientos que circulaban entre la India e Irán, en el entonces pujante Imperio Samánida.

Los libros de Avicena sobre ciencia médica -el «Canon de la Medicina» y «El Libro de la Sanación»- tuvieron una enorme influencia en la práctica médica y farmacológica europea hasta el s. XVIII.

Su obra también influyó en la Filosofía de la Ciencia, la Metafísica y hasta la Teología de Occidente, a través de su recepción por sabios europeos como Alberto Magno o Guillermo de Ockham.

Ibn Sina fue un sabio singular, pues viajaba a través del territorio Samánida ejerciendo la profesión médica a la vez que escribía los tratados que le dieron fama. En eso, se habría parecido mucho a los «hombres de arte» irlandeses (los áes dána) que vivían bajo la protección de señores de la nobleza y se movían por cualquier territorio de la isla, amparados por leyes tradicionales y ventajas sociales derivadas de su oficio.

Avicena también traspasó fronteras, y no solamente en el sentido real de sus viajes por regiones que, desde la Antigüedad atesoraban grandes concimientos, como su patria, Irán, o la India. Sus obras y sus ideas también traspasaron el tiempo.

Muchas de esas ideas y prácticas del gran Avicena se encuentran entre los principios médicos que sirven de base al conocimiento actual, como por ejemplo la existencia de microorganismos patógenos en el origen de muchas enfermedades; el uso de analgésicos, anestésicos y sustancias anti-inflamatorias, o la práctica de la cuarentena, es decir: el aislamiento de personas enfermas durante periodos de tiempo, para prevenir la transmisión de la enfermedad de unos a otros. Otros descubrimientos y observaciones suyos sentaron los principios de la circulación de la sangre o del funcionamiento del sistema cardio respiratorio. Tampoco le faltaron agudas observaciones sobre Geología, Astronomía y Filosofía de la Ciencia; y además, parece ser que Avicena también compuso poesía.

La obra médica de Avicena no se habría extendido en el mundo occidental de no ser por que a mediados del s. XII, la Escuela de Traductores de Toledo surtió de traducciones latinas de estas obras (y de otras de la Antiguedad griega y romana) a las cortes y universidades europeas, asociadas a la institución episcopal y a las catedrales.

La traducción de Gerardo de Cremona de los dos principales libros de Avicena, es la más conocida y la que llegó hasta el lejano occidente… Aunque aquí hay que contar que alguien la tradujo a un cuarto idioma: el gaélico irlandés.

El conocimiento de las distintas disciplinas se encontraba asociado en Irlanda a los monasterios que sobrevivieron a los grandes cambios de la invasión anglonormanda y, más adelante, a la catastrófica supresión de los monasterios (1530) en los territorios de la Corona Inglesa, y las no menos catastróficas guerras de Cromwell y de la época de la Reina Isabel en la misma Irlanda.

El fragmento de Avicena en irlandés. (Foto en http://www.kavehfarrokh.com).

Hasta ese momento, monasterios y señores de las grandes dinastías gaélicas habían fomentado no solo el conocimiento de materias nativas (la poesía, la historia o la gramática gaélica) sino que habían amparado «ventanas al exterior», como sabemos a través del famoso Libro de Lismore (s. XV), que, además de historias nativas, contenía Historia narrativa del Imperio Carolingio, y también la única versión existente en irlandés de Los Viajes de Marco Polo.

El hecho de que existiera una traducción en lengua irlandesa de una de las grandes obras del medievo europeo, como era el «Canon» de Avicena, hace soñar con el posible número de obras de origen griego o árabe que podrían existir en Irlanda, hasta que el furor anti-católico de los siglos XVI-XVII desbarató los monasterios y eliminó sus bibliotecas.

Eso explicaría el que un bifolio de una copia de Avicena terminara como forro de libros menos importantes…

Por cierto, que el interés por la medicina fue notable entre los médicos irlandeses, conociéndose la práctica médica ligada a ciertas familias (como lo era la erudición histórica, por ej.) y la existencia de obras de tema médico, tanto en latín como en inglés e irlandés, que se usaron hasta el s. XIX por médicos de habla gaélica e inglesa. En esta lista del repertorio CELT se mencionan algunas de ellas.

El fragmento de la copia de Avicena en gaélico ha sido transcrito de forma tentativa por el Prof. Pádraig Ó Macháin (UCC) y se puede ver en este enlace.

Curiosamente, la primera frase que se lee en el fragmento es «…la ciudad llamada Toledo».

El Evangeliario de Lindau


Cubierta trasera del Evangeliario de Lindau (Morgan Library, New York).

Pues resulta que fui a la papelería a comprar unas cosillas y me encontré con que una empresa de material de escritorio tenía a la venta unos cuadernos de notas y agendas que, entre otras preciosidades del diseño, reproducían esa cubierta de libro. Como ya tenía una de sus creaciones (y me ha durado más de 10 años), esperé un poco para poder conseguir esta.

La decoración de entrelazos que rellena los cuarterones entre los brazos de la cruz de la cubierta, me resultaba «familiar»: parecía arte irlandés o al menos, «arte insular» (puesto que algunas de sus manifestaciones se realizaron fuera de Irlanda), así que me puse a investigar, menos mal que en la contraportada de la agenda habia indicaciones útiles.

Así, supe que esa bonita decoración corresponde al evangeliario de Lindau que se hizo en la Alta Edad Media en algún lugar del Sur de Alemania, quizá en la propia abadía de San Gall, un importante centro benedictino, que fue fundado sobre los restos de un oratorio eremítico atribuido a uno de los compañeros del viaje del misionero irlandés San Columbano de Bangor (o de Bobbio).

 

Gall o Galo (que probablemente no sería irlandés, pues su nombre en esta lengua significa precisamente «extranjero», y al parecer Columbano lo llevaba como intérprete de la lengua germánica) debió ser aprenas famoso por llevar una vida eremítica en aquellos temibles bosques llenos de bárbaros germanos. Su nombre se habría olvidado de no ser porque a mediados del s. VIII se levantó en el sitio donde estuvo su eremitorio, una abadía benedictina, del estilo altamente organizado que tenían las fundaciones de esta Regla durante el Imperio Carolingio.

Sankt Gallen, nombre aleman actual del sitio, es una ciudad que siempre vivió en torno a la vieja abadía. Tenía y tiene muchas cosas que contar, entre ellas una famosa biblioteca, en la que se han encontrado desde el s. XIX documentos que muestran las «reliquias» más antiguas de la lengua irlandesa: las Glosas de San Gall. Otras glosas sobre manuscritos latinos, y libros con textos en irlandés antiguo, se han hallado en diferentes enclaves benedictinos de esa región de bosques y lagos, que estuvieron siempre relacionados con Irlanda… aunque de la relación hablaremos otro día.

El Evangeliario de Lindau, se hallaba en poder de una congregación de canónigas de la nobleza llamada «Nuestra Señora Bajo los Tilos» (¡hermoso nombre!) que en el s. XVI todavía poseía el libro. Al ser seculariazado el convento en el s. XIX, la joya quedó en manos de descendientes de la última abadesa, de quienes pasó hasta Nueva York a principios del s. XX, y allí fue adquirido por los creadores de la Biblioteca Morgan, donde hoy se encuentra depositado. 

En el enlace podéis ver un breve video sobre el manuscrito y su decoración. El evangeliario era, por supuesto, un objeto de exhibición y procesión religiosa, no un librito de llevar en el macuto, como los pequeños ejemplares que llevaban los monjes peregrinos irlandeses.

Cubierta frontal

La cubierta frontal es una de las obras cumbre de la Escuela Palatina de Carlos el Calvo, un nieto de Carlomagno que se rodeó de los mejores filósofos, maestros y artistas de su tiempo (segunda mitad del s. IX), entre ellos no pocos irlandeses: Juan Scoto Eriúgena, sin ir más lejos. Esta cubierta muestra una representación de Cristo crucificado en relieve sobre placas de oro, rodeado de evangelistas y ángeles, en cuatro paneles separados, acompañados por un despliegue espectacular de piedras preciosas, quizá en representación simbólica de la Jerusalén Celeste y sus riquezas espirituales.

Sin embargo, la cubierta del libro que ha hecho correr más tinta es la posterior, precisamente por su mezcla de elementos hibérnicos y escandinavos con motivos carolingios e italianos, éstos últimos muy posteriores.

Como se puede ver en la imagen cabecera del post, el motivo decorativo principal es una cruz de brazos iguales y redondeados, en cuyo centro hay un topacio y cuatro pequeños bustos de Cristo en relieve esmaltado, cada uno con una inscripción. Es extraño que no sean los Evangelistas, pero los curadores del Museo los han visto mejor que yo.

Entre los brazos de la cruz están los paneles de plata dorada con entrelazos de animales fantásticos que llaman la atención por su estilo hibérnico/escandinavo, cercano al «estilo Urnes», llamado así por la característica presencia de animales estilizados, tal como los que se hicieron en madera tallada en la magnífica iglesia de madera (stavekirke) de Urnes, en Noruega. En las esquinas de la cubierta, hay 4 relieves de los evangelistas, de estilo Renacentista, que fueron añadidos en el s. XVI.

Página tapiz By Folchard of St Gall (880-900) Morgan Library, New York, Corsair database. Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18580060

El Evangeliario de Lindau posee varias páginas iluminadas con elementos decorativos de raíz hibérnica, como las letras capitales decoradas con entrelazos o las páginas-tapiz aunque el estilo de éstas es lo menos hibérnico de todo, pues tiene cierta impronta oriental (como se ve en el ejemplo a la izquierda). El manuscrito, por lo demás, está incompleto.

La hipótesis que manejan los investigadores es que ambas cubiertas, delantera y posterior, pertenecían a otro manuscrito, desconocido y se reutilizaron para conservar el evangeliario.

El llamado «Soiscéal Mholaise» o «Evangelio de Molaise», un cumdach arquetípico (s. XI). Foto By Ceoil-Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=113495853

En cuanto a la cubierta posterior, cabría la posibilidad de que se tratara de parte de un cumdach o relicario de libro. Es una idea mía, ojo… pero cuadraría con algo reutilizado.

Un cumdach (dil.ie/13903 c: protección, relicario) es una funda de libro, técnicamente una caja, acorde con el tamaño del ejemplar, normalmente de madera recubierta de metal decorado con relieves, entrelazos y medallones. La mayoría de los que se conservan (en Irlanda, y en algún caso, fuera de ella) tienen la parte superior decorada de una manera muy similar a la de Lindau, con ese tipo de cruces, con las 4 espacios entre los brazos de la cruz rellenados con representaciones de evangelistas, entrelazos, esmaltes y alguna piedra preciosa.

Lo cierto es que la mezcla de elementos carolingios (las asombrosas piedras preciosas, las 4 pequeñas representaciónes de Cristo en el centro de la cruz latina) con elementos «insulares» (los esmaltes, los paneles de entrelazos, el estilo de la propia cruz) es muy chocante.

Por eso se ha encuadrado al volumen en el estilo «insular», cuyo arquetipo podrían ser los Evangelios de Lindisfarne o el mismo Libro del Kells (en cuanto a iluminación de manuscritos). El manuscrito de Lindau no es tan llamativo como éste, aunque los fondos en rojo púrpura de algunas de sus «páginas tapiz» transmiten un apabullante aire «imperial», ¿influencia italiana o bizantina? Lo mismo cabe decir de ciertos toques «orientales» como esa página-tapiz con florecillas que veis a la izquierda…

También pueden hacerse paralelismos con las filigranas de oro del Caliz de Ardagh, en cuanto a trabajo sobre metal y esmaltados, que son estrictamente de la misma época que la cubierta de Lindau. Pero la influencia escandinava apuntaría a una obra realmente hecha en Irlanda, por artesanos cualificados y que, al menos algunos de ellos, fuesen de origen étnico escandinavo… lo cual no sería nada extraño para una obra del s. IX/X.

Ahora bien: no hay ningun misterio en que hubiese cosas llevadas y traídas de Irlanda a la Germania del s. VIII o IX. La mayoría de esas abadias benedictinas mantuvieron la curiosa existencia de una cosa llamada «schottenkloster» o «iglesias de Scotos»…. y como el alemán se me da fatal, en una proxima entrada hablaremos de eso.

 





Medb, la protagonista femenina de la tradición irlandesa


J. Fitzpatrick, «The Silver Arm». 1983 (Foto Mujerárbol)

Medb, la protagonista de varios relatos del Ciclo del Ulster, es un poderoso modelo femenino en la literatura medieval irlandesa.

En el desarrollo de ésta asistimos a una evolución del personaje, procedente de un núcleo mitológico de la Edad del Hierro que evoluciona a otro «normalizado», en el que llega hasta nuestros días, objeto de admiración por los Románticos y de estudio por lingüistas, folkloristas e historiadores.

En este resumen de un antiguo trabajo* veremos algunas características de Medb de Crúachan en el contexto literario del Ciclo, concretamente en El Táin, su narración más extensa.

De éste, manejaré la primera redacción (s. XI), poco conocida en España y también la segunda (s. XII), así como otros relatos, en los que el personaje se “redondea” y queda fijado como parte fundamental de la tradición.

El que una mujer cause una guerra es tema antiguo en la literatura tradicional: baste el ejemplo de La Guerra de Troya. Pero en los relatos irlandeses, esa mujer no solo provoca la guerra, sino que es capaz de levantar a tres provincias de Irlanda contra la cuarta (Ulster), y lanzarse a la contienda rodeada por sus aliados, entre quienes destaca un contingente de nativos del mismo territorio amenazado.

La primera aparición de Medb es una inscripción en ógam en la Cueva de Croghan, que recuerda la identidad de Fróech (uno de las primeras víctimas en El Táin). La inscripción se lee «VRACCI MAQVI MEDUUI». El alfabeto ógam (cinco grupos de 5 muescas a un lado, otro, o atravesadas sobre una línea o arista), aparece en inscripciones en Irlanda y Britania entre los siglos V—VII de la Era Común. Testifica la lengua céltica primitiva de las Islas Británicas.

La única tacha es que ese nombre en Croghan aparece con género gramatical masculino… ¿sería un error o nos encontramos ante una inscripción ful? R.A.S. Mac Alister, que la recogió a mediados del s. XX, no quiso pronunciarse sobre esto.

Medb aparece en contexto literario en un sombrío poema de estilo antiguo titulado Conailla Medb Míchuru, es decir: «Gozó Medb de contratos inválidos». Hoy se considera como un resumen de los incidentes básicos del propio Táin. Atribuido a un poeta de la corte de Connacht del siglo VII, el poema ofrece un primer vistazo de la mujer que es Medb: capaz de hacer contratos con hombres de alta categoría sin dar fianzas a cambio de su lealtad, a sabiendas de que ellos saldrán perjudicados. En términos legales/morales ni siquiera un hombre podría actuar así.

Quizá el poema alude a tradiciones antiguas que justifican que gentes de origen Ulaid vivieran en territorios del Sur de Irlanda. Pero es una semilla en la que ya encontramos sucesos del Táin y a alguno de sus grandes héroes: Medb y Ailill, Fergus mac Roech, Conchobar rey del Ulster, así como la búsqueda de un ganado que, en el poema, pertenece a Fergus y causa la muerte de su nieto, Fiacc. En el Táin, quienes mueren son los propios hijos de Fergus.

Según J. Waddell, que sigue a Dumezil en muchas de sus afirmaciones, el terreno mítico del que procede Medb es el de una divinidad femenina de origen indoeuropeo, que representa al territorio, y a la que el candidato a la Realeza ha de desposar en un ritual que fertiliza la tierra. Waddell se apoya en la configuración del personaje que aparece en las distintas redacciones del Táin, teniendo en cuenta que Medb no es una divinidad reconocible por iconografía o epigrafía, sino un personaje de ficción.

El nombre de Medb, según Dumezil, hace referencia a una bebida intoxicante que esa divinidad ofrece a los candidatos, de ahí los muchos maridos y amantes de Medb en el Táin. Quizá esa bebida está relacionada con los vasos y recipientes (casi siempre de materiales valiosos) que se han hallado en Irlanda asociados a sitios de inauguración real (por ejemplo, en Tara, respecto a cuyo lugar de inauguración existe una tradición sobre una «Medb Costado Rojo») y también en contextos funerarios de otros lugares de la Europa Céltica, como el magnífico túmulo de Vix, que es de una mujer.

Pero, desde su primera aparición literaria ¡Medb está ligada a la destrucción, no a la prosperidad de la tierra!

El segundo manuscrito en que aparece la Reina data del s. IX: se trata de Aisling Óengusso. Aunque en este bonito cuento fantástico Medb aparece como simple consorte de Ailill rey de Connacht, ambos se comprometen a destrozar nada menos que los túmulos donde habitan seres Sobrenaturales (los Sídhe), buscando a una muchacha humana “secuestrada” por ellos, de la cual se ha enamorado en sueños el hijo del dios Dagda, Óengus.

Búsqueda y destrucción, otra vez.

La primera redacción del Táin, datada a finales del s. XI, presenta a la Medb destructora. A pesar de lo tosco y lagunar de esta versión literaria, sorprenden las  características de la Reina: independencia emotiva, iniciativa sexual, apariencia fría y fatal, mujer que lleva armas y toma decisiones propias…

Por ejemplo, Medb utiliza sin dudar a su hija Finnabair como cebo en algunas de las escenas de esta redacción. Así, la ofrece como recompensa a cualquiera que se enfrente a Cú Chulainn. Éste, la despacha en uno de los episodios más violentos del cuento («El Encuentro de Cuchulainn y Finnabair»). El escriba del ms. Y de la versión la resucita al final, como garantía de la paz entre Connacht y los Ulates… pese a que la pobre ha muerto ya por segunda vez en el episodio «El Combate Incruento de Rochad», en el mismo manuscrito.

Al parecer, Finnabair es un topónimo del Cúailnge y lo que sucede es que el escriba evoca aquí una tradición local (dindsenchas), que engrandece al personaje al situarlo en el mítico Táin. Waddell se pregunta por los arroyos y ríos que llevan el nombre de Medb o de sus cercanos, que se encuentran próximos a lugares de inauguración real, en cuyas inmediaciones se encontraron depósitos votivos de vasos y recipientes de oro. Aunque se conocen los lugares acuáticos del mundo céltico como sitios liminales con el Más Allá, resulta que ofrendas menos valiosas y más masculinas, como ciertos puñales) se asocian a humedales estáticos, como turberas y estanques naturales (o artificiales). ¿Se identifican éstas (se pregunta Waddell) con “entradas al Otro Mundo”, mientras que las otras, más ricas, se relacionarían con esa divinidad que otorga la Realeza del territorio?

En la guerra del Táin, amigos y enemigos son destruidos o sufren pérdidas dolorosas. Cú Chulainn, el gran héroe Ulate, surcado de múltiples heridas, ha de matar a su amigo Ferdiad. El toro Pardo que se llevan del Ulster como botín, mata al toro Cuernos Blancos de Connacht, antes de morir él mismo en una tremenda escena de destrucción y creación.

Y, ya que he hecho un spoiler del final de esa historia, digamos que Medb es consciente de que la guerra se deriva de un desorden que, aunque ella atiza, se desborda como un río vivo e incontrolable. La guerra es un caos en el que todas las categorías sociales se funden en rojo. Veamos este diálogo entre Medb y su amante, al final de la epopeya:

«Cuando finalmente se marcharon, Medb le dijo a Fergus:

—Hoy se ha visto aquí a grandes y pequeños, Fergus.

—Sucede —dijo Fergus—, como a las manadas de caballos que llevan delante una yegua. A los hombres que van detrás de las nalgas de una mujer que les aconseja mal, se les va la sustancia y son robados y entorpecidos.»

Un poco antes de esto, Cú Chuláinn expresa este mismo caos:

«—La sangre irrumpe en mi corazón; ¡la rabia destruye el mundo!» 

En Táin I asistimos al despliegue de las mejores características de Medb: frialdad emotiva, independencia, dirección de la guerra, etc. Pero la segunda redacción nos presenta al personaje racionalizando su carácter con elementos “lógicos”, que lo convierten en algo más “histórico”, hasta el punto de engañar a cualquiera que no haya leído… alguno de nuestros posts, cosa que sucede mucho.

Tána (Foto Mujerárbol)

El caso es que Táin II normaliza a Medb, dotando a nuestro personaje con motivos “socialmente aceptables” para actuar a su manera.

Mientras Táin I comienza bruscamente con la reunión de las tropas aliadas en Crúachan, Táin II empieza con episodios que nos ponen en antecedentes de lo que va a suceder. Lo primero, una amable charla de pareja: “La conversación de alcoba” (Comhradh Chindcherchaille) entre Ailill y Medb, donde se refuerzan los motivos de ella para ejercer el poder.

Motivos económicos:

«Por quienquiera que te ofenda, te avergüence o te engañe, no tienes derecho a compensación ni a pago de honor, salvo lo que a mí me corresponde -dijo Medb-, porque eres un hombre que depende de los bienes de una mujer».

Como vimos en otro post, una de las principales siete clases legales de matrimonio en Irlanda era la que se establecía con superioridad económica femenina, “pareja en los bienes de una mujer”.

Motivos dinástico-genealógicos:

«[…] mi padre era el Rey Supremo de Irlanda […) y yo era la mejor y más noble [de sus seis hijas]».

Posición política y riqueza:

«Tengo ciento quince mercenarios, hijos de exiliados de su tierra, y otros tantos, hijos de hombres libres nativos de la provincia […], que son mis domésticos permanentes, y por esta razón mi padre me dio uno de los Quintos de Irlanda, o sea, el de Crúachu. Por eso me llaman Medb Crúachna». (Táin II, 16-23).

Y porque ella sí que vale:

(Dice Medb) «Si el hombre con quien me casara fuese celoso, tampoco sería apropiado, pues nunca estuve sin tener un hombre a la sombra de otro» (Táin II, 34-35).

A pesar de palabras tan rotundas, hace sonreír más lo “tontete” que es Ailill. En Táin I se captan bien la ironía y la sátira, mientras que Táin II las estorba con su barroquismo. Hay una escena en Táin I en la que la hueste de Connacht se pierde buscando el camino que lleva a Cúailnge. Fergus debería mostrarles la ruta adecuada, pero se queda atrás, entretenido con cosas más interesantes.

Vemos lo que sucede a través de una picardía de Ailill:

«Ailill dijo entonces a su auriga, Cuillius: —Ve a acechar a Medb y a Fergus, porque no sé qué les lleva a estar siempre juntos y me gustaría que me trajeras una prueba. Cuillius llegó cuando estaban en Cluichre […] Se acercó a ellos y no se dieron cuenta del fisgón. Sucedió que la espada de Fergus quedaba cerca de Cuillius, y él la sacó de su funda, dejando la funda vacía. Luego, Cuillius volvió donde Ailill. (…)».

—Eso es conveniente por parte de ella -dijo Ailill-, porque lo hace para ayudarnos a llevar el ganado».

A partir de aquí se desarrolla un motivo simbólico: Fergus carece de espada y ha de llevar una de madera para disimular, soportando las puyas de Ailill cada vez que se encuentran. Se juega con el simbolismo sexual de la espada y con la impotencia de Fergus, semejante a la de Ailill.

Medb adquiere en las dos versiones del Táin un peso que ha llevado a los más entusiastas a pensar que podría tratarse de un modelo real. Habría que excavar mucho, y no solo en los manuscritos. El panorama legal que dibujan las Leyes Irlandesas, aunque se redactaron mucho después de Táin I, sitúa los derechos de la mujer muy por debajo del nivel-Medb, pero dibuja un personaje bastante atractivo.

La influencia eclesiástica pudo tener algo que ver en las diferencias, pero… Pero de ese asunto nos ocuparemos en otro post.


(*) Carmen Leal Soria: «Medb, modelo de mujer emprendedora en la literatura irlandesa«, publicado en: Mujeres, amor y poder. Versos y prosas para una definición de la mujer a través de la Historia. Actas del I Congreso de la Asociación de Jóvenes Historiadores de Cantabria. Santander, 1999. Todas las referencias a la primera redacción del Táin proceden de: Carmen Leal Soria, El Saqueo del Ganado de Cuailnge (Cuadernos de Estrata nº 3, 2008).

Las de la segunda redacción: Cecile O’Rahilly, Táin Bó Cúailnge from the Book of Leinster, DIAS, Dublín, 1984.

Otras lecturas:

  • OLMSTED, G.: «The earliest narrative version of the Táin: seventh-century poetic references to Táin Bó Cúalnge», en Emania, nº 10 (1992), 5-17.
  • WADDELL, J. “Archaeology and celtic myth”, Dublín, 2015.