Etiqueta: Irlanda

El tiempo raya las almas


El otro día sufrí un shock al adentrarme (via google maps) en lo que fue “mi pueblo” irlandés.

Anduve por el Street View como loca por encontrar algo conocido, pero casi me fue imposible. Si tomaba distancia, lo que veía era un pulpo de urbanización alocada, casas todas idénticas, desparramadas en postura inverosimil sobre el “mapa” como un reguero de mierda. ¡Tenía que encontrar algo visualmente conocido! Seguir leyendo “El tiempo raya las almas”

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Book of Kells: History of world’s most famous medieval manuscript rewritten after dramatic new research | The Independent


S. Juan, en el Libro de Kells. (Board of Trinity Coll.)

La Paleografía y un buen ojo pueden dar sorpresas en todo manuscrito, más cuando es muy conocido.

En este caso el manuscrito es el Evangeliario de Kells (los Cuatro Canónicos). En el artículo de abajo -en inglés- se da cuenta de recientes investigaciones acerca de la actividad de sus varios escribas y el hecho de que no fue concebido como un solo libro. Tradicionalmente, los evangelios podían presentarse en libros separados, y así podían ser utilizados en distintos momentos del ciclo litúrgico.

Eso sí: me da en la nariz que no solamente para los irlandeses era más importante Juan que los otros evangelistas. Y desde luego, no era porque (supuestamente, según la tradición) viviera en Éfeso y ésta fuera una ciudad muy importante para los primeros Cristianos. Tenía algo que ver con los calendarios, pero no solamente los de Pascua… Y si no, se lo pregunten a Beato de Liébana.

Seguir leyendo (en inglés) y después os enlazo una cosita acerca de textos y de evangelios… Seguir leyendo “Book of Kells: History of world’s most famous medieval manuscript rewritten after dramatic new research | The Independent”

Glendalough


Sin duda uno de los sitios de Irlanda más visitados por los turistas, aunque no todos llegan a los varios rincones que hay que ver.

Christiaan Corlett, que formaba parte del Club de Arqueologia en los años que yo estudiaba allí y siempre tomaba el papel de guía de sus estupendas -y divertidas- excursiones, ha sacado un libro con ilustraciones y contenido sobre la historia, las leyendas y los detalles de este maravilloso lugar. Para los que no hayan visitado Irlanda aún o no se atrevan por el clima, se lo recomiendo. Para los que vayan a ir pronto, también.

Y pra los que ni una cosa ni la otra, el video promocional del libro, presentado por la sugestiva voz de Christiaan.

Coinsidensias


Estaba ojeando la página de “Un poco de Ciencia por favor“, que generalmente a altas horas de la noche, trae  a Facebook noticias acerca de distintos campos de la Ciencia, algunos de los cuales me gusta mucho conocer, astronomía sobre todo.

Esta vez era una historia sobre una de las primeras máquinas computadoras, una calculadora de trayectorias de artillería, que estuvo en funcionamiento en los EE.UU en los años de la Segunda Guerra Mundial. Un camajuste más grande que mi casa, que tenía poco que ver con los actuales ordenadores, algo así como su bisabuelo. Eso sí, terriblemente útil en su momento.

Ellas y el camajuste (Fuente: mujeresconciencia)

Bueno: resultaba que las encargadas de conectar y establecer los programas del computador mediante conexiones eran mujeres, todas ellas escogidas por sus conocimientos de  matematicas (“computers”) y contratadas por el ejercito americano en aquellos días de tanta necesidad de mano de obra. Sus nombres y trayectorias, vitales y profesionales, se explican en esta página.

Como ya había leído sobre otras computers anteriores (astronomía de principio del siglo XX) me llamó la atención el concepto de su trabajo.

Miren vds. mi ojo fue derechito a una que tenía un apellido sonoro, McNulty (mac an Ultaigh: “descendiente de uno del Ulster”). Mi ojo irlandés sigue jugándome estas pasadas para descubrir cosas curiosas.

¡Y tan sonoro que era el nombre, y tan Ulaid! 

Resulta que la señora Mc Nulty era hablante nativa de gaélico (era de Donegal), y que a lo largo de su vida conservó el idioma a través de las oraciones aprendidas en la infancia.

Kay McNulty Mauchly Antonelli
Kay McNulty, Photo by Zebbie, 1945. Wikimedia Commons.
En cuanto al currículum de esta mujer -Kathleen Rita McNulty Maulchy Antonelli, los dos ultimos son apellidos de casada- y su trabajo en el ENIAC  es asombroso, aunque ella pensó, y así lo declaraba, que su preparación matemática no alcanzaría para el trabajo que le fue encomendado.

Una, que hace sumas a la cuenta de la vieja y no sabe calcular un tanto por ciento sin una calculadora, se quitaría el cráneo ante esta emigrante irlandesa.

Invenciones y realidad II


Algunos han preguntado si el mapa de Tethba que aparecía en la anterior entrada era el que iba a ir en el prólogo de la novela.

La respuesta es no, por eso agregué la fuente de donde está tomado (uno de esos olvidos míos). Solo es una ilustración del blog, y ha sido una de mis fuentes consultadas.

Reconstrucción del puente sobre el Shannon cerca de Clonmacnois. S. IX-X

Además, la geografía de la historia de “Un cuervo en la nieve” es casi inventada. Casi, porque lo narrado es ficción (aunque no imposible) ni es una guía de viajes, obviamente. Había que inventarse caminos, canales y puertos.

Lo que no se puede inventar es el hecho de que en la Irlanda de 1100 no existía ls misma concepción acerca de “territorios” y “fronteras” (éstas siempre deudoras de accidentes geográficos) que la que estamos acotumbrados en nuestra propia Historia. Los territorios llevaban nombres de gentes, como si dijéramos hoy que “ir a Granada” fuese “ir a los Nazaríes”, o que Asturias es “Los Vadinienses de arriba”. Seguir leyendo “Invenciones y realidad II”

Nos queda Inisfree


 

 

Un artículo de Pedro Gª Cuartango en 2014

NOS QUEDA INISFREE

Le escuché decir una vez a José Luis Garci que hay películas que salvan la vida y una de ellas es El hombre tranquilo de John Ford. Yo recomendaría que si hay alguien tentado a suicidarse, viera este film que expresa el fulgor deslumbrante de la existencia, ese esplendor en la hierba del que hablaba el poeta y que permanece siempre en el recuerdo.
Innisfree, el paraíso autobiográfico creado por Ford, está hoy de luto por la muerte de Maureen O´Hara, que, a los 95 años, deja esta mundo, rodeada de una numerosa descendencia como nos imaginamos a Mary Kate Danaher, la apasionada pelirroja de la película que surge ante la cámara como una aparición sobrenatural en la verde Irlanda de nuestros sueños.
Hay una docena de escenas memorables en esta película de culto, pero la que más me gusta es cuando Mary le dice a su ya marido, el ex boxeador encarnado por John Wayne, que no será suya si no consigue la dote familiar que representa “300 años de sueños”. Mary cierra la puerta del dormitorio y Wayne la tira de una patada y le dice a su mujer que no habrá ningún cerrojo ni puerta que se interponga entre ellos, Luego la besa con pasión y la tira a la cama, vestida con el traje de boda. Tras ello, abandona la casa con expresión torva. Ella suspira en el lecho y llora amargamente.

Maureen O’ Hara hizo unas cuantas películas más con Ford, pero no consiguió jamás igualar la intensidad de esta interpretación, llena de fuerza y sensualidad, porque Mary Kate es la mujer salvaje, a la que sólo puede conquistar un hombre con una voluntad indomable como el boxeador recién llegado a Innisfree.
Ford rodó está película en 1952, cuando su carrera entraba ya en la recta final. Era un homenaje a sus dos padres de origen gaélico y a la infancia que le hubiera gustado tener en Irlanda. Durante más de 30 años, estuvo recreando en su interior este Innisfree imaginario que se ha convertido en la patria de los que amamos el cine.
Siempre nos quedará la expresión de Maureen O’Hara cuando Wayne va a pedir su mano y siempre nos quedarán las verdes praderas de Innisfree y la casa familiar llena de flores, un oasis de felicidad mientras la tormenta arrecia en el exterior.
Siempre que veo esta película, siento que el mundo es mucho mejor y que nunca es tarde para disfrutar de los momentos que nos ofrece la vida, sea una cena con unos amigos, un buen vino, un atardecer o las pequeñas cosas de la rutina diaria que nos hacen sentirnos bien.
A diferencia de Ford, yo sí he vivido en Innisfree. He tenido una infancia enormemente feliz en Miranda, jugando a orillas del Ebro y disfrutando del amor de mis padres. Teníamos un modesto bienestar material, pero gozábamos de todos los placeres de una vida sencilla, en contacto con la naturaleza. Todavía sueño con el olor del río, con las nieves de invierno y con la espesa niebla que envolvía una ciudad que parecía fuera del mundo.
Las imágenes de la infancia, el furor del Ebro en las crecidas, la estación de Miranda y el recuerdo de mi madre sentada en un banco del parque me transportan a mi Innisfree particular en el que Mary Kate aguarda bajo el dintel que su marido vuelva a la hora de la cena.

(Pedro García Cuartango, en 2014).