Leer y escribir


By Rene Asmussen, from Pexels

El ser humano que me inculcó el cariño por la lectura (he dicho cariño y no “amor” y “lectura”, no libros) fue un hombre al que sus padres sacaron de la escuela para cuidar cabras. Era mi padre. Trabajaba en los trenes, en las maniobras, enganchando y desenganchando convoyes.

De pequeña, me sentaba en las rodillas y me leía (o fingía que me leía) las aventuras de La Familia Ulises del TBO. Más tarde, traía de la Cuesta de Moyano paquetes de libros comprados al peso por unas pesetas, la mayoría eran ejemplares de “Selecciones del Reader’s Digest”, que eran mi delicia, mi inspiración y mi pequeño mundo en una casuca de corrala con paredes de tapial y sin agua corriente.

Mi padre nos leía los periódicos de entonces -estábamos en los Planes de Desarrollo de la Dictadura- y lo hacía con el tonillo del pregonero de alguna aldea remota, y terminaba diciendo “¡todo mentira!” y nos reíamos mucho con sus interpretaciones creativas de las noticias del día.

Así que cuando fui al cole, ya sabía leer “de carrerilla” lo que me pusieran por delante, y hasta dar algunas explicaciones sobre el significado de lo leído. Y tenía una libreta (sacada de alguna estación ferroviaria en trance de vaciarse) donde “escribía” historias de “accidentes”: iban unos ciclistas por una cuesta y uno se caía, ¡patapum!. Y estaba encargada de escribir las cartas a la familia dispersa por toda España, y de redactar la lista de la compra en el economato ferroviario.

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¡Con la de libros que hay que leer!


Empiezo a estar un poquito harta de noticias “de actualidad”.

Las fantasmadas del Gobierno; las bobaducas de la ideología supuestamente femenina, que flotan en medio del escándalo de los chillidos de la prensa; el que si sí o que si no de elecciones acá y acullá, votaciones que solo son buenas y acertadísimas cuando gana la parte que le gusta al poder, como si los votantes fuéramos tontos; el tostonazo de los nazis catalazis, con hp de xenofobia; las baladas de los nostálgicos de cosas que no vivieron, igual del franquismo cutre que del luminoso, de la República idílica que de la sangrienta. El fin del mundo en bicicleta y/o patinete.

Claro que no quiero abandonarme entre las musarañas literarias. Hay un montón de libros (en especial libros virtuales) en mi lista de pendientes: ensayos históricos, novelas y cuentos, relatos breves y micros. Aparte del trabajo por hacer… No sé cuantas páginas llevo escritas y de todos modos, eso no es relevante para el objetivo. Pero precisamente ahora, me doy de bruces con la realidad que podría resumirse en esta frase: “cuanto más graciosetes, los españoles somos más memos”. Así, queda descartado el tuiter y gran parte de facebús. He ampliado el horario de bloqueo y busco aún la app definitiva que me lo bloquee sin poder eludirlo y lo abra una sola vez al día.

No veo la tele. No leo periódicos, aunque me dé un garbeo por los virtuales, que también tendré que bloquear porque raro es el que se sale de la norma.

Leer novelas que merecen la pena, muy pocas “negras” por cierto. En todo caso, coloradas. Leer articulistas que me gustan, como el Fernando Aramburu que traigo por aquí de cuando en cuando. Los imprescindibles de Savater, y algún blog ajeno de los de mi lista.

Encarrilar la promoción de mi libro. Helarme por la mañana temprano en el JdelP intentando a solas un ritmo de legionario paticorto para quemar grasillas y hieles negras. Familia, amigos y escritura… y que se salve el que pueda.

Eso es lo que os deseo para el año que viene: ¡Sálvese el que pueda!

 

 

 

¿Libros contra videojuegos?


Me apunto a la última frase, melancólica, como otoñal.

Qué inmensa fortuna, al fin y al cabo, haber nacido en una época y en un lugar del planeta en los que podemos elegir entre tan diversas formas de placer.

(Lean entero este artículo de El Español, por David Jiménez Torres)

En retrospectiva, lo que sucedió en Madrid el pasado fin de semana parece diseñado por algún apocalíptico de la cultura. En la capital coincidieron dos grandes eventos: el Festival Eñe -uno de los festivales literarios más importantes del año- y el Madrid Games Week -una gigantesca feria de videojuegos-.

Origen: ¿Libros contra videojuegos?

Moquero


Aproximadamente

Llevo unos cuantos días sin postear, pero no sin dejar de escribir en las otras webs donde tengo contenidos relativos a mi libro. No asustarse (que diría Lola Flores) es que tengo un catarrazo de aqui te espero.

He terminado ya el curso sobre el Libro de Kells y solo espero mejorar un poco de ánimo para subir a Cantabria a mirar pasar las olas y llevar a cabo una acción de promo de la novela -es pronto aun para desvelar cuál.

A los visitantes y asíduos os recuerdo que podéis daros una vuelta por mi web de autor para comprobar si hay nuevos contenidos en el blog de la novela (que los hay), o para animaros a comprar un ejemplar físico del libro a los que no lo tengáis.

Mientras tanto… Pásame el moquero, Pepeluí.

Parrafada


Feo

Cada vez me preocupa más el rumbo que esta tomando mi país. Su cultura, su sociedad, su política… y su día a día.

Veo jubilados hartos de “más de lo mismo”, con todo lo que han trabajado para que las nuevas generaciones (sus hijos y nietos, o sea nosotros) tengan algo de estabilidad. Veo gente agobiada por impuestos que gravan todo lo pensable para “los ricos”… que ahora resulta que también somos nosotros: los que a lo mejor tenemos un coche diesel, los que tienen pequeños negocios, los que después de duros años de hipoteca queremos sacarle un rendimiento a nuestra propiedad inmueble. También somos nosotros los que pagamos el postureo gubernamental en materia energética, ya de por sí cara. Y nosotros los que nos encontramos cada vez con servicios públicos peores, mientras los políticos impiden que haya servicios -así sean privados- más baratos.

En fin, siempre nosotros, pagando el pato. Sigue leyendo “Parrafada”