Mono-micos


Estoy siguiendo un cursito de ilustración creativa por esos mundos virtuales de (algún) dios. Les dejo unos cuantos «monos».

Quiero probar cómo subir imágenes previamente editadas (quiero decir «aseadas») sin dar tantas vueltas como hago hasta ahora… La verdad es que gasto más tiempo subiendo las imágenes al foro del curso que haciendo los ejercicios. ¡Y eso me reconcommme!

Sin contar el tiempo que pierdes luego, borrando las pruebas de edición que no vas a necesitar. Mucha facilitación de «compartir» y luego resulta que las apps y sus dueños si no compartes como y por donde ellos te dicen que compartas, no puedes compartir, a menos que te vuelvas mico y jures en arameo (nephchomhtetharrachtae!!).

Deben existir en el mundo trillones de imágenes estúpidas (que no son sino copias hechas para editar, además de la copia definitiva) almacenadas en los telefoninos y las grrrtabletsgrrr… Y sin embargo ESA foto que quieres mostrar a todo quisque, no hay manera de compartirla si no das 14 vueltas.

¡Bueh! Va una galería pequeñita: pinchen en las afotitos.

Cuando venga el Rey


relatosmagar.com

Cuando Venga el Rey. Luis Carlos Castañeda González, (mayo 2020).

Confieso que me descoloqué un poco nada más abrir el libro, porque comienza hablando de la calle O’Daly, y como la portada es una imagen de la isla de San Miguel in Skellig (Condado Kerry) temía abrir el libro y que se me derramase Irlanda encima de las zapatillas. Pero no, se trata de una portada que no hace justicia al libro que envuelve.

Al finalizar la lectura, comprendí que nada en absoluto debía la isla del relato al islote de San Miguel in Skellig… a pesar de que uno de los protagonistas principales es un emigrante irlandés.

Porque la isla de «Cuando venga el Rey» está adornada por el autor con tales y tan ricos detalles de olor, color, clima y, sobre todo, de habitantes y sucesos, que hasta puede parecer situada en un país imaginario. Y lo está: en el del autor.

¡Y esa es la esencia de este libro, la fantasía!
El realismo fantástico es un género que no solamente tiene elementos verdaderamente fantásticos (por ejemplo, los seres llenos de negrura que aparecen en momentos desgarradores de la trama de esta novela) sino porque se dota a esa fantasía de una realidad (los adelantos tecnológicos, las guerras del s. XIX, las duras condiciones de vida cuidadosamente fantaseadas) que ha terminado por incluir a esta novela en la «ficción histórica», cuando la verdad es que se trata de pura ficción, pero tan bien hecha que parece realidad.
Por eso yo prefiero pensar que lo único real de «Cuando venga el Rey» es la visita de Alfonso XIII a la isla, ¿cuál isla? San Miguel de Skellig, no.
La fluidez de la escritura del autor, sus expresiones propias de Canarias, como nombres de árboles, de elementos del paisaje, de repostería, de objetos, etc. son un placer.
La trama, que abarca varios años, desde principios del s. XIX hasta que se produce el hecho histórico de la visita del Rey, se inicia con la aparición del cadáver de un hombre notable de la isla… y se describen hacia atrás las causas de su muerte (soprendentes), creando una maravillosa trama de amores que se remontan hacia atrás en el tiempo.
Una lectura rica, entretejida con momentos poéticos y también muy divertidos, gracias a la mano de un escritor novel, pero que debe llevar haciendo gimnasia literaria mucho tiempo, porque si no, no habría llegado a acertar en esa exquisita combinación que le ha valido el Premio Literario Amazon de este año.
Recomendabilísimo, aunque yo pediría que la próxima edición, se busque para ilustrar la portada una isla más irreal (¿quizá La Palma?) que no ese cacho de piedra del condado de Kerry.

[Fotos] Paseando la ciudad con…


¡Como me gustan las fotos en blanco y negro de este señor! (y más cuando son de una ciudad que conozco poco y debería conocer más).

Aquellas Olympus, las hay también de otras marcas, pero menos populares, de las que obtenías 72 fotos de un carrete de 36. No hay milagros. Simplemente, cada negativo era la mitad de los “normales”. Pero siendo cámara de tamaño muy contenido y con tantas fotos por rollo, las puedes llevar durante días en la mochila, […]

[Fotos] Paseando la ciudad con los “interminables” rollos de medio fotograma

Entrada atrasada


cerradura, románico
S. Cecilia de Valdespinoso, detalle.

Me he encontrado estas fotos al adquirir un lector de tarjetas de memoria para «sacar» más fácilmente las fotos de mi Canon, porque sacarlas mediante la correspondiente app se ha vuelto aventura-que-va-para-largo, incompatible con el sistema del monitor de mi pc. ¡Queremos velocidad!

La de la puerta es de al menos 2016 y a otra de 2017. Las dos últimas de abajo son de ayer mismo, que hubo festival gatuno en el tejado de enfrente y festival de colores en el de atrás.

Algo con lo que entretener el día de hoy, frío y desapacible, y lo que es peor: todavía griposo.

(Actualización 5 Diciembre: parece mentira, pero sigo tosiendo, ¡maldita asma! Frío y desapacible hasta ayer).

Muchos nueves


El 9-9-2019 he cerrado una etapa. ¡Cuántos nueves!

No lo he sabido hasta esta tarde, que llegué a la puerta de casa cargada con documentos, firmas y papeleos. Entonces, me he dado cuenta de que han pasado diecinueve años así, como de golpe, ¡blam! Sí, me he sentido más mayor.

He dejado atrás cosas, como si fueran viejos cordones, gurruños administrativos, rutinas de principio de mes y de periodo de tributación de Hacienda, cabreos, dolores de cabeza, asmas… y recuerdos. Los sintetizo en esta

pequeña galería.

El gato figura en ella: era (y sigue siendo) muy aficionado a fisgar por las ventanas.

No sé por qué me he centrado en las ventanas. En el trocito de cielo + tejados que se veían desde aquella ventana, por la que dudo que vuelva a mirar. Sin embargo, mi fantasma es posible que aún ronde por aquellas escaleras, igual que el de Pangur, aunque tanto uno como otra seguimos aún vivos… y coleando.

Ya veo una cosa mejor que he conquistado: un campo más amplio de visión del cielo.