Categoría: Asombro

Músicamadera


Un interesante experimento con rodajas de madera de distintos árboles, cuyos surcos cronológicos son traducidos a música siguiendo una regla, que el autor del experimento, Bartholomäus Traubeck, explica aquí:

A tree’s year rings are analysed for their strength, thickness and rate of growth. This data serves as basis for a generative process that outputs piano music. It is mapped to a scale which is again defined by the overall appearance of the wood (ranging from dark to light and from strong texture to light texture). The foundation for the music is certainly found in the defined ruleset of programming and hardware setup, but the data acquired from every tree interprets this ruleset very differently.

El caso es que el producto me recuerda mucho el sonido de algunas de las piezas minimalistas de Arvo Pärt. Especialmente la que es interpretada por el fresno, que me recuerda a Fur Alina 1976.

En este enlace, en el website del autor, podemos escuchar la misma “regla” interpretada por varios árboles, aliso, roble, arce, etc. Pinchad en el reproductor (scroll abajo) y escucharéis siete piezas, cada una a cargo de un árbol distinto.

A mi me parece que se puede apreciar algo de la “cualidad” de cada uno: el fresno tiene fuerza, el arce es más tenue, el aliso más ligero… A Mujerárbol le ha encantado.

Anuncios

 

LLUVIAS

Ocurre así
la lluvia
comienza un pausado silabeo
en los lindos claros de bosque
donde el sol trisca y va juntando
las lentas sílabas y entonces
suelta la cantinela

así principian esas lluvias inmemoriales
de voz quejumbrosa
que hablan de edades primitivas
y arrullan generaciones
y siguen narrando catástrofes
y glorias
y poderosas germinaciones
cataclismos
diluvios
hundimientos de pueblos y razas
de ciudades
lluvias que vienen del fondo de milenios
con sus insidiosas canciones
su palabra germinal que hechiza y envuelve
y sus fluidas rejas innumerables
que pueden ser prisiones
o arpas
o liras

pero de pronto
se vuelven risueñas y esbeltas
danzan
pueblan la tierra de hojas grandes
lujosas
de flores
y de una alegría menuda y tierna

con palabra húmedas
embaidoras
nos hablan de países maravillosos
y de que los ríos bajan del cielo

olvidamos su treno
y las amamos entonces porque son dóciles
y nos ayudan
y fertilizan la ancha tierra
la tierra negra
y verde
y dorada.

 

Aurelio Arturo, poeta colombiano.

En este poema que viene de tan lejos, hay muchas de las cosas por las que una echa de menos las lluvias. Muy de menos.

Poema


No he estado nunca solo. Siempre estuve
rodeado de amor. Tranquilamente
me dejaba querer: quiso la gente
—no sé por qué— tenerme en una nube
muy blanda de cariño. Yo flotaba
de mi madre a un amigo, de mi hermano
al recuerdo de un verso, del verano
a aquel silencio en el que Dios me hablaba.
Pero quise estar solo y ser más hondo.
Crispé los puños, apreté la boca
y huí de los demás como una roca
que se suelta en un pozo. Y vi, en el fondo,
lo que busqué: a mí mismo, esta mirada
girando en espiral hacia la nada.

(Enrique García Máiquez, Autobiografía, Sevilla 2004)

Muziquita, otra vez


Alguien que en sus tiempos cantaba a dúo, nos presentó esta banda de jazz de Barcelona, donde tocan y cantan algunas chavalucas deliciosamente maravillosas. Mira que a mi me dan grima los “kids” talentosos -de verdad, mucha grima- pero esto… esto es otra cosa.

Por lo que dice el señor del dúo, alguna de las chicas ya están volando solas como cantantes. Las instrumentistas, para quitarse el sombrero. Un poquito de luz en estos días oscuros de sol sofocante. Guau, guau y re-guau.