Alabí, alabá…


¿Tetuan o la Edad Media? (Foto todocoleccion)

Este artículo me ha encantado por el contenido, porque habla de palabras de nuestra infancia, palabras que vienen de nuestro más antiguo acervo. Frases que hemos usado en momento emocionantes, juegos de palabras y cancioncillas sin sustancia… de origen remotísimo.

Su origen está otro idioma, que convivió en los mismos pañales que el nuestro, en un momento crucial de nuestra Historia (no digo ni bueno ni malo: la Historia cuenta lo que tiene que contar, no lo hace la Mujerárbol). Momento de mezcla y discriminación, de contacto a muchos niveles: bajo, medio, alto… De los que iban y venían y de los que se quedaban. De quienes mandaban y de quienes obedecían.

No me es desconocido el que algunas palabras o incluso frases se hayan convertido en remoquetes, en frases mágicas “sin significado”, como en los juegos de los niños. Se dice (y en algunos casos se puede comprobar fehacientemente), que hay estribillos de canciones irlandesas en inglés que en realidad están en la lengua nativa de Irlanda, sin que quienes construyeron la canción se dieran cuenta de ello: la distancia entre las dos lengua aseguraba el encubrimiento. Yo misma he estudiado casos de algunos topónimos irlandeses a los que les pasa lo mismo (y eso que en algún caso “cantaban” un origen latin/eclesiástico, como Nobber).

De los topónimos españoles les pasa a muchísimos, porque ha habido muchas lenguas en nuestros orígenes… y casi ninguna ha quedado para hacer comparaciones. Encima, tales comparaciones suelen ser odiosas por lo equívocas, como el caso que se cita de nada menos que Madrid.Pero vuelvo a la infancia.

El uso de “amante” significando “querido” yo lo escuché siendo muy pequeña, en Aragón precisamente. Esa palabra tan hermosa nos la decía continuamente una viejuca, de la que también aprendí la palabra “camajuste”, porque yo era todo oídos para las palabras insólitas. “Camajuste” ya no significaba en la parla de aquel pueblo lo que significaba originalmente (una parte de un arado de cama; cama = céltico) sino un cacharro aparatoso, un estorbo material. ¡Menudo camajuste!

Así es como heredamos palabras. Disfrazándolas más o menos.

Fofo: El País

También merece la pena el que se desvele que ese “árabe” no es el de los libros sagrados, ni el las grandes epopeyas, ni el los delicados poemas, sino el de los actos pequeños de la vida cotidiana: las bodas, las nanas, los juegos. El de los arrieros, los albañiles, los mestizos, los cristianos (hispanos o no hispanos, que de todo había) y el de los hispanomusulmanes.

Y aunque en algún caso el hallazgo del Académico parezca un poquito rebuscado, me gusta mucho lo del arroz y la Catalina.

 

 

 

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