De la pasada Semana y Jorge Bustos

Pero el Viernes Santo, se tenga o no fe, debiera ser la ocasión anual para mirar a los vertiginosos ojos claros de la muerte. No por morboso pasatiempo, ni necesariamente por católico precepto, sino incluso por sensatez pagana, para celebrar la certeza consoladora de Epicuro: la muerte no me importa porque cuando estoy yo, no está ella, y cuando está, entonces ya no estoy yo.

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