24-03-2017


Los efectos colaterales del terrorismo son inmensos. A la vista pareada del cubo de lejía y de los honores, ciertamente complejos, que las portadas de los periódicos rinden al ex asesino McGuinness surge, por ejemplo, uno catastrófico. Esta convicción, obvia, pero tan obscena e insoportablemente representada en este caso, de que la vida moral no tiene premio. Y la instrucción consiguiente de que, por lo que pudiera pasar, no hay que perder un minuto en nada que no esté regido por el principio del placer individual. ¡Caiga quien caiga! Es así también (cerebros, vísceras, huesos al margen) como la onda expansiva terrorista desintegra.

(Arcadi Espada, en El Mundo)

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