Teaser III


 

Con la indiscreción que le daba el ser alto y no llevar tonsura, ni siquiera un cubrecabezas como los verdaderos monjes, sino solamente la vestimenta blancuzca de los Céli Dé y una capa de lana parda, pasó por entre los que no iban a quedarse, y buscó en el atrio el lugar reservado para la asamblea. Unos monjes estaban terminando de situar los bancos para quienes la presidirían y de extender un tapiz sobre una mampara móvil, que haría más reducido el gran espacio de la Damliag para los asistentes.

La Damliag, la Casa de Piedra, era el templo más grande del monasterio. Sus gruesas paredes encaladas y los techos muy altos, formaban una ancha nave en cuyo extremo oriental se encontraban el altar y un estrecho presbiterio, separados del recinto de los fieles por una cancela de lado a lado, que podía plegarse por partes, según las necesidades. Por costumbre, la llamaban el iconostasio, pero las pocas imágenes que quedaban ya eran muy antiguas, pues escaseaban los artesanos capaces de restaurarlas. Algunas veces, se colgaban en la mampara tapices con maravillosos colores, para que la madera labrada no pareciese tan triste, pues no era difícil ver el polvo acumulado en sus complejos entrelazos tallados, y la falta de barniz y de color que padecían.

La Damliag nunca se conoció por otro nombre que ese, la Casa de Piedra. Se construyó doscientos años antes, gracias a la ayuda del Rey Supremo Flann de Mide, “el del Sinnan “, cuyos descendientes aun guardaban amistad con el monasterio. No era exagerado, por tanto, el que la llamaran “basílica”, pues había sido erigida bajo los auspicios de un Rey. Pero en aquel tiempo los fieles que se reunían en ella eran mucho más numerosos que los que lo hacían ahora.

Máel Muire contempló la exagerada amplitud de la nave, que se había vaciado de público en pocos instantes. Estaba dividida en tres espacios por medio de vallas bajas, que iban desde el iconostasio hasta el atrio. Por el pasillo del centro, los diáconos distribuían el Pan Bendito a los fieles en los días de mayor afluencia. Cuando las puertas estaban abiertas, la luz exterior colmaba gran parte de la nave, pero en cuanto se cerraban, la penumbra era impresionante. Solamente pequeños huecos en el muro dejaban penetrar algo de luz. Las tres ventanas, una al Este y dos al Sur, no alcanzaban a iluminar toda la nave, por lo que numerosas lámparas colgantes, que reflejaban los matices del vidrio y del metal por el suelo y por las paredes, estaban siempre encendidas y daban un aire de irrealidad al espacio. De todos modos, nada podía esconder las humedades que habían aparecido bajo los estribos que soportaban la cubierta.

Ese detalle, le recordó a Máel Muire el seco desplante de su tío Cormac, después de una Misa de la Navidad, cuando le dijo a Fogartach que, si él fuera abad, ya habría quitado las tejas de madera y puesto unas de cerámica.

A pesar de que era una sugerencia razonable, el descaro con el que Cormac la había expuesto le hacía sonrojarse.

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3 comentarios sobre “Teaser III

    1. Dª. Vie: No hay más que los que se ven en la sección “work in progress.” Estamos en los útimos retoques y buscando un lector desapasionado que nos dé el punto de vista de… un lector desapasionado. La idea es que ya para Navidad la cosa esté lista para decidir como le damos salida. ¡Gracia por leer!

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