Teaser 2


Viking reenactor. By Kai-Erik 156 Haithabu 24-08-2008 (Via Pinterest)

  Sitric mac Conmedha acariciaba la espalda de la mujer como si fuera la de un gato, que se estira y ronronea bajo la mano de su dueño. Aún estaba perturbado por lo que acababa de soñar, pero el calor y el olor de Emnat eran un agradable refugio contra el espanto que le había producido la pesadilla. Además, ¿cómo no iba a gustarle la sensación de poderío y vigor juvenil que le embargaba cada vez que estaba entre sus brazos?
       Ella era una mujer ancha y tierna como un pan. No era ni mucho menos una jovencita, pues ya tenía dos hijos. Por su parte, él ya había llegado a la cincuentena; pero donde hubo fuego, siempre quedan rescoldos. El que Emnat menudeara sus visitas a la casa de sus hermanos de leche mientras su marido, uno de los dueños de ganado que vivían arrendados en las tierras del clan, estaba enzarzado en sus asuntos, propició el que los dos que se habían criado juntos, volvieran a tentar los placeres de la juventud.
Le importaba poco que por ese motivo las siervas lanzaran miradas de reojo y risitas cuando Emnat entraba en casa, o que los hombres de la familia hicieran bromas pesadas. Le daban lo mismo, a menos que las insinuaciones vinieran de su suegro, a quien tapaba la boca con solo preguntarle por alguna de las apetitosas tierras con las que había pagado la compra de su esposa. ¡Bueno…! ¿Y ella? Ella no se quejaba de nada, al menos delante de los Meic Conmedha. Como muchas mujeres, aguantaba sin pestañear el que su marido tuviera amoríos con otras, mientras no echara a perder la herencia de sus hijos. Así que Sitric no tenía especial cuidado ni disimulo: ¡es asunto de un hombre en qué yunque pone su hierro a batir!
       Él era grande y musculoso, de cejas tan rubias que parecían blancas y que subrayaban una frente ancha, rematada por una mata de pelo rojizo que lo asemejaban a la gente de su familia materna. Cumedha se había casado tres veces y la madre de Sitric fue la esposa principal. Procedía de aquellos extranjeros del Norte que doscientos años antes arrasaron Irlanda y luego se mezclaron con los nativos. Al contrario que otros, Sitric y sus parientes maternos no tenían ya lazos con Noruega, ni con las islas de la cercana Escocia, sino que se consideraban irlandeses de pies a cabeza, con la ventaja que les daba el pertenecer a la dinastía que reinaba en Tethba.
       Sitric ya estaba bastante satisfecho con ser el jefe de su propio clan, los Meic Conmedha, pues al iniciarse con éllos la quinta generación de los descendientes de Laeghan, se consideraban nueva rama del linaje. Pero, al morir su padre, el nombre y el mayorazgo del Sil Ronán habían pasado a unos primos de Cumedha y, pese a que el cambio había sido acordado desde mucho antes, eso dio origen a parte de los problemas que perturbaban su sueño.
       La mujer se movió entre los cobertores, se desperezó estirando los brazos por encima de la cabeza y se incorporó. Le contrariaba que Emnat se alejara de la tibieza que sus cuerpos habían dejado bajo los cobertores de plumas. Gruñó que era demasiado pronto para levantarse, que aún no era de día. Ella se volvió hacia la mampara que separaba su cuarto del pasillo al otro lado del cual estaban los cubículos de los siervos. Se frotó los ojos, sacudió los hombros como en un escalofrío y se puso de pie. Sitric trató de impedírselo.
       -¿Qué te pasa, Emnat? ¿También has tenido un mal sueño o es que estás enfadada conmigo?
      -Estoy cansada de oírte rumiar sobre ese asunto del que me has hablado hace un rato. ¡Hay que ponerle remedio!

Foto de The Swedish History Museum, Stockholm en Flickr

       Se quedó mirándola, cortado por la sorpresa. Habían estado hablando solo un poco, como se habla del tiempo o de las ovejas recién paridas. Se esforzaba por que el tema de tal conversación no pareciese muy trascendente, ¡pero es que lo era!

(…)


Ya veis que la cosa sigue en marcha. La luz al final del tunel se ensancha, pero aun queda mucho hasta el final.

¡Espero que os guste!
     

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