Gripe y tiempos raros


Nada como un buen trancazo para sumirla a una en un pantano de desaliento, sazonado con agujetas por todo el cuerpo, fiebre alta de la que pensaba que nunca iba a volver a darme y toses de las que parece que se va a salir el hígado por la boca, como a CúChulainn cuando se cabreaba.

Los tiempos socio-políticos españoles ponen el otro puntito de sazón. ¿Cuántas veces no habrán pensado mis antepasados eso de “y para esto hemos trabajado tanto”? Pues yo también lo pienso.

Aun asumiendo los propios fracasos, creo que es demasiado querer que el mundo arda solo por “castigar” a unos inconsistentes, derrochadores, ineptos, corruptos y mendrugos, para sustituirlos por unos mentirosos, arrogantes, ególatras, mendrugos bis y amigos directos y orgullosos de asesinos que añadan leña al fuego. ¿Para no terminar lo que hemos empezado, para eso hemos trabajado tanto? ¿Para no arreglar el carajal que los tiempos imponen y enredarse en guerritas del pasado, en batallas contra molinos que no son? ¿Para volvernos a desunir, implantar más privilegios, anular libertades personales y crear desigualdades entre nosotros? ¡Anda ya, “el cambio”!

Es muy difícil estos días, con la gripe y con eso, coger el hilo del propio trabajo y continuarlo. Mirar con alegría a la belleza que nos rodea y mantener la mente despierta y crítica. Uno se refugia en la música (aunque la jodía gripe deja los oídos arrasados) y en la familia, en los sueños oníricos y en los de ronquido y pijama.

Y sigue trabajando tanto.

(Tres de las fotos de la galería fueron “robadas” desde la verja a la zona del Jardín del Príncipe que sigue cerrada al público, al inicio del otoño; la otra es un hallazgo amarillo en medio del no-invierno éste).

 

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