¿Una partidita? (y 2)


Estaba diciendo el otro día que en el camino de mi novela se ha interpuesto el ajedrez. Claro que no es un obstáculo, sino algo que me ayuda a descubrir cosas que no sabía.

La primera cosa que no sabía era, sencillamente, jugar. De momento, he aprendido a mover las piezas y algunos principios básicos. Hoy he jugado mis primeras partidas con un ordenador, en el móvil. Ya veremos, es divertido. El asunto simbólico del juego es clarísimo en cuanto se tiene delante un tablero, ¡tremenda cultura simbólica de la Edad Media! Luego hay que aprender a anticipar los movimientos del contrario, a controlar zonas y piezas… es un arte, la verdad. Espero, al menos, poder interpetarlo.

Pero bueno: sigamos con la posibilidad de que alguien de la Irlanda medieval antes de 1106 viera un tablero o una jugada de ajedrez, que era mi problema literario.

Roques de Lewis, los feroces ancestros de las torres.

Recordemos: las piezas de Lewis no servían para una descripción visual. Además, mirando distintas publicaciones, aprendí que la datación de estas piezas -en base a la tipología, la decoracíon, la ropa de los personajes, etc. en fin, la datación histórica- las sitúa a mediados del s.XII, lo cual queda muy lejos de mi arco temporal.

Tenía que ser un precedente del ajedrez. No deseaba precedentes demasiado “morunos”, pero me valdría cualquier mozárabe viajero, mucho más que una banda de mercenarios irlandeses en las Cruzadas (las de antes de 1106). No sé si esto existió a finales del XI, lo dudo y me importa un pimiento (por ahora). Lo que me intrigaba era si el ajedrez podría haber sido visto por alguien en la Irlanda de antes de 1106.

Sin embargo… el autor del más famoso diccionario irlandés de la Edad de Oro, el Obispo Cormac de Cashel (s. IX), tiene una curiosa definición de fidchell en la que interpreta la segunda sílaba como “cill”, o sea, “iglesia”. Otros lo interpretan ciall (“entendimiento”).

Fídchill: “Semejante a la iglesia” porque el fidchell tiene cuatro esquinas, sus esquinas tienen ángulos rectos y hay blanco y negro en ellas. De la misma forma es la iglesia en todo: sostenida por cuatro evangelios en las cuatro esquinas de la tierra; es recta en los juicios y en las líneas de la Escritura; blanco y negro, o sea buenos y malos, viven en la iglesia.

Por supuesto: ni cuatro esquinas ni líneas rectas, y ni siquiera blanco y negro implican ipso facto ajedrez. De hecho, las piezas más antiguas no eran “blancas y negras”, sino rojas y negras, rojas y verdes, verdes y pardas, y también transparentes -pues hubo una moda de hacerlas en cristal de roca que produjo ejemplares muy bellos, de los que se conservan algunos. Es dudoso que el “blanco y negro” de Cormac se refieran a un tablero, pues había otros juegos, anteriores al ajedrez en esta parte de Europa, que usaban fichas de dos colores: dos bandos enfrentados, la historia del Universo.

Podría tratarse de un nine-men-morris o “molinillo”, por ejemplo. O de un alquerque (que es casi lo mismo), como los que se encuentran en cualquier templo románico de la Hispania. La gente utilizaba los templos no solamente para oir misas o rituales: también para dormir (eran refugios de peregrinos) o para comerciar en los dias de feria… Hay unos alquerques preciosos en el poyo inferior de uno de los pilares de la nave norte de S. Juan de Ortega, en Burgos. Los recuerdo muy bien, porque he estado muchas veces en ese templo.

Ahenny

Volviendo a Cormac, el obispo de Cashel. De lo que él está hablando es de algo moral y simbólico. Hay que tomar en cuenta la importancia que se le daba en Irlanda a las cuatro partes (y el centro) del “mundo”… pero, por cierto: el elemento 4 ya está presente en el nombre de uno de los ancestros del ajedrez: el chaturanga.

Además de Cormac hubo otros clérigos interesados en deducir consecuencias teológicas y morales de un juego. Y mira tu por donde: eso lo encontramos en un manuscrito irlandés del s. XI que habla de una cosa denominada “Alea evangelii” o “juego de los evangelios”. Es irlandés por los cuatro lados 😉 letra, palabrario latino y origen, como indica la referencia que trae la misma Wiki, aunque los propios escribas lo relacionaban con la corte del rey sajón Athelstan (primea mitad del X) y con un curioso personaje (¿irlandés también?) llamdo Israel Grammaticus.

No para ahí la cosa. Otro manuscrito procedente de los monasterios del entorno del Lago Constanza, fue la cuna de los versos latinos más antiguos en relación con el juego. Se trata de los Versus De Scachis, cuyo original podeis encontrar aquí (con mucha información histórica en una web muy ambiciosa sobre la historia del juego).

El monasterio de Einsiedeln donde se produjo el manuscrito en cuestión (wiki commons)

Los monasterios del Lago Constanza están en una relación directa con el viaje de San Columbano hacia Bobbio, donde murió. San Gall (o Galo), uno de sus compañeros, fundó el primero y más importante, que lleva su nombre. Mucho del material de S. Gallen pasó luego a Reichenau, en cuya biblioteca todavía se encuentran manuscritos irlandeses… Bueno, pues ese es el contexto físico de los Versus de Scachis, donde por primera vez se alude a la figura de la Reina y a los nombres que más familiares nos suenan en relación con el juego.

Quede claro que no invoco un origen irlandés  para la introduccion del juego en Europa, pero ahí estuvieron. Lo de Cormac y el Alea Euangelii son puras alegorías simbólico-morales, basadas en otros juegos (tafl escandinavo o del tipo nine-men-morris) o en una fantasía cuatripartita, de las que les encantaban a ellos. Pero ahí estuvieron. Quizá el auténtico sitio de encuentro Este/Oeste eran los Alpes, el cuello de botella donde confluían (monjes exiliados irlandeses por medio) los caminos desde el Sur (Península Ibérica) y desde el Este (Bizancio).

Los que más entienden dicen que a Europa el ajedrez llegó por dos vías, y bien dicho está: Bizancio-Escandinavia (y de ahí Lewis, aunque este juego de piezas sea tardío, ya que tiene una Reina) y la España musulmana.

El que se encuentren piezas de origen mozárabe me indujo a crear una escena en la que es un mozárabe el que enseña el juego a un noble caballero irlandés de antes de 1106. En si, la escena no es mucho más que ésto, así que las complicaciones argumentales me las he buscado solo para este post.

¡Espero que os haya gustado!

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