Zen de la mopa y el cogedor


Antes se asociaba a la mujer que se pasaba el día limpiando (el hombre no, como que él tenía más glamour porque se ponía unos delantalitos muy monos, hay que…) a la “maruja”, a una persona alejada del pensamiento profundo y hasta del superficial, tó eso.

EV001045F – Imagen libre de derechos

Lejos de mi “romper clichés femeninos”. De feminista tengo lo mismo que de ingeniero: el blanco de los ojos, aproximadamente. Pero reconozco que limpiar (oh-limpiadas) es un excelente medio de filosofar. Hacer algo mecánico mientras la mente y el corazón de una andan por ahí o bien, fijos en un punto.

El corazón tiene posición geográfica (53º 26′ N 6º 15′ O) lo mismo que la banda sonora que acompaña al ejercicio doméstico. Desde que no tengo cadena musical ni CD que me libre, silbar canciones irlandesas con variantes es mi salvación. Un “earworm” continuo, del que Oliver Sacks tendría algo que decir, teniendo en cuenta mi pérdida auditiva.

Y ahí está, de ahí sale el pensamiento situado algo más abajo del primer estrato.

Estamos en fiestas aquí. Ya saben: el Motín.

Durante unas recientes jornadas acerca de la íntima relación de Aranjuez con el devenir de la Historia Contemporánea (1808-1812), alguien polemizó sobre el caracter “retrógrado” (i. e: “carca”) del susodicho Motín, y se le replicó como si ello condicionara de alguna manera la “calidad democrática” de la población actual.

El Antiguo Régimen tenía sus motines, normalmente disparados por la escasez y el precio del pan. A veces se trataba de maniplaciones palaciegas, y una de las más evidentes es precisamente lo que tuvo lugar aquí entre los diás de S. Patricio y S. José de 1808. Sus resultados, sobre todo los inmediatísimos “Farsa de Bayona”, el baño de sangre de la Guerra de la Independencia y los enfrentamientos civiles posteriores (Carlismo, etc.) que se alargaron durante casi todo el siglo, no dejan mucho lugar a la duda. Pero…

La Historia, amiguitos, no sirve para juzgar el presente. Cualquier cosa que fuera en el pasado, no tiene por qué ser ahora, y menos de la misma forma, el mismo resultado o “calidad”. Ni siquiera los artefactos del pasado sirven para el presente, y no me refiero a iPads vs. bifaces, sino a cosas como Constituciones, Repúblicas o Federalismos.

En el pasado metíamos tanto la pata como en el presente, y acertábamos más o menos lo mismo. Había otra calidad en la gente, quizá no mejor, quizá no peor. Nu sé.

La Historia sirve para conocer, empatizar y situarse en un punto en el que comprendes los hechos de los que vivieron antes que tú, los perdonas o nó, te enorgulleces o nó (yo creo que un sano orgullito de ciertas cosas, ayuda)… pero tiras hacia adelante. Para mejorar el presente no hay que regresar al pasado, ni siquiera “escoger” de él lo mejor/peor/madurito/pocho que se quiera. Lo mejor -en una situación ideal- sería recoger (¿con el badil?) la lección, y escoger lo más conveniente, pero no del pasado, sino de lo que el presente ofrece.

Teniendo en cuenta que estas ocurrencias me han surgido con la mopa en una mano y el cogedor en la otra, ¡caray, lo que estira la oh-limpiada!

 

 

 

 

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Un comentario sobre “Zen de la mopa y el cogedor

  1. Estoy muy de acuerdo en la reflexión sobre la Historia y,sobre todo ,en lo fructífera que puede llegar a ser una sesión de trabajo doméstico cuando tienes la mente en determinado estado.A una le cuesta encontrar el momento adecuado para fregar los platos y limpiar el polvo,pero cuando vence la pereza ,se dá cuenta de lo bien que se puede pensar llevando a cabo estas tareas

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