Las cosas que no digo


Es curioso que con esto de las redes sociales y los twisters (aquí el copyright) esté aprendiendo a… callarme.

El motivo es que es tan fácil soltar un rabotazo, que lo dificil es… no soltarlo. Por lo poco que en estos casos suele valer el razonamiento, quiero decir. Leer ciertas cosas y contestarlas, aunque sea razonadamente, no hace sino multiplicar la sensación de inutilidad y el deseo de mandar al otro a la mierda, adónde normalmente se merecía estar su comentario. Quizá no la persona, pero sí su comentario. Y vuelta a empezar.

Image: ‘Sísifo -vista trasera-‘ http://www.flickr.com/photos/120784615@N07/13316056613 Found on flickrcc.net

Este suplicio de Sísifo es el “pan” de tuister y de feisbuk. Al menos por aquí, donde darnos de tortas nos encaaanta. Y propalar, más que publicar… y que razonar. En otros casos, al parecer, tuister sirve para publicar noticias importantes a velocidad de rayo, incluso con resultados positivos de actuación ciudadana o institucional, o lo que sea, rápida y eficaz.

Por eso, prefiero los blogos, donde el argumento puede ser pensado, repensado, retocado y expuesto lo mejor posible, y además el autor tiene la posibilidad de detener los comentarios raboteros o los que no le hacen justicia al comentaio original. Y esto, me parece, debería formar parte de una ética en esto de las redes sociales.

Entrar al trapo con elegancia es muy difícil y, personalmente, mi elegancia es parecida a la de un garbanzo. Así que cuando leo algún rabotazo de amigo u conocido, lo apago. No quiero verlo. Lleve o no lleve razón. Ojos que no ven, comentario que se evita.

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