La belleza del error


Una explicación sencilla de dos errores básicos del copista medieval, por medio de su remedio a cargo de un corrector: en este caso Dungal Scotus, un pinche irlandés de la Escuela Palatina de la corte de Carlomagno, en el s. IX.

Paleográficamente, la corrección es fácil de ver, porque la mano es distinta (y la letra exuda rasgos hibérnicos, que es lo único que yo puedo decir a la vista de tan limpia corrección y la comparación de ambas escrituras).

Dungal añade dos líneas, agregando lo que el copista primero no puso, pero estaba en el original (el copista cometió “haplografía”). Y las añade después de raspar a cuchilla la linea mal colocada, reemplazándola con las dos líneas correctas, lo que da al texto un aspecto un poco estrecho, aunque no ilegilble.

Así que ahi tenemos un buen ejemplo de como trabajaban escribas y correctores.

Y de cuál es el modo en que los correctores de exámenes a mano nos damos cuenta de “errores de copia” que indican que alguien tenía delante otro papel que no era su propia cabecita… los nervios le jugaron una mala pasada y copió mal. El error de ojo es una tradición muy antigua de los que escribimos a mano, dificlísima de explicar a los que sufren la pillada, sobre todo si no tienen costumbre de escribir a mano… ni de estudiar tan minuciosamente como Dungal.

😉

The Beauty of Mistakes | medievalfragments.

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