Locasss


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Ayer estuve en Retiro con Mujeres que corren.

Era el primer aniversario de sus quedadas mensuales en el parque para recaudar fondos destinados a la fundación unoentrecienmil  que fomenta los estudios sobre el tratamiento de la leucemia infantil. Como todas, llevaba mi dorsal.

Esta que lo es estuvo sonriendo todo el rato y sintiéndose arropada en sus asfixias por las principiantas, las mediopensionista y las máquinas de la general. Hubo risas, ejercicios de estiramiento y perrunos con chándal. Un montón de chicas suramericanas y algunas de sus mamás abrigadas hasta las orejas (ole, señoras). Algunos nenes de chupete, con esas patitas totalmente pellizcables de chiquitín que empieza a probarlas. Mamás que corren y maridos que esperan. Y lluvia de cuatro clases distintas, que nos dejó frrrías y acalambradas por fuera.

Al llegar a casa (hora y pico de viaje en tren con el WC clausurado… ¡ñññ!) temía haber cogido un buen catarro; pero parece que no, y estoy bien y he descansado y he perdido peso. Así que como el dia se parece al de ayer, lo estoy pasando en casa con la tecla, la novela y el periódico, y la comida pre-cocinada. Mañana volveré a correr entre los árboles a ritmo de 8:30 el km. La caña de Bretaña.

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Y hoy pienso: hay veces que merece la pena hacer cosas con las que uno no comulga al 100%, aunque solamente sea para darse cuenta de eso y permitirse la libertad de escoger. Al fin y al cabo, esta sociedad y este tiempo son amargos, y hay cientos de cosas que, por necesidad y las más de las veces por obligación, o sin darse cuenta, qu es peor, hace y… no concuerda.

Aprender incluye eso, no concordar y sin embargo hacerlo. Porque sí y porque hay que hacerlo; porque sí y porque si no lo hace uno, se sentirá menos arropado en eso de lo humano.

Ahí dejo eso y me voy a comer. ¡Cómo llueve en el puebro!

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