¡Madre mía!


En una entrada anterior intentaba irme auditivamente hacia el siglo VIII y alcancé el canto mozárabe.

Ni tan mal como resto de nuestra tradición sonora. Y sí, exacto: lo que parece “árabe” en lo mozárabe puede ser sencillamente oriental, cristiano oriental, mediterraneo oriental, y no “islámico”. Pero la música es así de fluida, y así de universal, ojo, con sus fronteras líquidas y no tan “multiculturales”.

¿Es una mezcla de arena y agua o un fluir de viento, agua y energía?

Pero esto es… esto es la pera limonera sonora. “Canto viejo romano” se llama. Ahora entiendo que los melismas no son simplemente “performance” de los cantores, sino que se basan en un buen estudio de lo que pudo ser la primitiva música de la Iglesia. Que se ha conservado escrita; que se ha conservado cantada en oriente, que tiene derivados en la música popular de acá y de allá, que… ¡madre mía!

Si intento imaginarme este canto en Clonmacnois… ¡La de sugerencias, sombras y entrelazos que se me figuran!

Gracias a Dios (al que sea) por la música.

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