Hospederos famosos: los dioses


La literatura irlandesa antigua tiene ejemplos de albergues y de hospederos para dar y tomar, toda vez que -como ya hemos visto- la hospitalidad era uno de los elementos principales de la sociedad.

No existía un “género albergues” en la tradición irlandesa. La mayoría de las historias que transcurren en tal ambiente son historias de “Destrucciones”, aunque hay también otras que giran en torno al hecho de que alguien ofrece alojamiento y comida a un visitante y los problemas (no prácticos, sino mitológicos) que esto presenta. En el tema “albergue” el narrador podía explotar la descripción de las habitaciones, de lo que se servía, de los aparejos del  convite y de los asistentes, etc. Y, por supuesto el suceso principal, ya sea el asedio y la destrucción del albergue o la muerte de un personaje mítico que se aloja en él, como por ejemplo en el Togail Bruidne Dá Derga “La Destrucción del Albergue de Los Dos Rojos” o en “La destrucción de Dind Rig”.

Esto tiene que ver con un tema mitológico que está en el fondo de lo que, a simple vista, parecen relatos de “lo maravilloso” descrito, sea en atavíos, sea en situaciones. Las características del albergue nos sugieren más bien “El Banquete de los Dioses” en el Mas Allá céltico y germánico, más movidito que los “banquetes” griegos, de los que se hace eco el Arte, que desarrollan el tema hacia otros lugares como la discusión filosófica o el paraíso.

Una ironía consciente sobre el tema “hospedaje” y “banquetes” es el Cuento del Cochino de Mac Dá Thó (Scéla Mucce meic Da Thó). En contra de lo que parece por el título, lo que está en disputa no un cerdo, sino un perro. El cuento comienza con una conversación de alcoba” entre dos esposos, como en la segunda versión de El Táin, y luego se desplaza a una cena (la principal comida del día desde hace mucho tiempo en Irlanda) en la que los héroes participantes son sometidos a burla sobre sus nombres y sus características por el más fanfarrón de todos. Esta discusión, entonces sí, se centra en quién tendrá el honor de comerse la deliciosa parte del héroe, lo mejor del jamoncillo. Cet mac Magach se alza proclamándose con tal derecho y despreciando a quienes se oponen a él:

“¡Otra! ¿Así que ahora compiten conmigo hijos de patanes con mote? ¡Sepas que fui yo el cura que bautizó a tu padre!” (Cet mac Magach dirigiéndose a Menn mac Sálchada)*.

Dice el Cuento del Cochino de Mac Da Thó que en Irlanda había cinco albergues famosos: el propio de Mac Dá Thó, el de Da Derga en el territorio de Cualu, el de Forgall Manach, el de Macc Da Reo en Bréifne y el de Da Choca en el oeste de Mide.

La presencia del nombre Da entre los hospederos plantea un curioso simbolismo. El nombre es glosado unas veces como  el sustantivo “dos” (por ej. Mac Dá Thó: “el hijo de dos sordos”) y otras veces como “dios” o “diosa”. Esto indica que derivan del tema de El Albergue Divino. El de Da Derga nos lo pone fácil: no solo es el mejor de los albergues, sino que su relato tiene por argumento el “cumplimiento de destino paradójico” que incrementa su interés para el oyente/lector.

Otra cosa que tienen en común estos albergues es que se produce una disputa, una pelea e incluso una masacre en el interior del hospedaje, lo cual es motivo de que estos relatos se encuadren en las “Destrucciones” (togla) que debían conocerse por los poetas de alto rango de la tradición irlandesa.

En el cuento del Cochino de Mac Dáthó el final es tremendo, después de que nos hayamos reído con cada puyita de Cet. Cuando éste se encuentra a punto de empezar a degustar su apreciada porción, aparece Conall Cernach que le retira el derecho a hacerlo. Admitiendo su derrota, Cet todavía dice que si su hermano Anlúan estuviera presente, él tendría el trozo del héroe.

Conall entonces, le dice que el hermano está presente y saca de una bolsa la cabeza recién cortada de Anlúan y se la tira a Cet.

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