¿Me pones un café con leche?


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Los infames siempre son los otros, por supuesto.

Nosotros, los puros, ya sabemos que el dueño del “café pendiente” se va a beneficiar x euros o cts. de euro cada vez que un panoli pase, se tome un café y deje otro pagado para el tipo que pide en la esquina, con el que acaba de hablar. Y la publicidad, ¡oh, uh, la publicidad…!

Porque claro, hay que ser panoli para pagar dos cafés y dos bollos, o dos barras de pan, cuando solo vas a consumir uno. Y no-te-digo-ná los camareros, ¡uh!

Y además, el café no es necesario para vivir. ¿No sería mejor comprarle un traje al que pide en la esquina? Y entonces, ¿quién va a hacer eso? Yo no, claro, yo no soy tan panoli.

Espera voy a mirar mi smartphone que parece que me ha entrao un wachap. ¡Co**! Dice: “panoli”.

(Minirrelato “Cómo recuperar la confianza en las personas ejerciéndola”)
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2 comentarios sobre “¿Me pones un café con leche?

  1. Pues cuando me enteré de la iniciativa, allá por la primavera, decidí participar. Así que me fui a varios bares / restaurantes / cafés donde me conocen, a proponérselo, y a dejar, cafés y pinchos de tortilla pendientes, para que los tomara quien lo necesitara.
    Pues bien, con buenas palabras, se negaron todos ( y eso que yo iba con el dinero preparado, y que paso por allí dos veces a la semana, y me comprometí a seguir dejándoles cafés pendientes) .
    Los gerentes de los bares, me dijeron que habían intentado cosas parecidas ellos, y que los que iban para que les convidasen, olían mal, solían organizar bronca, y ahuyentaban a los clientes. No entendían que ellos, al tener sus consumiciones “pendientes y ya pagadas por otros” , también eran clientes.
    Así que, decidí intentar otra estrategia. Había una chica, sentada en un banco de la calle Serrano, con un cartel que decía “Tengo Hambre”. Me acerqué a ella y me la llevé a desayunar opíparamente a Mallorca. Así, como iba conmigo, nadie la miraría torcido. Y le dije que si ella quería, se podía ir a desayunar conmigo cada día.
    A los dos días, ella estaba sentada en el mismo banco, con el mismo cartel. Le dije ¿ te vienes a desayunar?, Y me contestó que no gracias.
    No debía tener tanta hambre como decía su cartel.
    He cambiado mi recorrido matutino, para no encontrarme con ella, pero … ¡ Quien me mandaría !

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    1. Yo le compré a una que pedía en el supermercado leche y pan. Y la sigo viendo pedir en otros puntos de Aranjuez: son mafias organizadas, claramente con gente que hace un circuito de la mendicidad. En cuanto a la apariencia de los que puedan necesitar el café, los de la iniciativa tienen la opción de llevar vasos de plástico para que los tomen fuera. No sé, me parece una iniciativa idealista y guapa, porque ejercer la confianza es bonito, difícil y se está perdiendo. Pero tampoco soy tonta y sé que todo es susceptible de ser negocio para alguien.

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