Pero es el cuerpo


Estoy terminándome la estupenda “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami. La encontré en una de mis librerías favoritas de Santander, las pasadas vacaciones. Teniendo en cuenta que yo misma he empezado a correr, me llamó la atención el título, así que decidí adquirirlo.

Leer “10 cosas que no sabías sobre Murakami” 😉

Sorprende, porque no solo habla de “correr” sino de las cosas interiores y exteriores que suceden en torno a tan curiosa capacidad humana -es una capacidad, el que unos la pongan en práctica con fines de auto-algo y otros solo la usen cuando es necesario no viene al caso- pero sobre todo, las cosas que le suceden a él.

Y esas cosas resultan terriblemente iluminadoras o, más bien, desazonadoras. La conciencia del cuerpo, el imponerle tan duro trabajo como necesita (no solo para una maratón, sino porque sí) el enseñarle a través del esfuerzo, el sobrepasarle y agotarle a consecuencia de un ejercicio brutal, etc. Y también las sensaciones como el autoabandono, la conciencia del aquí/ahora, el valor de adecuarse y superar los criterios que uno mismo se propone. En definitiva: una filosofía muy interesante del correr… y del ser escritor.

He subrayado algunas frases, que me parecen curiosas, teniendo en cuenta que se acusa a Murakami de “ser poco japonés” (una acusación tan giliportuá como cualqueir otra).

“Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carera de larga distancia, ese no es otro que el tú de ayer“.

“Mientras corro, simplemente corro. Como norma, corro en medio del vacío. Dicho a la inversa, tal vez cabe afirmar que corro para lograr el vacío”

Pero lo que me parece más interesante es que las experiencias “de corredor” de las que habla, se extrapolan al mundo literario y, en definitiva, a la vida:

“Cuando recibo una crítica infundada (o que al menos, a mí me parece infundada) de alguien; o cuando alguien de quien esperaba que recibiera una mía no lo hace, corro un poco más de distancia que de costumbre. De este modo, me agoto un poco más, proporcionalmente a ese poco más de distancia que corro. Entonces, vuelvo a cobrar consciencia de que soy una persona débil y con limitaciones. Me doy cuenta de ello de un modo físico y desde lo más hondo de mi ser.”

Porque es el cuerpo el que nos permite, por medio de esa aceptación de los límites, y de su superación, ir más allá y volcar en creatividad, literaria en este caso, todo lo que tragamos en silencio.

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