Fin de…


FIN DE VERANO. Ya sé que hoy, 1º de Septiembre, no acaba el verano. Ni oficialmente, ni astronómicamente, ni nada.

Pero el caso es que hoy está siendo como un “fin” a pequeña escala, debido al color del sol al atardecer, a lo cada vez más temprano de ese atardecer, al fresquito de las noches y los amaneceres (hoy teníamos 14 grados en el paseo matutino, a las 9 de la mañana), el retorno de los veraneantes en las carreteras y hasta a las noticias de la tv. El gato está pasando la tarde acurrucado en mi cama, como suele hacer en invierno.

Yo me marcharé unos días fuera, a mi tierra adoptiva, verde y azul. Y será como marcar el antes y el después de este año, que comienza su declive mucho más allá de su mitad.

FIN DE MUNDOS.

Santorcaz, el año que yo tenía 8

Ayer estuve paseando por el centro de Madrid. Visitamos una exposición en que las fotografías en blanco y negro, bellísimas, nos llevaban a un pasado no tan lejano, pero que el autor, por medio de la magia de ese color “antiguo” y por la elección de los temas, hacía que nos pareciera lejanísimo. Miraba las caras de los hombres y mujeres retratados y veía que no solo ya no existirían muchos de ellos, sino que algunas de las cosas retratadas -objetos, actitudes, rituales- eran de un mundo alejado en el tiempo y sin embargo, cercano en el espacio.

Entonces, pensé en el final de ese mundo recogido por el fotógrafo. El final de la Edad del Hierro, que un amigo decía que terminó después de la Guerra Civil y a mi me parece que fue aún un poco más tarde. Ayer mismo.

FIN DE UNO MISMO. Pensé entonces que esas cosas que yo he conocido, esos rituales, por ejemplo, o el pasado y el acercamiento a él desde un punto poético. a menudo escasamente científico, que ha sido un eje importante de mi vida, también se acababan, y que el mismo ojo/cámara que los miró (mi ojo y su nueva lente) también pronto se acabarían.

Y entonces, le pedí a mi acompañante que nos fuéramos a un café de aire antiguo (hay algunos así en Madrid) y nos riéramos mucho de cualquier cosa, de la gente uniformada que pasaba, de las noticias en la tele, del calor…, para despejar la congoja que el fin de mi propia Edad del Hierro me provocaba.

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