El apartamento (Billy Wilder, 1960)


La vi anoche, a las y tantas porque no hay quien duerma con esta calor y la perspectiva de no poder coger el sueño hasta muuucho más tarde estaba ya acechando.

Así que, copazo de Billy Wilder al coleto.

Un soltero con su cutre-apartamento de soltero que “presta” a los colegas de la ofi para sus cutre-aventurillas amatorias. Una cutre-vida que al final se transforma en una posibilidad menos cutre. Nada heróico, nada grandilocuente, solo un juego de cartas.

¡Ah, y champán!

Qué ternura, qué mirada irónica hacia la gente, el poder, el sexo, la “disponibilidad” de unos y el apetito por disponer de otros. Qué equilibrio entre lo amable, lo profundamente triste y lo puaj-ácido. No hay necesidad de muletillas ni de eslóganes para hacer una soberana crítica al ansia de poder no solo de los “poderosos”, sino de… los ansiosos.

La soledad del pobre CC Baxter expresada con un círculo de aceitunas de martini (pinchadas) formando una estrella encima del mostrador del bareto. Al principio de la escena son cinco (creo contar), luego unas doce, pero no da tiempo a contar porque el dueño echa a los ultimos borrachos, apaga la luz y cierra el bar. ¡Es Nochebuena!

Una se siente echada de ese bar en el que el prota ha recalado como un barco a la deriva, tan escorado que mantiene el equilibrio de puro milagro apoyando en la mejilla de una desconocida, bailando como un pelele.

Qué aburrido estoy delante de la tele

¡Y por cierto! La expresión corporal de Lemmon… probé varias veces a mirar la peli sin sonido… ¡Vamos! Lo mismito que los muñecolates de las pelis de ahora. Riqueza no solo de expresiones faciales (que a mi no me agradan especialmente) sino sobre todo de formas de moverse para expresar estados de ánimo o decir “cosas”.

Aparte de los diálogos estupendos (el monólogo de Baxter cuando va a darle “una buena noticia” a Sheldrake y la réplica exacta de éste), de los giros contínuos que dan un ritmo alegre a una peli de tono “triste” -en la que el blanco y negro hace parecer más decrépito aún el puñetero apartamento- de la interpretación de Jack Lemmon y del corte de pelo de la McLaine, lo que me gustó y en lo que reparé continuamente fue en los objetos. Cómo se decían cosas con los objetos, los objetos de la vida cotidiana, nada excepcionales: las aceitunas del martini; el espejito roto que Fran se deja olvidado; las servilletas que hay que pedir prestadas; el teléfono y las agendas de oficina… ¡El spaghetti reseco que al cabo de los días está todavía pegado en el cordaje de la raqueta de tenis!

Nada mejor que un clásico para irse a la cama contento con la vida, incluso olvidado del calorazo ejpañol de principios de agosto. ¡San Billy Wilder bendito!

El director y los protagonistas bromeando durante el rodaje
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