Una de tiros


No sé si un día no abriré una categoría de posts dedicados a la épica en el cine, en particular en el western.

Gracias a los dioses, la mayoría de grandes pelis que en este género han sido son repuestas de cuando en cuando en la TV y yo las suelo ver, porque, aunque no todo el western me gusta, sí me apasiona ver como los grandes maestros de la dirección cinematográfica manipulaban el “stage” para convencernos de que lo que estábamos viendo era, o había sido, real. Para meternos dentro de una historia y, cuando el cuento acaba, dejarnos con esa cara entre tonta y satisfecha de “¡qué peli mas güena he visto!” y que a una le cueste volver a situarte en la vida real.

Por supuesto que contaban con la ayuda de enormes actores: Burt Lancaster, John Wayne, Kirk Douglas, Richard Widmark, James Stewart… ¡Gary Cooper! ¿Que estoy citando solo hombres…? Es que el western es taaan machista 😉 pero no se puede olvidar al personaje de Belle Aragon en “Dos cabalgan juntos” y a la terrible Vienna de Johnny Guitar -como reina Medb fría y dominadora-

Exacto: la peli era suya.

Y tal vez, a la mamá virginal y sufridora de “Shane” (“Raíces profundas“), como la antítesis de todas ellas. Al menos de las que me acuerdo: pero es que es mucho más difícil acordarse de papeles femeninos en un western que de tanto tio y tanto tiro… (si algún cinéfilo/a me ayuda, no hay problema).

A lo que iba: he estado viendo “Duelo de Titanes“. Nada que ver con la realidad histórica, y mucho menos en lo tocante al personaje de Wyatt Earp, que aunque solo sea en la wikipedia no sale nada bien parado: chuloputas, carretero, jugador, emprendedor, pistolero… muchísimo peor que cualquiera de nuestros políticos corruptos de hoy.

Pero ¡ay! que bien hecha está la puñetera película.

Viriato y sus colegas posando en la cueva de plástico. El primero y el de la derecha, a punto de arrancarse por jota aragonesa.

Hoy, que llaman “bien hecha” a una peli que lleve mucho efecto especial y mucho sonido 3D (o como lexes se diga, mi sordera me impide apreciar matices) y que se creen que hacen cine todos esos bustos parlantes que aparecen en tanta y tan tonta narrativa de gran pantalla (no digamos de pequeña), solo con esa magnífica obra de John Sturges ya tendrían para estudiar largo y tendido más de dos aficionadillos.

Pero qué digo: ¡¡estudiar duele!! Si para ser actor o actriz solo hace falta un cuerpo 10+ danone natillas.

Manejo de la expresión corporal en Burt Lancaster: hay que verle entrar en la habitación del hotel, reflejado en el espejo (él se ve, nosotros lo vemos y vemos de qué forma abatido él se ve) cuando ya se “canta” su sentencia de muerte en la encerrona; de la figura/figurín del Douglas ya ni hablo… Va más allá de la caracterización y del maquillaje. Manejo de la iluminación (ese candil que se enciende e ilumina al sheriff solitario; las callejuelas oscuras y el matón escondido en ellas, casi un tópico…). Manejo de los tiempos: ese “duelo” que en realidad solo duró medio minuto ¡como se expande heróicamente! con sus pequeños relatos previos (aunque reconozco un poco penosita la idea de “adecentar” al sheriff corrupto y hacerlo huir de su pacto con el diablo en el último momento) con sus detalles como el de Douglas protegiendo con su cuerpo el de uno de los hermanos Earp… ¡Eso es (era) cine y lo demás son pocholadas!

Sí: un dia de estos haré más entradas sobre algunas de mis películas favoritas, que son del Oeste. Casi todas.

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