San Ciarán y la comida (y bebida) (2)


Cuando San Ciarán realiza labores”hogareñas”, de cuidado y atención a quienes le son encomendados (viajeros, pobres, etc.) sus desempeños son más bien desastrositos: por lavar los pies a unos visitantes, descuida sus libros y su generosidad es tan exagerada que sus hermanos terminan por pedirle que se marche del sitio donde le han nombrado hospitalero.

Cierto día en que Ciarán estaba ocupado en el campo, un pobre vino a pedirle que le diera limosna. Aquellos dias, cierto señor (…) había donado un carro con dos caballos, los cuales dió San Ciarán a aquel pobre hombre. Entonces, ya que los hermanos de San Ciarán no podían soportar su gran generosidad, pues cada dia estaba partiendo sus víveres con los pobres, le dijeron “Hermano, apártate de nosotros, porque no podemos estar en el mismo sitio y guardar y alimentar a nuestros hermanos para Dios, a causa de tu exceso de caridad”.

Un caldero famoso

Aunque algunos interpretaran la historia como una crítica encubierta a los dueños materiales de Ísel Chiarán -que hasta el siglo XII fue predio de los Meic Cuinn na mBocht, una de las grandes familias del monasterio- el caso es que las palabras empleadas por los hermanos del santo, al pedirle que se vaya, vuelven al tema del alimento “desperdiciado”.

Solo una vez Ciarán cumple con la labor alimenticia, pero el relato es un calco (explícito) de la historia e las Bodas de Caná.Y más que alimentar es saciar la sed, aunque está claro que en todas partes el vino ha sido considerado un alimento, además de un poderoso intoxicante.

La historia se encuentra tanto en el capítulo 44 de la Vidas latinas primera y segunda como también en la Vida en gaélico.

Para confortar a sus hermanos sedientos durante un dia de siega, el santo convierte el agua en vino.

Un dia que los hermanos de San Ciarán estaban trabajando en la cosecha, soportando la sed que les producía el calor del sol, mandaron a pedir que les trajeran agua fresca. San Ciarán les contestó por medio de un mensajero que dijo “Escoged, hermanos, si beberéis para calmar la sed por necesidad  o soportaréis la sed hasta por la tarde, pues vuestro trabajo sediento y sudoroso traerá abundancia para los hermanos que se encuentren en este lugar posteriormente, y a vostros no os faltará recompensa de Dios en el Cielo.” Así que los hermanos trabajaron aquel día con sed, alegrándose aunque el sol calentaba.

Pero cuando cayó la tarde y los hermanos volvieron a casa, Ciarán deseó satisfacerles y refrescarles caritativamente. Confiado en el Señor, bendijo una gran vasija llena de agua, e inmediatamente bajo sus manos apareció en la vasija un vino de la más excelente calidad. Trayendo copas, encomendó a los hermanos refrescar sus cuerpos con sobriedad, dando gracias a Cristo por sus dones.

En la vida primera se subraya que “esta fue la Última Cena” de Ciarán con sus hermanos y se añade una historieta curiosa, en la que una fiesta posterior -en honor de la visita de San Colum Cille, que ya mencionamos- es comparada con ésta. Y como testigo de la mayor opulencia de la primera, un anciano (“que era un muchacho cuando San Ciarán vivía allí”) que vive en unas celdas aparte del recinto principal del monasterio da a oler su dedo gordo “que se mojó con el vino en el borde de la vasija”, mostrando que el aroma del bendito vino todavía permanece en él.

Creo -con el editor de las Vidas- que hay una amalgama de temas en esta historia, pero me parece que no son todos los que él señala.

Por un lado, se alude a los que habitaban en “las celdas apartadas del recinto principal” como principales administradores de la hospitalidad de Ciarán y, singularmente, de su vino. Creo que,. implícitamente, se trata de los Meic Cuinn na mBocht. En la segunda vida latina y en la gaélica se identifica al hermano del dedo aromático con “el copero” de Ciarán. El copero, el escanciador del vino (deogbaire), era uno de los cargos necesarios y estimados en una casa noble, para el que se requería “llenar, vaciar y autocontrol”.

Mejor derramar vino que sangre

El tema del dedo aromático es recurrente en relatos gaélicos posteriores -me viene a la memoria algo sobre el ciego Carolan y su amigo “Cathair (Mac Cabe) de los dedos aromáticos” (s. XVIII), sin duda con referencia a su mutua afición al contenido de kas vasijas y a la naturaleza de su amistad, como la existente entre Ciarán y ColumCille- y me recuerda al tema del dedo gordo “de la sabiduría” de los relatos galeses, y de Finn mac Cumhail.

Como curioso colofón, en la vida gaélica se indica que las reliquias de la vasija que contenía un vino llevado por mercaderes Francos “rápidamente a San Ciarán”, se conservaba en el monasterio.

¡Ay, el caldero que contiene lo que da la Visión!

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