El árbol en la llanura


Large English Elm at West Point, NY 4 Sep 2009
Una de las mejores historias de las Vidas de Ciarán es la “visión del árbol”.

No sé si no tiene precedentes bíblicos -estoy buscando y no encuentro nada concreto, aunque está claro que en el Antiguo y en el Nuevo Testamento el simbolismo universalista del árbol que une Cielo y Tierra, y el simbolismo de dar/no dar fruto, etc. están mencionados varias veces y con distintas enseñanzas.

Pero… bueno: vayamos a lo que dicen las Vidas (latinas e irlandesas) de Ciarán sobre la visión del árbol.

En aquellos días Ciarán estaba viviendo en las islas de Arán bajo la tutela de San Enda. Una noche soñó que había un árbol enorme en los bancos a orillas del Shannon y, cuando se lo relató a Enda, éste coincide con que ha visto lo mismo: un árbol que extendía sus ramas por toda Irlanda y hacia el mar.

“El árbol eres tú -le explicó Enda-, que serás grande ante Dios y los hombres, y honorable por toda Irlanda, ya que proteges a toda ella de los demonios y otros peligros con la sombra de tu ayuda y gracia, como si fuera la sombra de árbol que da la salud. Muchos, tanto cerca como lejos, aprovecharán el fruto de tus trabajos. Así que, como Dios que revela secretos te indica, ve a ese lugar que te ha sido mostrado y habita allí, de acuerdo con la gracia que dios te envíe.”

De esta manera, Ciarán se pone en camino a las orillas del Shannon y poco después funda el monasterio de Clonmacnois en el sitio que Dios le ha inspirado.

Resulta interesante encontrar que en la Vida Irlandesa -en una serie de “profecías antes del nacimiento” de Ciarán-, hay una atribuída al mismo S. Patricio, según la cual en un tronco hueco de olmo situado en la orilla del Shannon, se contienen las reliquias fundacionales de Clonmacnois. Según esta historia, aunque narrada en fragmentos unos más atrás otros más adelante de la Vita, las reliquias eran, a su vez, de los santos fundacionales de la Iglesia, S. Pedro y  S. Pablo, y se encontraban firmemente rodeadas por el olmo en cuestión.

De otoñios

Sin darse cuenta -o dándosela, o sabe Dios cómo inspirados- los recopiladores de la Vida Irlandesa transmiten una leyenda que Mac Alister interpreta en clave paganoide, con sacrificio fundacional y todo, y que, de todos modos, nos indica que el árbol con el que soñó San Ciarán era un olmo…

Un árbol muy apropiado para grandes reuniones.

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