Con un ojo antiguo


Apuro mis últimos días con el ojo enturbiado leyendo el primer volumen de “Cristina, hija de Lavrans” de Sigrid Undset (1928).

Noruega, desde un lago frío

Con lo largo que es, cuando tenga el ojo nuevo, dentro de poco más de una semana, todavía me quedará chicha de esta magnífica obra literaria.

Directamente tengo que decir que me está encantando, a pesar de su caudal o mejor, precisamente por este caudal.

La verdadera fuerza reside en los ríos: ellos son los que, acumulando y volcando sobre sí la vida que encuentran a lo largo de su curso, al final llevan al mar.

Estoy descubriendo que lo que ahora se denomina “novela histórica” tiene, en su mayoría, demasiada influencia del cine, como por lo demás toda la escritura moderna.

Esta influencia, creo, es dañina en el caso de la novela histórica.

Sin ella no entenderíamos la novela negra, por ejemplo (a la que voy aficionándome, también de a poquito) ni tampoco gran parte de la narrativa moderna. Pero mientras que en la “negra” (especialmente la americana) la influencia cinematográfica es indispensable, en la narración supuestamente ambientada en el pasado me parece por lo menos… peligrosa.

No sé explicarme. Claro que no se trata del tamaño de las narraciones, del número de páginas ni el de capítulos. Como tampoco se trata de anacronismos, ni siquiera ¡ay! de las frecuentes “transversalidades” de género, de número y de caso, que no me parecen más que papillita pa los nenes (y las nenas, faltaría…).

Me parece que se trata de que miramos el pasado desde nuestra superioridad moral de “progresados” y, por eso, le aplicamos una máquina que lo destroza, que no le conviene. Muchos autores de “histórica” no es ya que sean simples aficionados a la historia, más o menos cautivados por un periodo o un personaje -al que luego les cuesta un ojo el mover de forma que no parezca un muñeco- es que a veces son simples frikis de ésto y, por tanto, si aciertan es por casualidad.

No sé, me gustaría algún comentario que me ayudase a precisar lo que digo, pero esa es otra: renuncio a tener comentarios ya en mi blogo de WP. ¿Tendré que cambiarme otra vez a Blogger para recuperar mis al menos 20 lectores?

Ahí queda eso, amigos.

 

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