Un humanista de sangre caliente (versión actualizada)


(Viene de aquí)

Que los inicios del siglo XVII en España eran bastante alatristescos no es nada que, a quien sepa de Historia, sorprenda.

Que los duelos -consentidos o sin consentir- y las puñaladas traperas eran cosa de todos los días en la calle, también es cosa sabida.

Pero ¿os gustaría escuchar la historia de un irlandés que en 1618 se batió en un duelo en Madrid, con un resultado inesperado? ¿Y qué tal si os dijera que el irlandés en cuestión era un humanista, soldado y escritor de obras históricas?

Estoy hablando de Don Felipe O’Sullevan Bearra, como el mismo solía firmar, nacido en Irlanda en 1590 y muerto en España unos setenta años después. Era sobrino de Dónal Cam, el de la Larga Marcha que he relatado en este post y el historiador que la narró con brío y nostalgia, muchos años después.

Felipe O’Sullivan nació en la isla de Dursey, al extemo de la península de Beare, en el actual condado de Cork. Tenía nada menos que diecisiete hermanos, trece de los cuales murieron (ya adultos) durante las guerras en Irlanda. Otro, Daniel, murió luchando bajo bandera española en aguas del Mediterráneo. Tras la derrota de Kinsale, en 1602, Felipe fue enviado a Galicia con su primo, el hijo de quien por entonces era jefe de la familia: Donal Cam O’Sullivan Beare.

Se educó en el Colegio Irlandés de Compostela, donde estudió Humanidades, Latín y nociones de Teología con distintos tutores irlandeses y españoles. Dedicado luego a la carrera de las armas, cumple el prototipo del soldado humanista, pues compaginó la milicia con la reflexión teórica y la escritura de varias obras de carácter histórico, descriptivo y reivindicativo de su nación. De todos modos fue su actividad como historiador y adalid de la causa irlandesa lo que le valió la fama.

La prominencia adquirida por su familia en España le sirvió para ser un activo agente durante  los reinados de Felipe III y Felipe IV a favor de una intervención española en Irlanda, mediante obras propagandísticas pero también con acciones “de lobby” en la Corte, como la presentación y aval de proyectos concretos(1) para ocupar enclaves de la isla y ayudar a una revuelta general contra Inglaterra desde Munster, capitaneada por su familia.

Además, era un celta de sangre caliente: a los 38 años no tuvo empacho en batirse con un caballero angloirlandés, que hoy se sabe era un espía a sueldo de la Corona Inglesa. A consecuencia de la refriega, en la que hirió a su oponente, éste mató a su tío, el héroe de guerra Dónal Cam O’Sullivan, de quien ya hemos hablado.

En 1619, Felipe O’Sullivan sirvió en la armada española (¡que por entonces estaba aliada con los ingleses!) en acciones militares contra los piratas berberiscos del Mediterráneo. Es curioso, porque muchos O’Sullivan han sido marinos en los siglos posteriores. Un hermano suyo murió en este servicio a nuestra nación.

Sin embargo, el empeño en el que más prevaleció fue el de asesor de la Corona Española en materias irlandesas, lo que llevó a cabo durante la década de los años 20 del s. XVII. Se amparaba en la militancia del partido de exiliados irlandeses apiñados en torno a su tío y, a la muerte de éste, alrededor del heredero, su hijo Dermot, que llegó a tener gran influencia en la Corte como Mayordomo de Palacio de Felipe IV.

SU OBRA

El proyecto CELT ha colocado recientemente entre sus publicaciones online “Chapters towards a History of Ireland in the reign of Elizabeth“, que es una traducción en inglés, edición y notas por Matthew Byrne (1903), de parte del original en latín Historiae Catholicae Iberniae Compendium, (Lisboa, 1621) la principal obra de Felipe O’Sullivan.

Es interesante señalar que el punto de partida de esta obra se basaba en las enseñanzas de la escuela iusnaturalista española, de cuyas ideas se hizo eco al exponer las conclusiones a las que llegó un grupo de doctores de Salamanca, que debatían sobre la justicia de la guerra que los irlandeses libraban contra la Reina Isabel.

Según ellos, Hugh Ó Neill y los católicos de Irlanda estaban más bien defendiéndose a si mismos y a su tierra de una tiranía inícua, a la vez que defendían la ortodoxia de la fe, “como corresponde hacerlo a los Cristianos y Católicos”. Este derecho debía de servir a España para intervenir de una manera más activa en el asunto.

A pesar de todo, tampoco le ciega la pasión nacional y se da cuenta de que el mayor impedimento para el triunfo de los irlandeses eran sus profundas divisiones. Ya fuesen angloirlandeses católicos viejos (a los que el llama “nuevos irlandeses”) o gaélicos de vieja estirpe, enemistados entre ellos por viejísimas rencillas, ninguno mostraba ese “común acuerdo” que Los Cuatro Maestros echaban en falta en la jornada de Kinsale (1).

Así, la destrucción del mundo gaélico le parece a O’Sullivan un castigo de Dios por esta falta de unidad que, él mismo reconoce, a veces lleva hasta el crimen, como testifican diversos acontecimientos que narra, incluídas las desavenencias entre sus parientes.

O’Sullivan se remonta a los antecedentes, incluso al pasado mitológico, para apoyar sus argumentos sobre el presente. Al recoger sobre el origen de los irlandeses lo dicho por Giraldus Cambrensis, Gildas y Beda, no añade nada nuevo a lo que dice esa “biblia” de neoceltos hispanos que es el Leabhar Gabhala: no en vano contínuamente llama a Irlanda Ibernia, sin H, para asemejarla con Iberia. Llega a mencionar nada menos que una predicación de Santiago en Irlanda anterior a San Patricio. Todo esto está dentro de la forma de historiar que se había desarrollado en Irlanda desde la Edad Media: juegos de palabras artificiosos, toponimia creativa, historias etimológicas para explicar hechos históricos… Nada extraño: imitación creativa de la retórica clásica y de la historiografía bíblica. Humanismo clasicista.

No contento con los del pasado, O’Sullivan enfatiza hábilmente los lazos hispano-hibérnicos de su pesente, pasando de puntillas por la agria rendición de Juan del Águila en Kinsale y señalando la importancia estratégica de la isla para España, como base desde la que controlar a los cercanos reinos Protestantes de Inglaterra y Holanda.

Como digno representante de la gente que en tiempos de San Columba quiso enmendarle la plana al Obispo de Roma en materia de calendario Pascual (de lo que también O’Sullivan se hace eco en su obra histórica), el autor intenta demostrar que la bula Laudabiliter se expidió basada en informaciones sesgadas sobre la moralidad de los antiguos irlandeses, lo cual convierte en injusta la conquista inglesa de Irlanda a mediados del s. XII.

Aunque como historiador Felipe O’Sullivan es poco crítico, su obra tuvo una gran importancia en su momento y todavía hoy es una fuente primaria básica para conocer el punto de vista irlandés sobre los sucesos que les afectaron en los últimos años de la dinastía Tudor. Además, otras de sus obras (cuya lista y ediciones podeis ver aquí) intentaban refutar las afirmaciones sobre el pasado, las costumbres o el sistema político de Irlanda que habían hecho autores como Giraldus Cambrensis, Stanihurst o James Usher.

Una de estas obras, el Zoilomastix (1626) ha sido editado hace muy poco por la Universidad de Cork y constituye una interesante aportación de datos sobre la naturaleza y la geografía irlandesas.

DUELO A LA HORA DE MISA

Duelo a la hora de Misa, versión alatristesca

El jefe de la familia O’Sullivan Beara, que vivía en Madrid, había prestado dinero y confianza a un angloirlandés de nombre John Bathe que, al parecer, en cierta ocasión le faltó al respeto o tuvo una disputa con él por motivos económicos. John Bathe no era un desconocido en España, pues había trabajado en materias “altamente sensibles” en Irlanda y en la Corte mucho antes de 1618. Pero ya por entonces empezó a sospecharse de él en círculos irlandeses.

El Arzobispo Florence Conry (Flaithrí Ó Maolconaire), un personaje muy influyente del grupo de exiliados, escribió al Rey informándole de que era posible que dicho caballero, hábil y astuto, estuviese llevando a cabo acciones “de serio deservicio a Vuestra Majestad, a Dios y a mi nación”. La carta tiene fecha de Abril de 1618. En Mayo de aquel año el Consejo de Estado recomendó no confiar más en John Bathe, pero aún no se había tomado ninguna medida concreta contra él cuando Felipe O’Sullivan, en defensa de su pariente ofendido, se batió con él junto al convento de Santo Domingo de Madrid.

“Desde el principio del combate, Bathe estaba aterrorizado y daba grandes voces, constantemente cedía terreno y Felipe le hirió en la cara con un golpe y lo habría matado de no ser porque Edmund O’Moore y Gerald Mac Morris, que habían sido enviados por O’Sullivan, y dos caballeros españoles, lo protegían, y porque Felipe fue entonces arrestado por un oficial de justicia”

El relato del propio Felipe O’Sullivan se vuelve novelero como una escena de capa y espada (que lo es) cuando continua:

“Se juntó una turba de gente de todos lados y, entre otros, vino O’Sullivan Beare, que llevaba un rosario en la mano izquierda y los guantes en la derecha. John, al verlo desprevenido, que no se daba cuenta del peligro y que miraba hacia otro lado, se abrió paso entre la multitud y lo acuchilló por el hombro izquierdo y el cuello, matándolo. 

Felipe forcejeó con el oficial de la ley, se escapó y se escondió en casa del embajador de Francia, el Marqués de Seneccia. John fue puesto en prisión con su pariente Francis Bathe y con O’Driscoll, pariente de Felipe, que estaba presente en la pelea.”

El funeral por Dónal Cam O’Sullivan, que contaba 57 años, tuvo lugar en el mismo convento a día siguiente. Quien pagó los gastos del mismo fue ni más ni menos que Diego Brochero, el almirante que había llevado la flota española a Kinsale.

A mediados del siglo XVII se pierde la pista de Felipe O’Sullivan.

Parece que una carta dirigida al Marqués de Ormond indicaría que murió en 1660, dejando una hija adolescente y una hermana, recluída como monja en un monasterio.

En todo caso su obra, recuperada hoy día en papel y en virtual, queda como testimonio de tan interesante personaje.

♣  ♣  ♣

(1). Proposiçion de la conquista de Irlanda par Don Philippe Osullivan Sr. de Pinalba. (17me siècle). Ministère des affaires etrangères, Republique française MS 142, fol. 228-233. El ms. se encontraba entre los documentos de Estado del Antiguo Régimen cuando fue robado con otros y llevado a Francia, durante la invasión napoleónica.

LA ÚLTIMA ILUSTRACIÓN es obra del magnífico dibujante Joan Mundet (serie El Capitán Alatriste) que se puede ver en su web oficial: http://www.joanmundet.com/

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