Irlanda en la Edad de Oro (III)


(viene de aquí)

CRISTIANDAD HIBÉRNICA

No nos vamos a remontar a la introducción del cristianismo en Irlanda (s. V), que tiene sus propios problemas que merecerían otra serie. Aunque el peso de la misión de S. Patricio debió ser grande, parece que ni fue el primero ni el único.

Lo que sí sorprende es que tanto S. Patricio como sus predecesores eran llamados “obispos”, pero la organización básica de la iglesia irlandesa de los siglos de oro no era episcopal, sino monástica. ¿Se debía esto a la importancia del grupo familiar extenso y a las características propias de la familia irlandesa como base de la sociedad? ¿a la falta de urbanismo “clásico” —la estructura sobre la que se hacen los episcopados— en la isla?

Esta cuestión es bastante más importante que descubrir “ritos especiales” (que a veces son puras fantasías modernas) o creencias heréticas (ídem) en la cristiandad irlandesa histórica. ¿Fracasó una oleada de cristianización “clásica”? ¿y por qué? ¿debe a ese “fracaso” su peculiaridad?

A finales del s. VII el Cristianismo se había concretado en pequeños asentamientos monásticos, familiares, que deben poco a la organización “latina” o “griega” de los enclaves religiosos y poco, también, a reglas importadas de uno u otro mundo, aunque beban en ellas. Los irlandeses debieron recurrir a otras fórmulas para inspirarse: a los Padres de la Iglesia básicamente y, en parte, a sus propias costumbres.

Es falsear (o al menos disminuir) la Historia el decir que el Cristianismo en Irlanda se desarrolla en contra de algún “Cristianismo Oficial” impuesto desde Roma a golpe de reglas, decretos y dogmas. Sería mejor decir que es un Cristianismo que recurre a lo básico para afianzarse en un medio cultural extraño al mundo grecolatino, alejado de sus lenguas oficiales y de sus modos de extenderse (ciudades, grandes vías de comunicación, un sistema político imperial, centralizado y rico). Gracias a ese esfuerzo, lo de Irlanda se convirtió en algo totalmente original.

Del mismo modo, es erróneo decir que su originalidad se basaba en ritos distintos o en reglas propias. Aunque existían cosas propias, como veremos, las que se leen en los artículos sobre Irlanda al uso suelen ser las más “folklóricas” cuando no las más fantásticas: he escrito otras entradas sobre una de las prácticas peculiares del mundo cristiano irlandés  y espero que quedase claro que lo más importante es que existía variedad en ese “ritual” concreto, que en un mismo momento podían haber convivido varios “rituales” y que, ese en concreto se ha malinterpretado tanto su forma como su origen.

La única excepción es la tremenda “controversia sobre la Pascua”, que separó a los irlandeses -y encabezonó a algunos– de otros cristianos y, sobre todo, de sus propios discípulos de la isla de Britania. El asunto es suficientemente interesante para que en otro momento le dediquemos alguna entrada. Quien quiera informarse, de momento puede consultar la Catholic Encyclopedia en inglés, que tiene abundantísima información sobre el asunto. Eso sí: la controversia tampoco era un asunto exclusivamente irlandés y no se basaba en una “creencia” herética, sino en el uso de calendarios que no coincidían con los de otras partes de la Cristiandad.

La misma mezcla de elementos existe en otros aspectos del cristianismo irlandés, por ej. en la convivencia bajo una misma regla monástica de distintos niveles de compromiso con la misma, lo cual explicaría la presencia de monjes con plenos votos, medio—monjes con su mujer e hijos y casi monjes o gente del común que vivían en el mismo espacio.

La “catedral” de Clonmacnois desde el frente.

Históricamente, la formación y extensión de ritos unificados para grandes áreas de la Iglesia de Occidente fue un proceso que sucedió a lo largo de toda la Edad Media. Hasta muy avanzado el periodo medieval no asistimos a la consolidación de cosas que hoy nos parece habrían existido “siempre”, en cuanto a maneras de hacer (ritos), de mostrar las doctrinas (iconografía) y hasta de pensarlas (teología, dogma) [1].

Por fin, me parece que atribuir las peculiaridades a incorporaciones directas, soterradas o no, de elementos paganos y “druídicos”… es pura fantasía literaria. Incluso cuando los propios monjes irlandeses fundaran una larga tradición de fantasía literaria.

EL ESPACIO MONÁSTICO

El medio físico en el que se desarrolló la cultura irlandesa de la Edad de Oro no se parecía nada a los monasterios románicos, y posteriores, a los que estamos acostumbrados.

El hábitat irlandés de la Alta Edad Media seguía modelos de la Edad del Hierro o incluso anteriores: recintos fortificados en colinas, hábitats de familia extensa en tierra firme o en lagos, a base de casas de adobe y zarzo y techo de paja.

Un asentamiento de la Edad del Bronce: Mooghaun
Clochán en Skellig Michael

Las mejores casas eran de piedra seca, redondas o no, con techo de paja o a falsa cúpula de piedra (clochán). Los monasterios no escapan de estos modelos.

Plano del sitio actual de Clonmacnois

Pero, claro en ellos encontramos los elementos que lo hacen reconocible como un entorno sagrado: las cruces protectoras en los puntos cardinales; la iglesia y el cementerio; las habitaciones de los monjes, el escritorio y los “barrios” de los artesanos y dependientes del monasterio, separados unos de otros por muretes. Más tarde, ya en el siglo IX aparecerá la “casa de campanas” o torre (high tower, cloitech) y, en los casos en que el monasterio fuese grande y acogedor de numerosos visitantes, existirían también albergues para ellos.

Una vista del embarcadero de Clonmacnois reconstruido virtualmente

Los monasterios adoptaron funciones urbanas en un país sin ciudades, de ahí su creciente poder y riqueza en el contexto de la isla, sobre todo en el caso de los mejor situados, como Clonmacnois, Cashel o Armagh.

(Continuará)


[1]. En la exposición para Amigos del Románico en la que se basa este post hubo una conferencia estupenda sobre el desarrollo de la representación de la cruz. Sin necesidad de evocar cruces no cristianas, la imagen de la cruz y del crucificado ha sufrido cambios muy radicales en la Historia de la iconografía cristiana.

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