Cuestión de peluquería ( y 2)


Un icono moderno de S. Aidan con “tonsura irlandesa” equivocada… ¿o con calvicie?

Como vimos en la anterior entrega, la tonsura que llevaban los monjes irlandeses del siglo VII era una rareza que fue erradicada de Britania por los decretos de un Sínodo que tuvo lugar en el año 664, en lo que hoy es Whitby (Northumbria). La propia Irlanda se fue acomodando mal que bien a la nueva costumbre -“tonsura romana” a lo largo del s. VIII, como demuestran distintos documentos.
El texto latino de la carta de Ceolfrid que os colgué indica que, de acuerdo con esta fuente, no es posible inferir un “desflequillamiento” en la tonsura de los irlandeses. La visualización errónea de la frente despejada es sin embargo muy persistente, como se ve en la imagen de S. Columcille que puse y en la super-moderna de Dewi Sant en Westminster que enlacé.

¿Es un franciscano? Nooo, es un coqueto

 
Hay que recalcar que la calvicie masculina “normal” tiene un patrón de recesión que podría confundirse con “afeitados” más o menos rituales… De hecho algunos coquetos actuales se afeitan “al 0 o al -1” para disimular, lo cual no deja de ser otra moda… Pero las imágenes de santos y monjes que nos han llegado ni van a la moda ni son tan realistas como nos gustaría. La intención es representar símbolos, no personas de carne y hueso.

Por eso he colocado el icono moderno de S. Aidan, fundador de Lindisfarne: porque en la iconografía bizantina, o “bizantinoide” (si el estupendo pintor de iconos me lee, que me perdone) la simbología de la cabeza con la frente despejada significa sabiduría, la que otorga la experiencia, limpieza de mente y cercanía a lo divino del santo. Como normalmente se trata de varones, todos parecen en un estadio muy avanzado de alopecia. En realidad, lo que son es “sabios”, ancianos sabios.

Otro artículo moderno sobre el asunto es el de Daniel Mc Carthy (“On the shape of the insular tonsure“, Celtica 24: 140–167; Pdf). Las bases en las que apoya su propuesta no me parecen fuertes, pero sí que hace una buena disección de los textos que tiene a mano y extrae conclusiones interesantes.
Por ejemplo, extrae la conclusión correcta del texto de Catalogus Sanctorum Hiberniae (s. IX/X) en el que una artificiosa agrupación cronológica tripartita de santos irlandeses, marca las diferencias entre sí por distintas formas de tonsura:

El primer orden de los santos católicos era en el tiempo de Patricio (…) y llevaban una tonsura de oreja a oreja. El segundo orden (era el de) los presbíteros católicos, (llevaba) una tonsura de oreja a oreja. El tercer orden de los santos tenia diversas tonsuras, -pues mientras unos llevaban corona, otros llevaban cabellera.(1)

La conclusión menos comprometida que extrae Mc Carthy es que hubo un tiempo, cercano al momento en que escribe el autor del texto, en que convivieron varios tipos de tonsura: en eso, concuerda con otros textos. Uno de ellos es los Cánones Hibernenses (s. VIII).

El libro quincuagésimo segundo (el 52º) trata de los orígenes, la primacía de la “tonsura de Pedro”, la canónica del momento, las razones para llevarla y su significado en los tres niveles tradicionales, espiritual, sacerdotal y real. De la tonsura “británica”(2) trata el capítulo sexto de este libro y a éste se le añade un canon que indica que los clérigos que no lleven la tonsura romana deberán ser excomulgados. Este sería el momento en el que convivirían varios tipos de tonsura.
Mc Carthy ofrece el latinajo junto con una traducción al inglés de los pasajes relevantes, así que esta vez al tirarme a la piscina me pongo el flotador del inglés:

  • De las cinco razones por las cuales se debe aceptar la tonsura de Pedro (…) La quinta, para que la tonsura de los cristianos se distinga de la de Simon el Mago, en la cual se corta (el pelo) de oreja a oreja y la frente afeitada, aunque antes los magos llevaban flequillo en la frente (in fronte cirrum habebant).
  • Los romanos dicen que la tonsura de los británicos tuvo su origen en la de Simón el Mago, la cual llegaba casi de oreja a oreja; pero para ir más allá de la tonsura de los magos, en ésta (la “británica”) el frente de la cabeza suele ir cubierto. El sabio discurso de Patricio indica que fue el porquerizo del rey Loegaire mac Neill quien suministró el origen de esta tonsura, del cual casi todos los irlandeses la han tomado.

Lo mejor es que el texto señala que, adrede, para no llevar la misma tonsura que los “magos”, los cristianos británicos se dejaban el pelo de la frente sin afeitar ni cortar. Volvemos, pues, a tener constatación documental de que no existía tal cosa como un rapado de oreja a oreja con la frente descubierta.
Por cierto que Mc Carthy también discute el punto de vista de pelo largo por detrás, adoptado por Dowden según Mabillon y otros, y considera que no se sostiene. Me parece que en esa cuestión las reglas no eran tan claras y existió cierta evolución hasta que aparecieron formas muy codificadas, ya en los últimos siglos de la Edad Media, que son las que más representa la iconografía (por ej. las que recogía la Wiki, renacentista mayormente… ya no la recoge, gash! Cosas de la recalificación de categorías).

La imagen de la tonsura propuesta por Mc Carthy es una proposición francamente extraña: se basa más en la geometría que en la estética y en, quizá, alguna intuición genial.
Supone una forma triangular isósceles (en letra “delta”Δ) con dos vértices en las orejas y el otro en la frente, justo en la línea (vertical) del entrecejo, de forma que la “apariencia de corona” de la frente funcionaría sólo si se considera desde un punto de vista relativamente bajo.

Por detrás, Mc Carthy postula una rebaja sensible de la banda de cabello que va de oreja a oreja, pues la señala tan por debajo de la coronilla que es difícil hacerse una idea, ya que además censura el “pelo largo por detrás” que cree Dowden; me pregunto: ¿sería menos triangular la forma si la línea pasara por la coronilla y dejara el pelo “largo”?

Con pruebas que yo misma he hecho a base de dibujos sobre modelos fotográficos (re-dibujados a línea y rellenos de color), la cosa se pone complicada. El triángulo isósceles que propone Mc Carthy es difícil de transportar a la curva de la bóveda craneal y el resultado no es menos feo que el de su reconstrucción digital.
Lo que me parece es que solo con una abundantísima mata de pelo sería posible ver “algo parecido a una corona” delantera con esta solución. En esto, Mc Carthy acierta (cabecitas C y D).
Pero “en cuanto nos acercamos a la nuca…”, la propuesta se despega de las fuentes primarias, porque… ¡rayos, sigue pareciendo una corona!(A). No hay truncamiento visual en la curva sobre el cráneo que forman los lados largos del triángulo, a menos que, efectivamente, existiera un corte del pelo, un afeitado, encima de ls orejas.

Hecho con modelos robados y ArtRage (óleo, cera, tiza, tintas y stickers digitales)

Lo curioso es lo que sucede cuando la coronilla queda cubierta con pelo (B), es decir, cuando la línea “de oreja a oreja” pasa por el punto más alto del cráneo, ¡pero es que esa propuesta es prácticamente la misma que la de Dowden! O sea, lo del viejo dicho castellano: “para ese viaje, no necesitamos alforjas”.

Desde luego, puedo haberme equivocado en mis dibujines y deducciones. Tentada estoy de pasarme por un peluquero y pedirle alguna cabeza para hacer prácticas de tonsor… Pero me parece que la hipótesis Mc Carthy tiene una parte muy interesante (de la que no voy a hablar ahora) pero contiene algo que no cuadra.

Además, sus fundamentos en la iconografía dejan mucho que desear. Y es que supone que el flequillo ondulante que se ve en algunas imágenes artísticas irlandesas (Libros de Durrow, Kells, Lichfield y Dimma) es el que debería verse en la cabeza de los monjes hibérnicos… y que los adornos a veces triangulares, que se ven en halos, ropajes y otros adyacentes de algunas imágenes de evangelistas, son indicaciones de la “tonsura en delta”.

wikimedia commons

Lo aventurado de la suposición yace en que algo que ni siquiera se atisba en las imágenes propuestas, sino que estaría aludido por medio de símbolos abstractos, se toma como una realidad. ¿Sabemos qué significan esos puntitos y esos “rayos” en V que salen de los halos? No creo que sea posible hilar tan fino en iconografía o simbolismo. También podrían significar, no sé, jaculatorias del iluminador según iba dibujando a un ser divino (In nomine Patris, et Filiis…) para protegerse de los demonios que hay en la tinta, ya que jaculatorias de este tipo no faltan en las márgenes de muchos libros irlandeses, religiosos o no…

Mc Carthy también aduce como prueba literaria que la denominación “cabeza de hacha” (ascicaput) que los paganos irlandeses dieron a Patricio y los suyos (Según la Vita Sancti Patricii de Muirchu, s. VII/VIII) indica un clareo en el pelo de la cabeza que de alguna forma recordaba la hoja de un hacha. Un nombre muy “freudiano”, pues recordemos que fue puesto a los cristianos por los druidas; en todo caso, concuerda muchísimo mejor con la imagen propuesta por Dowden que con la que propone este autor.
Porque una, que piensa con mala uva, cree que esa denominación -si se refería a una tonsura o algo así y no significa cualquier otra cosa en el contexto literario en el que aparece (yo diría que se trata de un ejercicio de “ipsísima verba”: un poema de forma pretenciosamente anticuada, oscura adrede, empastado en una narración lineal)- podría indicar más bien “cabeza con un hachazo”… ¡La “apariencia” vista de lado de la tonsura semicircular con flequillo que propone Dowden!

Hay todavía más aspectos interesantes en el asunto de la tonsura irlandesa, que dejaremos de momento. Llevo más de dos semanas liada con este tema y no quiero darle más vueltas. Más adelante, me gustaría examinar algunas razones por las que Mac Carthy podría haber tenido una intuición genial, aunque no la explique ni fundamente bien. También merecería la pena analizar un hecho fundamental: lo mal que se defendían los irlandeses de quienes les acusaban de llevar una tonsura no cristiana.

En fin, este es un tema divertido de historia hiberno-medieval, que he querido traer a Mujerárbol como resultado colateral de la preparación de esta charla que tendré el honor de compartir con Fernando Labad y Milagros Guardia el próximo sabado 26.
El que quiera y pueda, ya sabe… Mientras tanto, podeis divertiros con la forma de ver la tonsura que tienen mis monjes, los amigos de Tudu, la becerra tudanca.

ACTUALIZACION: Una traducción muchísimo mejor que la mía del texto de la carta de Ceolfrid me ha sido proporcionada por la Dra. Alicia Canto, de la UAM, quien además ha tenido la amabilidad de restablecer el enlace de la Wiki en inglés al artículo de Dowden, que ahora se puede encontrar aquí
La traducción es la siguiente: 
“Ésta, en efecto, por delante, en la superficie de la frente, parece a primera vista una especie de corona; pero cuando vas a comprobar en la nuca ves que la corona que te parecía ver está cortada; gracias a ello sabrás que tal moda (hábito) es propia de los Simoníacos, y no de los Cristianos”.

—— (1): Mc Carthy traduce “caesariem” por “the cut”. En mi diccionario latino de hace más de 30 años caesaries -ei= cabellera, pero es un diccionario de latín clásico. Siendo “cut” un término tan vago en inglés, no entiendo por qué Mc Carthy no se atreve a proponerlo en su imagen. Con este descuido, abona la imagen de Dowden, que sí lleva un corte encima de cada oreja.

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