El estado de la nación bananera


Creo que debe ser la primera vez que Mujerárbol se pone abiertamente “política”.
Pero es que me da mucha rabia, porque he participado (aunque sea en un 0’001%) en esta historia y porque veo que es cierto lo que se denuncia en esta noticia.
Y se denuncia que “le llaman democracia y no lo es”, pero no por nada sino porque sin previo aviso ni pizca de información pública (¿lo sabíais vosotros hace dos días? ¿lo sabe la señora del 5º, esa que ve el telediario además del “de luxe” y que tiene el mismo derecho, aunque no le interese? ¿cuantos de los que vayan a votar el día 20 del mes que viene lo sabrán todavía a esas alturas?) se cambió la Ley Orgánica del Régimen Electoral (LOREG) imponiendo condiciones draconianas a los pequeños partidos para poderse presentar a las elecciones. El queso, enterito, pa’ los ratones gordos.
Y, después, se ha vulnerado el derecho de sufragio ¡por parte de quienes debían de velar por el!

Semejante actitud es como para declararse “indignado”, en un país donde aparentemente “nadie se preocupa de la política” y muchos apenas tienen otro contacto con ella que votar cada cuatro años. Pero es que, ¡oiga! es que los que deberían de preocuparse por mantenerla limpia son los que más la ensucian, como para pasar por en medio…
Sucede una cosa muy parecida en el tema de la enseñanza, pero de eso prometí no volver a hablar hace varios años. Se lo pregunta el autor del artículo enlazado y es aplicable:

¿Qué podemos esperar de un país donde las leyes, incluso con el rango de
orgánicas, se incumplen a plena luz del día sin que los poderes
públicos muevan un dedo para evitarlo o incluso con la complicidad y el
apoyo de determinadas administraciones?

Pues… lo propio de las “repúblicas bananeras”.

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