El Evangelio de Lindau


El otro día fui a comprar un regalo y me encontré con que una empresa de material de escritorio de casi-lujo tiene a la venta unos cuadernos de notas y agenditas que, entre otras preciosidades de diseño, reproducían esta cubierta de libro:

Cubierta trasera del Evangelio de Lindau

La decoración de entrelazos plateados que rellena los cuarterones de la cruz, ¿os suena a algo?
Exacto, a Irlanda.

Se trata de los evangelios de Lindau que se hicieron en la Alta Edad Media en algún lugar del Sur de Alemania, o bien en la propia abadía de San Gall, fundada por uno de los compañeros del viaje del misionero irlandés San Columbano.

Estos misioneros fundaron algunos de los monasterios más brillantes de la época de Carlomagno, que persistieron durante los reinados de sus descendientes, en muchos casos hasta que entró en territorio alemán la regla Benedictina y, aún bajo esta, hasta la Reforma Protestante.

Una congregación de canónigas de la nobleza, llamada “Nuestra Señora Bajo los Tilos” (¡hermoso nombre!) era la que en el s. XVI poseía el libro. Al ser seculariazado el convento en el s. XIX, la joya quedó en manos de descendientes de la última abadesa, de quien pasó hasta Nueva York a principios del s. XX, donde fue adquirido por los creadores de la Biblioteca Pierpont Morgan, donde hoy se encuentra.

Cubierta delantera

La cubierta frontal es una de las obras cumbre de la Escuela Cortesana de Carlos el Calvo, un nieto de Carlomagno que se rodeó de los mejores filósofos, artistas y maestros de su tiempo (segunda mitad del s. IX). Muestra una fina representación de Cristo crcificado en relieve de oro y un despliegue espectacular de piedras preciosas.

Sin embargo, la cubierta posterior del libro es la que ha hecho correr más tinta, precisamente por su mezcla de elementos hibérnicos con carolingios e italianos. Como veis, el motivo decorativo principal es una cruz, en cuyo centro hay un topacio y 4 pequeños bustos de Cristo en relieve esmaltado, con una inscripción. entre los brazos de la cruz están los paneles, de plata dorada, con entrelazos de animales fantásticos.
En las esquinas hay 4 relieves de los evangelistas que fueron añadidos en el s. XVI.
Lo mejor es que veais la cubierta de Lindau por vosotros mismos en este enlace, que permite ampliar mucho la imagen para apreciar mejor los detalles del trabajo de los artistas.

Una página de inicio del evangelio de Lindau

El Evangelio de Lindau posee varias páginas iluminadas con algunos elementos decorativos de raíz hibérnica, como las letras capitales decoradas con entrelazos o las páginas tapiz -aunque el estilo de éstas es lo menos hibérnico de todo-, si bien el manuscrito tiene muchísimo menos interés que las cubiertas y está incompleto.

La hipótesis que manejan los investigadores es que ambas cubiertas pertenecían a otro manuscrito, desconocido. Lo cierto es que la mezcla de elementos carolingios -los esmaltes, las piedras preciosas, las 4 pequeñas representaciónes de Cristo con nimbo en el centro de la cruz- con elementos “insulares” -es decir, los paneles de entrelazos- es chocante.
Aunque la mezcla puede encuadrarse en el estilo “hiberno-sajón” o “insular” tiene muchos elementos que se distancian de lo mejor de ese arte, sobre todo de su lado más “hiberno”, cuyo arquetipo podrían ser los Evangelios de Lindisfarne o el Libro del Kells (en cuanto a manuscritos iluminados) o las filigranas del Caliz de Ardagh en cuanto a trabajo sobre metal y esmaltados, de la misma época que la cubierta de Lindau.

La cubierta inferior del evangeliario de Lindau es una delicia hibérnica que demuestra la gran influencia que los irlandeses de la Edad de Oro (s. VII al IX) ejercieron por Europa.
Al mezclarse y recrear  el estilo carolingio, el influjo irlandés pudo conservarse en Centroeuropa hasta la aparición del Arte Románico, en cuyo colorido, decoración y maestría artística tuvo también su aportación.





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