Invierno


Flickr CC: Galway

El frío me pilla con los biorritmos cambiados.
No, no es que no me guste o me haga mal: es que llevo un par de meses que no sé donde tengo los días ni las noches. Unas veces me despierto a horas infames (después de las 9 a.m. es infame) y otras me caigo de la cama a horas indecentes (pueden ser las 7 ó las 6 de la mañana).
Normalmente, no tengo sueño a las horas en las que se va a la cama la gente normal, Pueden darme las tres, o más. Anoche nevaba y no podía pegar ojo: un ratito de contar respiraciones me quitó el insomnio, pero a veces ni el Zen funciona…
Me imagino que es la poca actividad: una tendinitis en el pie/la rodilla me tienen aburrida y con una patita estirada. Menos mas que hay lectura: encima de la mesa están los Vuelos de Altarís del amigo Duncan, el vecino “hondureño”; un especial sobre la guerra en la Céltica Antigua; el NatGeo de este mes… y acabo de terminarme la terrible (y dulce) La noche de los tiempos de Muñoz Molina y La mirada del Bosque, de otro vecino.
El viernes decidí no hacerle caso a nada y me fui andando a la estación.

Flickr CC: Dublín

Está siendo duro el inicio del invierno en Europa; el enfriamiento del calentamiento, debe de ser. Me rio de los peces de colores.
Estas maravillosas fotos de Irlanda lo corroboran. Lo cual me recuerda que yo también viví un par de nevadas en mis tiempos allá. Una memorable, después de todo un día sin enterarme de nada en la biblioteca del edificio de Arts-UCD. Cuando bajé a la calle y ví el panorama casi me da un pasmo, ¡menos mal que el coche que tenía era ruso! ¡Ay, aquel Lane Lot, todavía sin asfaltar y sin luces!
Este año las nieves han llegado demasiado pronto. Pero me gusta esa luz del invierno, tan limpia como fría, tan breve.
Será por eso, por la limpieza.

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