Todo azul


Cierto día, estaba la madre de Ciarán tiñendo de azul unas piezas de ropa, cuando el chiquillo irrumpió en la casa.
Como traía mala suerte que hubiera varones dentro de la habitación cuando se estaba tiñendo ropa, la mujer lo expulsó a cajas destempladas.
Enfadado, Ciarán dijo “¡Asi le salga una raya gris a todo lo que pongas en la tina!”
Y, ¡tate! toda la ropa que entraba en la tina, salía de ella con una raya gris en medio.
La madre, maliciándose que el chiquillo tenía la culpa, volvió a preparar el tinte y le rogó que no hiciera nada que estropease la tintura. Pero al parecer, Ciarán no estaba aún contento: maldijo el tinte para que saliera blanco y la ropa toda quedó tan blanca como la cuajada.
-¡No me estropees más el tinte! -exigió la madre-. Bendícemelo, así tendré la seguridad de que mi trabajo no será en vano.
Así lo hizo Ciarán, y esta vez el azul salió perfecto, la ropa de la gente de casa estaba del azul más conseguido que jamás se había visto en el distrito del Cenel Fiathach.
Pero a partir de ese día, todo lo que entraba en contacto con aquella tina de teñir, se volvía también azul: los perros que merodeaban, los gatos que se echaban a dormir al lado, los suelos del taller en el que se dejaba y hasta los árboles se teñían, invariablemente, de azul.




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Este relato ha sido adaptado de el recogido en varias hagiografías del santo irlandés de hoy (9 Septiembre), San Ciarán de Clonmacnois, 

cuya imagen he sacado de este (delicioso) blog de “Brígit”
El zorrito y el ciervo también forman parte de la hagiografía del santo, como puede verse en esta traducción de una de las versiones (by R.A.S. MacAlister, 1921).

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