Antigüedad y novedades en Skellig Michael


Skellig Michael by Maureen

El descubrimiento en Skellig Michael de restos de un “fuerte de colina”, de más celdas monásticas y de varios tramos más escalinatas que enlazan con las que todavía hoy se usan, plantea la existencia de asentamientos muy antiguos en este islote del Kerry, al que los monjes del s. VII dieron nombre. Un nombre que nos recuerda la dedicación al Jefe de las Milicias Celestes, San Miguel, de las montañas aisladas entre Este Mundo y el Otro.

ringofkerrytourism.com


Sceilig Mhichíl es un impresionante recordatorio de lo que fue el monasticismo eremítico irlandés, el estilo que algunos han llamado “Cristianismo heroico”.

Desde el punto de vista de las condiciones del emplazamiento, heroico sí que era: ver aquí unas magníficas fotos del Patrimonio de la UNESCO para hacerse una idea y aquí un video reciente en el que vemos las condiciones de la subida (en un día de sol) hasta la terraza principal del monasterio.

San Miguel o Gran Skellig, es un abrupto islote en medio de un mar con todas las borrascas encima, en el territorio más antiguo de la antigua Irlanda, el de los Ciarraí (act. Kerry). A unos 12 km. de la costa, posee la orografía más estupenda del mundo para la vida contemplativa y el aislamiento, pero con pocas oportunidades para la lírica. 
El acceso principal, una vez alcanzado el estrecho rincón donde pueden atracar los botes, es una subida de vértigo por unas escaleritas a base de lajas de piedra y de tallas en la roca, ideales para partirse el cráneo al primer resbalón.

En la parte principal el emplazamiento ya se conocían varias celdas monásticas construidas a piedra seca y falsa cúpula que siguen una técnica ancestral, parecidas a iglús con “trabas” o lajas que sobresalen para dar fuerza a la pared, abrir vanos y facilitar reparaciones. Por encima de este emplazamiento se exploraron recientemente otras celdas aún más aisladas, pero la dificultad de su ascenso impide su visita sin utilizar medios de escalada. 

Arriba a la izquierda se pueden observar los huecos de entrada a otras cabañas monásticas. (Enlace)


Dotado con estos medios, el arqueólogo Michael Gibbons ha explorado otros tiros de escalera que se hallan a la vista —pero no al acceso— en distintos puntos del lado norte y sur de la isla, así como diferentes ramas de los escalones que se ven al este. Aunque se mezclan con escalones más modernos, relacionados con los últimos habitantes del islote (fareros que lo ocuparon desde el s. XIX hasta nuestros días) existen huellas de mucha antigüedad en estos nuevos hallazgos: cruces grabadas y restos de celdas, así como los restos de un fuerte por encima del monasterio que se visita actualmente. Este fuerte pudo formar parte de una red de ciudadelas que se encuentraa lo largo de la Península de Dingle y en las islas Blasket, que puede datar de fechas muy anteriores al establecimiento del monasterio. 


Para Gibbons, en el siglo VIII y a la vista de las incursiones vikingas, los monjes se trasladarían a esta “ciudadela”, hasta que el XI abandonaron definitivamente el islote para establecerse en tierra firme.

En este mundo traidor en que se practican deportes arriesgados bajo máxima seguridad, los accidentes que han tenido lugar en Skellig Michael han obligado al organismo estatal que gestiona el monumento (OPW) a tomar medidas, ampliamente criticadas.
La masificación nos trae a estos lodos, favoreciendo reconstrucciones excesivas y “medidas de seguridad” que no pueden ser aplicadas sin desvirtuar el carácter del sitio. ¿Conflicto entre el turismo y la conservación?

A mi me parece más bien un conflicto entre nuestro deseo de ser heroicos y místicos de fin de semana y nuestra capacidad para hacerlo a tiempo completo, como nuestros antepasados. 

Salimos de vacaciones en busca de lo que creemos necesitar, para encontrarlo al volver a casa.



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