Una escritura por las ramas


A mí, que voy por ahí besuqueando árboles, me llama la atención que exista un alfabeto histórico que se fundamenta en los nombres y características de nuestros hermanos vegetales.

El que ese alfabeto sea de origen irlandés, o al menos esté muy relacionado con la antigua Irlanda, no es más que una forma de cerrar el círculo. 
Algunos dan a la asociación un significado místico y esotérico; otros nos dejamos llevar por los juegos de palabras y nos interesa más el significado que históricamente se le dio a ese sistema de escritura que se llamaba ogam.


Los nombres de las letras irlandesas, al menos hasta 1958, eran nombres de árboles, como a: olmo (ailm); b: abedul (beith); c: avellano (coll) y así. 
Después se optó por una denominación fonética de cada letra. Así a: [a]; b: [be]; c [ke], etcétera.

Alfabeto irlandés en letra geélica (arriba) y modernizada (abajo) con su pronunciación figurada



¿De dónde procede esta tradición acerca de un “alfabeto de árboles”?

La realidad histórica es que existió un alfabeto epigráfico llamado ogham, que se empleaba en las Islas Británicas para escribir inscripciones cortas entre los siglos V y VI de Nuestra Era. Estas inscripciones se encuentran generalmente sobre las aristas de piedras conmemorativas de caracter funerario y constan de nombres propios y unos pocos nexos. Aquí se pueden ver muchas de ellas, aunque hay que aclarar que para ver las transcripción en este alfabeto hace falta un juego de caracteres suministrado por el propio TITUS, aunque es posible ver la transcripción en alfabeto latino.

Estas son las que Damian Mc Manus  llama “inscripciones ortodoxas”.

Pero existen también  las “inscripciones escolásticas”, que aparecen después del siglo VI y hasta nuestros días. Éstas se basan en fuentes manuscritas que explican las características poéticas de este sistema alfabético, por medio de creativas asociaciones de ideas o imágenes. 
Algunas inscripciones “escolásticas” aparecen en pergamino, formando parte de manuscritos; también las hay sobre piedra, como las que han aparecido en el cementerio de Clonmacnois, donde curiosamente siguen teniendo función conmemorativa y donde  a menudo combinan alfabeto latino y sistema ogam.

La principal diferencia con el sistema “ortodoxo” es que en vez de en la arista de las piedras, lo que sirve de soporte a los trazos es una línea recta, vertical u horizontal. 
Para que podais distinguir unas de otras, echar una ojeada a este sitio.


El más clásico de todos los estudios sobre este sistema fue el de R.A.S. Macalister, creador del enorme Corpus de inscripciones de las Islas Británicas (CIIC), quien propugnaba un origen prehistórico (en la Edad del Hierro) y europeo continental de esta escritura. 
Otros, como James Carney, sugerían que se trataba de alguna forma cifrada de lenguaje —en esto recogían la insinuación de Macalister de que podría ser un lenguaje “hablado” con las manos, a la manera de la lengua de signos para sordomudos— que se basaba en el alfabeto latino y que se habría desarrollado a patir de la conquista Romana de Britania. 
El poeta Robert Graves fue uno de los primeros interesados en el asunto, y su libro La Diosa Blanca es una siendo una fuente de inspiración en el tema. Graves postulaba un origen prehistórico y Mediterráneo oriental de este alfabeto, en contradicción con los especialistas académicos en la materia. Pero Graves no era historiador ni arqueólogo: sus aportaciones pueden, pues, encuadrarse en el escolasticismo ogámico. 
Los investigadores modernos creen que el origen es más tardío y lo ponen en contacto con los primeros cristianos de las Islas, en el siglo V de Nuestra Era. A partir de deducciones relativas al estado fonológico del Primitivo Irlandés, concluyen que no se trata de un alfabeto que refleje un estado arcaico de este idioma, sino que constituye un testimonio de las primeras fases del Irlandés Antiguo (es decir, del siglo IX—X DC) y que incluye sonidos y características fónicas propias de sus fases más modernas. 


La cuestión por la que traigo aquí toda esta barahúnda de piedras y rayitas es la asociación de las letras del ogam con árboles y arbustos. 
Para los académicos, la asociación es una consecuencia del desarrollo manuscrito posterior, “escolástico”, poético y medieval, del ogam y de sus explicaciones, como puede verse aquí (inglés). Es decir, se trataría de una invención de los erudtos literarios de la Edad de Oro.

Sin embargo, para otros es el fundamento que sirve para deducir el origen de dicho sistema de escritura, ya que las 21 especies forestales nombradas en el sistema parecen más  nativas del Mediterráneo y de la Europa Central que como propias del Norte del continente.

(Continuará)





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