Este post se publicó en la vieja Mujerárbol en 2009. Lo re-actualizo porque viene al caso y porque las imágenes y algunos enaces del viejo se habían estropeado.
Crannóg es una palabra gaélica que significa “una armazón de madera”, como una caja o una cesta. En la jerga arqueológica, identifica un lugar de habitación construído sobre las aguas más o menos someras de los lagos en las Islas Británicas.
Este tipo de vivienda se construyó, utilizó y re-utilizó en Irlanda y Escocia desde la Edad del Bronce hasta el s. XVII de nuestra Era. Parece que en País de Gales también se conocieron, aunque actualmente solo hay uno bien documentado. Otros tipos de habitaciones lacustres que existieron en la Edad del Hierro británica, o en otras épocas arqueológicas y en otras partes de Europa no deben deben llamarse “crannógs”, aunque hay grandes similitudes técnicas.

Palafitos neolíticos en el sitio de Chalain, Francia
Estos islotes artificiales tienen forma generalmente redondeada y servían para acomodar a familias extensas -recordad que “familia extensa” para historiadores y arqueólogos es una agrupación familiar que comprende varias generaciones bajo un mismo techo. Con el tiempo, albergaron también monasterios y aldeas que, como ya dije, en algunos casos subsistieron hasta bien entrada la Edad Moderna.
Sus restos actuales se ven cerca de las orillas de los lagos, normalmente cubiertos por vegetación, incluso por árboles
de buen porte. Islotes redondeados en los lagos irlandeses tienen potencial arqueológico, pues pueden ser crannógs medievales e incluir estratos prehistóricos.
El motivo principal de su construcción parece defensivo, aunque el tamaño de la mayoría puede incluir otros motivos, no tan aparentes.
Lo interesante es que estas casas no siempre son habitaciones “pobres” -como nos parecería obvio-, sino que muchos de los que han podido ser excavadas, por su amplitud y materiales indican haber sido sitios ricos y poderosos.
El crannóg excavado en el Lago Tay en Escocia, parece haber sido construido encima de una plataforma sobre pilotes firmemente encajados en el fondo del lago. Así es como han realizado su reconstrucción moderna.
Otros se construían directamente sobre el fondo en una zona de agua baja, aprovechando algún afloramiento del suelo, o a partir de alguna roca o islote natural. A los pilotes principales -cuya parte superior formaría una empalizada alrededor de la habitación-, se añadían cerramientos de zarzo, que podía ir protegido con adobe y luego se rellenaba y compactaba el suelo mediante piedras, arcilla, ramas y troncos, formando un islote artificial propiamente dicho.
Muchos están comunicados con tierra firme mediante un camino de madera; pero a otros solamente se podía llegar mediante canoas o botes. Precisamente en Escocia se han descubierto restos de las canoas utilizadas y se han reconstruido algunas para comprobar su eficiencia. Como podéis ver en la página de los crannógs escoceses, el experimento ha tenido éxito.
Es el crannóg galés de Llangors el que nos indica cuáles podrían ser los motivos de construir un lugar de habitación en un lago. Según cuenta La Crónica Anglosajona, una fortaleza galesa construida sobre roca en Brecenanmere fue destruida en el año 916 CE por la reina sajona Aethelflaed de Mercia, que se llevó de allí a la esposa de un poderoso rey galés.
El sitio, llamado en galés Llyn Saffadan, ha sido descubierto por los arqueólogos, que lo llaman “El crannog de Llangors“, yacimiento en el que se han encontrado restos de su antiguo esplendor como por ejemplo de materiales de prestigio y ricos textiles, entre otras cosas. Distintas tradiciones escritas en la Edad Media así como tradiciones orales, indican que en su momento fue un lugar habitado por gran número de gente que se beneficiaba de la bondad agrícola del terreno circundante, además de los productos de pesca.
Según se dice, el lago “poseía virtudes proféticas” y, en definitiva, se contemplaba como un lugar a medio camino entre este mundo y El Otro.
Así pues, es posible que uno de los motivos para la construcción de estas habitaciones lacustres fura el ritual: lugares “que flotan” en los límites del mundo visible. El agua, elemento fluído que cambia de color, de forma y hasta de consistencia (hielo, niebla) era visto por nuestros antepasados como un elemento natural de separación entre lo visible y lo invisible. Mientras, las casas en tierra firme, como las ciudades, necesitan de un elemento artificial que las separe/proteja del mal: la cerca, la muralla.
La búsqueda de crannógs se encuentra hoy muy facilitada por el uso de la fotografía aérea y por el desarrollo de unidades de buceo especializado en arqueología. Cambios climáticos y fenómenos de depósito alteran las orillas de los lagos, de forma que lo que hace dos mil años estaba más cerca de la orilla, ahora queda más lejos, o por el contrario, la colmatación del lago por depósitos convierte lo que antes era agua en terreno (casi) seco. En distintos lugares de Escocia e Irlanda se han reconstruído crannógs para que los que gusten podamos visitarlos y aprender cosas sobre ellos.
El que mejor recuerdo me trae es el de Craggaunowen, en el Condado de Clare, el primero que conocí, que he visitado varias veces y al que he visto pasar por temporadas más o menos húmedas, que lo “acercan” o alejan de la orilla según el nivel del lago crece o decrece (levemente, como para empantanar el camino de madera).
De momento parece que el Proyecto Craggaunowen no vive uno de sus mejores momentos (a juzgar por la cantidad de enlaces rotos desde que se escribió este artículo, en 2009) pero aún es visitable a través de Shannon Heritage.


